Increíble: River pasó del papelón a un acto de heroísmo

El 2 a 2 ante Argentinos lo aleja más del título, pero salvó un poco la imagen al empatar en un minuto con dos hombres menos
Claudio Mauri
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23 de octubre de 2000  

Del papelón al arresto de heroísmo. Del absurdo a lo sublime. Del descontrol que lo puso al borde de sufrir una goleada a la furia bien encauzada, que por el canto de una uña no lo hizo delirar con el triunfo menos pensado. Estos extremos retratan el momento de confusión que vive River, en el que nada es cierto y todo es posible. Como le ocurrió una semana atrás ante Boca, ayer quedó sumido en otro conflicto de sensaciones.

La increíble resurrección para igualarle a Argentinos, cuando todo hacía pensar que en el primer tiempo River se había suicidado por depresión futbolística e inestabilidad anímica, se transforma en un pulmotor de dudosa utilidad para mantener con vida a la ilusión del campeonato. La euforia por la súbita reanimación fue intensísima, pero no fue más allá del final del partido. Asentada la adrenalina, que llegó a niveles máximos en esos diez minutos del epílogo, asoman la preocupación y las perspectivas sombrías porque, en apenas un mes, paso de puntero a un relegado perseguidor.

Así como este River, hasta hace un tiempo, supo ser imprevisible por sus variantes y riqueza ofensivas, ahora es inclasificable por su carácter de equipo ciclotímico y caótico. Su primer tiempo de ayer fue grotesco e irresponsable. Quizá, inducido por méritos de un Argentinos que, durante la etapa inicial, demostró que podía ser un conjunto serio y sin complejos.

Por planteo y actitud, los locales maniataron a su rival en los primeros 45 minutos. Plantó una defensa de tres hombres y adelantó a Cogliandro, que se engulló a Alvarez. Así quedaron Pérez Castro y Herrón para armarle una marca cercana y escalonada a Aimar.

Gallego no tuvo buen ojo para elegir a los reemplazantes de Ortega y Berizzo. Coudet fracasó por la derecha y a Alvarez nunca se lo vio suelto y cómodo por la izquierda.

Era evidente la crisis de juego de River, que también se complicaba en defensa. Yepes tenía la cabeza en cualquier lado, menos en la jugada que lo requería. Hace siete días había perdido con Palermo y ayer se le escapó Pena en un córner: cabezazo y 1 a 0. En otro tiro de esquina, Husain agarró a Pezzarossi; penal y 2 a 0 de Schiavi. River asumió con impotencia la superioridad local. Y los nervios lo mal aconsejaron. Aimar no se escondió y quiso tomar la batuta; intentó tres o cuatro veces sin buen final; mientras su desequilibrio hacía amonestar a Denis y a Herrón, su fastidio crecía geométricamente. Protestó y fue amonestado. Hasta que se descontroló del todo con una entrada violenta y a destiempo a Sánchez. Roja para él y también para Husain, que se fue de boca en los reclamos.

Se venía la catástrofe... Para evitarla, armó un esquema de tres defensores, Placente pasó al medio y Gancedo fue el volante central. Argentinos cayó en pecados de inmadurez; se dejó estar, en lugar de asegurar la pelota; prefirió patear de media distancia, en vez de provocar llegadas con superioridad numérica. Yepes se reivindicó con quites y despliegue, mientras Argentinos se creía dueño de todo.

Trotta, de tiro libre, sorprendió a un Siboldi mal ubicado. Enseguida, Placente -admirable por su juego y serenidad- remató una entrada de Saviola que había tapado el arquero. Quedaban 10 minutos y un festival de emociones, con un Argentinos paralizado y un River hecho una fiera, con los temibles zarpazos de Cardetti y Saviola, que casi se recibe de héroe en una corrida de 40 metros, tres defensores en el camino y la tapada de Siboldi. Un final de locos le hacía un monumento a la imprevisiblidad del fútbol. River renacía un poco en la cancha, mientras agoniza en la tabla...

Ruscio, en un día caliente

No fue un partido sencillo el que le tocó a Roberto Ruscio, que a pesar de algunas equivocaciones mostró personalidad para no dejarse desbordar por un desarrollo caliente. Acertó en la expulsión de Aimar -la tercera en su carrera-, que tras estar amonestado por protestar cometió una falta descalificadora contra Sánchez. En el tumulto y reclamos de los jugadores de River, no dudó en mostrarle la tarjeta roja a Husain y la amarilla a Trotta y a Yepes.

En el segundo tiempo debió expulsar a Herrón, que estaba amonestado y bajó desde atrás a Saviola. Para cerrar una tarde de alto voltaje, Ruscio tuvo que soportar que Pena lo pechara desafiante, tras la ver el cartón rojo.

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