Hay que saber disfrutar

Por Santiago Roccetti De la Redacción de La Nación
Por Santiago Roccetti De la Redacción de La Nación
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25 de agosto de 2000  

Incidentes, violencia... dos de los desagradables condimentos que desde hace tiempo se les acoplaron a los espectáculos deportivos. Con una desagradable naturalidad, los hechos fuera de lugar aparecen impunemente. Y este fin de semana se revivirán dos casos con antecedentes poco afortunados, en dos actividades con realidades opuestas (el fútbol y el rugby), pero con alguna triste coincidencia.

En Rosario volverán a enfrentarse Newell´s y Boca, con el recuerdo del nefasto 27 de mayo último, cuando los barras del conjunto xeneize, en venganza contra los dirigentes que les negaron entradas de favor, arrojaron bombas de estruendo al campo de juego y todo concluyó con la suspensión del partido y la pérdida de los puntos. Mañana también habrá un nuevo capítulo del clásico CASI-SIC, y aún no se olvida lo que sucedió el 8 de julio, cuando dos chicos (Máximo Leonardi, de 11 años, y Marcos Motti, de 12) terminaron lastimados por un elemento de pirotecnia.

La señal de alarma quedó encendida y la única salida para no volver a lamentarse es la prevención, con el lógico llamado de atención a los involucrados -el público-. La clave está en la toma de conciencia de la gente, que debe comprender definitivamente que la lucha deportiva se circunscribe pura y exclusivamente a lo que sucede dentro del terreno de juego. Los de afuera participamos del acontecimiento, pero no jugamos un partido aparte. Uno tampoco ignora que las conductas colectivas están bastantes deterioradas, pero todos estamos comprometidos -de distintas maneras- en esta problemática social y desde nuestro lugar tenemos que hacer el esfuerzo para que no proliferen las tropelías.

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La preocupación es común entre los hombres del fútbol y del rugby, así como las medidas que se instrumentarán para tratar de sofocar la mínima posibilidad de que la violencia aparezca nuevamente. Los dirigentes de Newell´s planificaron un operativo de seguridad especial, con unos 1000 policías. Estará involucrado personal de la Brigada de Orden Público de Rosario y de la comisaría 5a, que se encargará de controlar los vehículos en la autopista; además, aquellos ómnibus con barras de Boca serán acompañados hasta el Parque de la Independencia, y antes de ingresar en el estadio, los hinchas serán sometidos a un doble cacheo (algo que falló en el último Newell´s-Boca). Este procedimiento de contralor le demandará el club rosarino unos 45.000 dólares.

En el SIC y en el CASI también hubo movimientos para reclamarle a la gente un comportamiento ejemplar. A los chicos del San Isidro Club -por intermedio de los encargados de cada división juvenil- les prohibieron que lleven pirotecnia y, además, se les pidió a los entrenadores que vean el partido junto a sus jugadores para impedir cualquier inconducta.

Hace unas semanas, en la Academia se difundió un comunicado para advertirles a los socios que no se iba a permitir ningún comportamiento inadecuado (de hecho fue suspendido por un año el ex Puma Andrés Courreges, por insultar al árbitro Marcelo Toscano). Estas actitudes no son nuevas en las entidades sanisidrenses: se practican con anterioridad a los accidentes mencionados; por ejemplo, en oportunidad de medirse con Hindú (antes de ese duelo conversaron sobre el tema los presidentes del CASI y del club de Don Torcuato, pero después el público desoyó los consejos).

Ahora sólo resta esperar para demostrar que todos aprendimos la lección. El deporte es para disfrutarlo y no para sufrir con lo que sucede del otro lado de la línea de cal.

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