Impensada y decisiva

Daniel Arcucci
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29 de junio de 2002  • 10:19

YOKOHAMA.– Costaba imaginarse, la verdad, una final mundial entre Turquía y Corea y no era tanto menor la dificultad para suponer un cotejo definitorio entre alguno de esos dos sorprendentes equipos enfrentando a uno de los otros dos, históricos.

Lo curioso es que también costaba siquiera soñar, apenas un mes atrás, con esta final. No por los pergaminos de Brasil y de Alemania –a los que les sobra extensión–; más bien por la historia reciente de ambos, en la que habían ganado espacio los pesares y las carencias. O eso parecía.

Pero allí están. El legendario choque entre las dos potencias que jamás se habían cruzado en un Mundial es una realidad y lo que resta ahora es asimilar el asombro ante tantas cosas en juego y esperar que llegue el momento de marchar hacia el imponente estadio de Yokohama.

Porque si esta final tiene una definición, uno se apuraría a decir que es la más impensada. Y si uno se dejara llevar por lo obvio, afirmaría que es la más histórica. Pero si se quiere agregar un elemento diferenciador: es la más... decisiva.

Definirá al más campeón. Porque si gana Brasil sera penta y si gana Alemania será tetra, alcanzando en el primado justamente a su adversario. Definirá al mejor jugador del campeonato. Aunque en este rubro la balanza parece despareja a favor de Brasil, que cuenta con más candidatos. Allí están Ronaldo, Rivaldo y hasta Roberto Carlos contra el gigante del arco, Oliver Khan.

Definirá al goleador. Ronaldo ha sacado un mechón de ventaja, tiene seis goles. Pero Rivaldo y Klose no están lejos, tienen apenas uno menos. Quizás alguno, por qué no, rompa la barrera de los seis, infranqueable desde hace veinticuatro años.

Definirá el ingreso en la galería de los récords de un extraordinario jugador. Cafú se convertirá en el único futbolista en el mundo y en todos los tiempos que habrá jugado tres finales consecutivas.

Definirá el triunfo de una manera de sentir el fútbol. El mejor ataque contra la mejor defensa bien podría ser el slogan para un afiche que presentara el match como una pelea. Definirá buena parte de la calidad del torneo. Esa última imagen puede significar un cambio positivo, abandonando la discreción en busca de un calificativo más elevado. Definirá, aunque no sea tan vital, el triunfo de una de las dos marcas que pusieron su logo en el Mundial, Adidas o Nike.

Definirá, finalmente, el desequilibrio entre dos continentes. Europa y América del Sur suman hasta aquí ocho títulos cada uno y habrá que ver para quién es el Nº 17. Impensada, histórica, decisiva.

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