Independiente: una derrota que nubla el semestre y llena de interrogantes el futuro

Fuente: Telam - Crédito: Alvarez Julian
Rodolfo Chisleanschi
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24 de febrero de 2019  • 00:01

Si un clásico es siempre un partido distinto en la valoración del hincha, hay clásicos que las circunstancias ubican incluso más allá hasta convertirlos en partidos-bisagra. Independiente afrontó el choque contra Racing caminando por una cornisa peligrosa. Lo sabía Ariel Holan, por primera vez puesto en la picota por las decisiones tomadas desde el verano hasta la fecha, por la marcha de Gigliotti, por ciertas indefiniciones en la composición del equipo y la lectura del juego durante los 90 minutos, por los resultados con altibajos. Lo sabían los futbolistas, varios de ellos mirados con sospecha por la tribuna.

Lo que nadie podía imaginar era que la bisagra iba a adquirir un tamaño descomunal en el arranque de ambos tiempos. Un cabezazo de Donatti escapando de la marca de Bursisso en el primer córner del partido y un exceso de confianza de Franco a los 53 levantaron dos Everest gigantescos para medir el termómetro espiritual y el alma futbolística de los que transpiran adentro y la claridad cerebral de quien dirige desde el otro lado de la raya. El balance final se asemejó mucho al andar del equipo en los últimos tiempos, porque se llenó de altibajos.

Fuente: FotoBAIRES

No se le puede discutir al Rojo el temple para remontar las cuestas que le planteó la noche. Arrastrados por Franco y Bustos, dos de los que no están en debate, los locales se fueron reponiendo de las enormes dudas iniciales para empujar al máximo candidato al título de la Superliga contra su área, deshilachar su juego a partir del achique inteligente de Hernández sobre Marcelo Díaz y transformar a Gabriel Arias en figura.

Tampoco se pueden poner demasiadas objeciones a algunas actuaciones individuales. Son los casos de Fernando Gaibor y, en menor medida, de Hernández, de buen segundo tiempo. No puede decirse lo mismo de Gastón Silva o Gonzalo Verón, a quien un buen centro en el 1-1 y un par de gambetas en el complemento no le alcanzan para salvar 45 minutos de actuación fantasmal.

Los problemas de Independiente surgieron desde la vereda futbolística. Porque perdió demasiado tiempo hasta encontrar el modo de lograr una circulación de pelota fluida, e incluso más para evitar que Racing la hiciera correr con comodidad por la mitad de la cancha. Y en ese punto las miradas le apuntan necesariamente al técnico.

Fuente: FotoBAIRES

Holan encaró el partido parando tres volantes frente a los cuatro de la Academia, y en esa inferioridad numérica estuvo buena parte del sufrimiento inicial y, en definitiva, de la suerte que acabó corriendo en el partido. La crónica falta de contundencia frente al arco de enfrente (Benítez y Cecilio Domínguez perdieron goles increíbles) y dos errores groseros en el fondo pusieron el resto, más allá que en el balance de llegadas el resultado final pueda sonar exagerado.

La derrota en cualquier partido-bisagra abre una serie de interrogantes que, en caliente, no tienen respuesta. Porque el 1-3, al margen del dolor que puede provocar la caída en un clásico, prácticamente le cierra al Rojo la posibilidad de clasificación para la Libertadores 2020 y, partir de ese detalle, pone en cuestión el porvenir a medio plazo.

Es cierto, no hubo mayores recriminaciones en la despedida del equipo, ni silbidos para nadie en particular, pero la decepción por una realidad que no estaba en los papeles empieza a invadir a una hinchada a la que le habían prometido otra realidad, y el anchísimo crédito de Holan prolonga un peligroso proceso de adelgazamiento.

Desde anoche mismo y hasta el final del semestre habrá que prestar mucha atención a los vaivenes del Rojo, un equipo que va destiñendo su fútbol y sus resultados semana tras semana.

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