Guardiola no se deja ganar por el éxito

Tiene un plantel fabuloso y disfruta repartiendo funciones y geografías
Fernando Pacini
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29 de noviembre de 2013  

Guardiola no para un minuto. Sacudió la historia del fútbol con su Barcelona incomparable. Lo moldeó, le agregó cosas, luego las quitó, volvió a mejorarlo, y así... ganó siempre. Sin embargo, lejos de atarse a la fórmula que lo hizo vencedor, periódicamente retocaba lo que advertía imperfecto. Quizá, parte del secreto es la falta de miedo, o la atracción por el riesgo. Cuando toca algo, no tiene miedo de romperlo sino la convicción de mejorarlo.

Con pasión y carisma, en el Barcelona fue en un fundamentalista de "salir jugando". Buscó un amplio menú de automatismos colectivos para ese fin y lo consiguió holgadamente. Alguna vez sacó a Messi de la punta y lo hizo un jugador total. Otra vez jugó una final del mundo con mil mediocampistas. Acentuó conceptos tradicionales de la escuela holandesa hermanada con el Barça y "juego de posición", "hombre libre" o detectar al "tercer hombre", fueron cosa de todos los días.

Ahora en Bayern Munich, su historia continúa. Tiene un plantel fabuloso y disfruta repartiendo funciones y geografías. ¿Se acuerdan de Lahm, lateral histórico del Bayern y la selección alemana? Ya no es más aquél. Ahora es interior, o volante central y, cada tanto, lateral. Müller ha ocupado cualquiera de los puestos del ataque, y también ha sido interior. Götze, el sábado entró a jugar frente a su ex club, por primera vez "de Messi", de falso 9. Si se puede, salen jugando desde Neuer y si no, buscan los espacios más adelante con envíos largos (una herejía para quienes se aferran con nostalgia al modelo más exitoso sin percibir que los rivales también evolucionaron los antídotos).

Siempre vio al cambio como indispensable para la dinámica de un equipo y su crecimiento. Muchas cosas pueden reformarse, menos el estilo. Eso es intocable. Los sistemas, las estrategias y movimientos tácticos, solo son importantes si hay un estilo que los gobierne. Sin estilo no hay nada.

Cuando un entrenador llega a un equipo campeón y reconocido, suelen recomendarle que la mejor manera de comportarse es pareciéndose lo máximo posible al ganador que lo precedió. Era previsible que Guardiola no tuviera ese razonamiento conservador. Un entrenador como él precisa parecerse a sí mismo, responder a su sensibilidad, e intervenir con sus ideas.

Todo el tiempo está buscando novedades, mejorar lo muy bueno hasta arrimarlo a la excelencia, y justo cuando llegue a ese momento, entonces correrá la excelencia hacia adelante, solo para no llegar a ella y seguir probando evoluciones. A la distancia, parece más atrapado por la aventura de vivir creando que por la monotonía de ganar.

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