Las batallas mentales que ganó Rory McIlroy para ser hoy un golfista mucho más grande

El festejo de McIlroy cuando conquistó The Tour Championship y ganó la FedEx
El festejo de McIlroy cuando conquistó The Tour Championship y ganó la FedEx Fuente: AFP
Gastón Saiz
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27 de agosto de 2019  • 23:59

Detrás de esa millonada que ganó Rory McIroy por su triunfo en la FedEx Cup hay una maduración como jugador que lo convierte en el golfista más exitoso de esta década, más allá de sus altibajos en algunas temporadas. La recompensa de 15 millones de dólares hipnotiza, pero además se relanzó con un trabajo mental muy bien pergeñado que le dio sus frutos en la cancha. Al final, su cerebro es la verdadera máquina de hacer dinero.

Para un jugador, uno de los desafíos más difíciles es relativizar los buenos y los malos momentos que se viven durante cada vuelta de un certamen. ¿Cómo quitarse en el siguiente hoyo la frustración de un doble bogey o bajar la euforia de un águila? Lo cierto es que el norirlandés de 30 años supo colocar los pensamientos en un congelador, aunque sin perder la ambición en cada tiro ni la pasión por el juego. Su lenguaje corporal en los últimos tiempos fue elocuente: festejos medidos en la victoria y paz interior de un buda cuando la pelota esquivó el hoyo.

La mirada concentrada de Rory en el green
La mirada concentrada de Rory en el green Fuente: AFP

McIlroy es de esos alumnos que llega a clase con la lección bien estudiada. Si se traduce la metáfora colegial al golf, asume las semanas de torneo solo en modo competitivo y no con el propósito de seguir ajustando detalles. Es decir que cuando asoma en el tee de salida del hoyo 1, todo el trabajo técnico ya está finiquitado y probado. Lo que se dice, el diseño anticipado de un proyecto para no caer en improvisaciones ni experimentos raros a la hora de la verdad.

"Tracé un plan a principio del año según el cual no debía concentrarme o preocuparme del swing durante las semanas en las que estoy compitiendo. Intento hacer todo el trabajo con mi entrenador, Michael Bannon, en otras semanas. Creo que la tarea tiene que estar hecha antes de que arranque la semana del torneo. Y una vez que estás ahí, ir con lo que tenés", comenta el nuevo N° 2 del mundo, que entiende que hay suficiente espacio para los períodos específicos de entrenamiento y prácticas a conciencia, para después volcar lo asimilado en la cancha.

Su éxito en The Tour Championship, que le valió en Atlanta la obtención de la FedEx Cup, fue el reflejo más cabal de esta idea madre, que por supuesto viene acompañada de su talento innato y de sus brillantes conquistas previas, como sus cuatro majors (dos PGA Championship, un US Open y un Abierto Británico) y su total de 17 títulos solo en los Estados Unidos. Esta vez, tuvo ese segundo de calma que se necesita para no fijar su atención en la fortuna de los 15 millones de dólares, sino en el proceso. "La clave es pensar qué tengo que hacer ahora y qué necesito exactamente para alcanzar el objetivo final", se dijo así mismo, para luego comentárselo al mundo en la última conferencia de prensa.

Aquel "paso a paso" tan remanido en nuestro fútbol es el método que utilizó Rory para transformarse en el gran ganador de la temporada 2018/2019 del PGA Tour. Su fórmula se basó en plantearse objetivos pequeños, para dar finalmente con la presa mayor. Se orientó en lo básico, en lo más rudimentario del golf, como indica el reglamento: acumular la menor cantidad de golpes posibles en cada vuelta sin verse encandilado por el brillo del trofeo de la FedEx, hasta hoy más asociada con los dólares que con la gloria. Y supo ganar cada una de sus batallas mentales, por menores que fueran.

