Hay que hablar del resto

Daniel Arcucci
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26 de junio de 2014  

PORTO ALEGRE.– Hay que hablar del resto. Que no es lo mismo que hablar de lo que falta y de lo que viene, pero se le parece. Se trata de hablar, en principio, de los otros, de los que juegan con él, porque de él ya se ha dicho todo.

Romero ha sumado para la causa. Más en el partido anterior, contra Irán, que en éste, contra Nigeria: fue el responsable de que su gol –el gol de él– fuera el del triunfo y no el del descuento, lo que no es poco. Está siempre expuesto a una actuación grande, Chiquito, porque el mayor problema lo tiene inmediatamente delante suyo, y no es nuevo. El tiempo de trabajo juntos, tan esperado, no ha resultado aún para que las limitaciones individuales se disimulen con coordinación y funcionamiento. Fernández, sobre todo, y Garay no terminan de hacer pie. Con los laterales pasa algo curioso: marcan poco, los dos, y se proyecta menos Zabaleta, que tiene más recursos, que Rojo, que termina destacándose por sus ganas y por su arrebato. Como si fuera una jugada del destino, lo acompañó a él en aquella conferencia de prensa refundacional y lo acompañó en la cancha, convirtiendo el que fue, en definitiva, el gol del triunfo.

A Mascherano le queda la rabia, expresada hasta contra él mismo por sus problemas con la pelota; a Gago le quedan sus problemas con la pelota, lo cual, tratándose de él, es casi todo.

De los cuatro fantásticos, hay que hablar de tres. A Di María lo impulsa su inagotable condición física, a la inversa de Higuaín, que parece agotado, y de Agüero, que se agotó en una lesión que preocupa. De pronto, aparece Lavezzi como una alternativa menos pensada.

A esta altura, se podría decir que la selección argentina –clasificada, primera, invicta, con puntaje ideal– llegó caminando hasta donde llegó. Pero de todas las acepciones posibles de esta expresión, no vale la primera, que se traduce en comodidad. Vale la segunda, literal, porque es un equipo que camina más de lo que corre. Vale una tercera, que refiera a los rivales que le tocó enfrentar. Y vale una última, más subjetiva: porque lo tiene a él, de quien ya se dijo todo y al que ni siquiera es necesario nombrar. Pero es quien más alienta las esperanzas de que esto siga por mucho tiempo más.

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