Hombre o máquina

Pablo Ricardi
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24 de enero de 2002  

¿Cómo pudo Ruslan Ponomariov, un joven ucranio, de 18 años, transformarse en el campeon mundial de ajedrez más joven de la historia?

Se aliaron varios motivos. En primer lugar, debemos recordar que ahora los campeonatos mundiales son anuales y permiten que haya una renovación que antaño no ocurría.

Así es posible que Ponomariov sea campeón mundial sin haberse medido con los mejores jugadores del momento, Kasparov y Kramnik.

Luego tenemos las virtudes de Ruslan, entre las que se destaca su carácter imperturbable, su calma para afrontar los diversos vaivenes de las partidas. Fue su tenacidad a toda prueba la clave del triunfo sobre Ivanchuk.

Sus cualidades técnicas y su estilo de juego recuerdan a Karpov en su juventud.

Además, Ponomariov es el primer campeón de la era de la informática. Su aprendizaje se forjó a través de las computadoras y, tal vez, su carácter tan inescrutable se conformó al compás de las máquinas.

Otro factor importante para el éxito lo aportó su rival: el propio Ivanchuk, un jugador muy talentoso, pero también muy desequilibrado emocionalmente. Fue marcado el contraste. Por un lado, el calmo joven que se parecía a una computadora cuando jugaba; por el otro, el nervioso Ivanchuk, que siempre parecía a punto de colapsar. Pese a su juventud, Ruslan advirtió la vulnerabilidad psicológica de su rival y ello contribuyó a educar su temple para resistir las posiciones inferiores por las que tuvo que atravesar.

La quinta partida fue la decisiva; Ivanchuk logró una ventaja abrumadora y parecía que ganaría. Pero algo pasó. Ponomariov no se rindió y encontró recursos donde no los había; desconcertó a su rival, que no resistió ese momento crítico y terminó por perder la partida. Luego de esto ya no hubo lucha. ¿Qué decir como corolario de este encuentro?

Ponomariov está destinado a ser uno de los dominadores del ajedrez moderno. Creo que todavía no está al nivel de Kasparov ni de Kramnik, pero el tiempo juega en su favor. Las cualidades deportivas que exhibe le auguran el mejor de los futuros.

Y me animo a decir que entre los ajedrecistas humanos es el que más se parece a una computadora.

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