El swing del norirlandés, que concluyó primero en la estadística del score por vuelta
El swing del norirlandés, que concluyó primero en la estadística del score por vuelta Fuente: AFP

Dentro de esta serie de metas concretas, al norilandés le dieron vueltas por la cabeza algunos números que él consideró importantes para cumplir a nivel anual. El PGA Tour está colmado de estadísticas, y el campeón le dio mucho énfasis al ítem del promedio de golpes (scoring average). En el total de la temporada, consiguió figurar al tope de este listado con un promedio de 69,057 por vuelta. Así, justo en el último torneo del calendario logró arrebatarle el primer lugar en este rubro a Patrick Cantlay, segundo con 69,306. ¿En dónde quedó Emiliano Grillo en esta estadística? Culminó en el puesto 71°, con un promedio de 70,814. "Para mí, la media de golpes dice mucho, es importante y quería ganarla. Es otro de esos factores que dicen que estás donde necesitás para ganar en pos de lograr otros objetivos", comentó McIlroy.

Una sacada del norirlandés desde el búnker
Una sacada del norirlandés desde el búnker Fuente: AFP

Más cifras. Como los "strokes gained", la medida total de golpes ganada respecto del resto de los participantes del torneo. Valga un ejemplo para que se comprenda mejor este ítem: un jugador ganará tres golpes en el campo si firmara 69 golpes en un día en que el field de jugadores promediara los 72. Caso contrario: si un golfista empleara 74 en esa misma jornada, perdería dos golpes en el campo. Para Rory, estos índices representan una obsesión; lo bueno para él es que también concluyó primero en este rubro con 2,551 golpes y volvió a superar a Cantlay (1,857). Pero más allá de que se trató de su mejor registro histórico, no se quedó satisfecho y ahora pide más: "El Santo Grial es tres. No voy a parar hasta que pueda sacar tres golpes de media al resto. Tiger lo ha hecho en varias temporadas. Tengo claro que cuando llegás a tres estás en otra liga", afirmó.

El saludo del campeón con Brooks Koepka, el último campeón del PGA Championship y rival a batir
El saludo del campeón con Brooks Koepka, el último campeón del PGA Championship y rival a batir Fuente: AFP

Lo meritorio de McIrloy es que no mira su propio ombligo, sino que se permite tomar el ejemplo de otras estrellas del circuito. Un gran referente es Brooks Koepka, que este año triunfó en el PGA Championship y lleva la impresionante cosecha de cuatro Majors en apenas dos años. El norirlandés admitió que sintió una motivación extra al protagonizar con él la última salida de la vuelta decisiva: "Hace unas pocas semanas jugué también con él en Memphis y no sólo ganó, sino que me dominó de principio a fin. Aquel domingo, en el World Golf Championships de St. Jude, aprendí varias lecciones. La más importante es que el domingo no podés jugar al golf como si fuera el jueves o el viernes. Hay que jugar de otra manera. Concretamente, hay que jugar como lo hace Koepka. Estoy especialmente orgulloso de haber vuelto a jugar con él un domingo, haber firmado una tarjeta de 66 y superarlo. Sí, quería ser como él, y es el último cumplido que voy a dedicarle hoy a Brooks", sentenció con una sonrisa.

Rory McIlroy, con el trofeo de la FedEx Cup
Rory McIlroy, con el trofeo de la FedEx Cup Fuente: AFP

En estas batallas mentales que se planteó el oriundo de Holywood figuró también no repetir la vivencia de The Tour Championship de 2018, que significó la vuelta al triunfo de Tiger Woods luego de 5 años. En aquella oportunidad en East Lake, McIlroy compartió la última salida con el crack de California, pero cerró con un score de 74 (+4) y cayó al séptimo lugar. "Fue muy emocionante ver ganar a Tiger Woods, pero desde luego no quería repetir una escena igual. Lo comenté con mi caddie (Harry Diamond). Salíamos otra vez en el partido estelar (con Koepka), pero esta vez la historia debía ser distinta. Hace un año fui casi engullido, así que esta vez nos tocaba disfrutar".

En 2020, el reto de máxima para McIlroy es volver a festejar en los Majors, y allí aparece el Masters como su gran cuenta pendiente. No gana un título de Grand Slam desde 2014, y para él ya es un eternidad.

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