Intrusos en el espectáculo de la FIFA

Marcelo Gantman
Marcelo Gantman PARA LA NACION
Crédito: @Domenechs
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27 de junio de 2014  • 13:03

RIO DE JANEIRO - La FIFA hizo con Luis Suárez lo mismo que hicieron los directivos holandeses cuando el uruguayo jugaba en el Ajax y lo que los ingleses como estrella del Liverpool: sancionarlo. La discusión ahora se centra en dos frentes. Uno que analiza si la pena fue excesiva. El otro es una especie de "Ojo de Halcón" de los análisis televisivos: tratar de determinar con precisión si efectivamente Suárez le clava los dientes al defensor italiano Giorgio Chiellini como si ese hombro fuera un durazno en diciembre.

Suárez estará nueve fechas sin poder jugar, cuatro meses sin asistencia permitida a los estadios y deberá pagar una fuerte multa económica. Cuando fue lo de Ajax le habían dado siete fechas y en Liverpool fueron diez. En esta época que todo se mide y se cuantifica, tal vez Luis Suárez sea el primer futbolista que mordió a un rival en tres competencias internacionales diferentes. Como se sabe, el futbolista y todo Uruguay trabajan en la apelación.

Se supone que desde su ubicación en las alturas, como una nave madre que sobrevuela todas las ligas futbolísticas del mundo, sin intervención de los estadios y apenas rozada por tribunales internacionales, la FIFA derrama reglamentos y recomendaciones para que cada competencia futbolística tenga uniformidad con los demás. La FIFA regula lo que puede y sugiere en otros casos. No siempre le dan cabida a su opinión: el fútbol argentino se encamina hacia un campeonato de 30 clubes y la FIFA recomienda que las ligas profesionales no reúnan a más de veinte. "En tu cara, FIFA...", podría decir Julio Grondona en algún regreso desde Zurich, sin que se advierta la contradicción de sugerir una cosa en Suiza y hacer otra en Buenos Aires.

Existe, sin embargo, un territorio en el que la FIFA es inflexible: su propio espectáculo. Alcanza con entregarnos como televidentes para darnos cuenta de que asistimos a un contenido bien producido y muy cuidado. Se ven 90 minutos de fútbol en 64 partidos donde lo único que no se puede anticipar es la inventiva de los futbolistas. El resto se pauta minuto a minuto sin que ninguna imagen se escape del control de calidad.

Pero no todo se ve ni todo se muestra. Dos de los tres partidos jugados por Alemania en su grupo tuvieron un invasor en el campo de juego. El protocolo de la FIFA indica no televisar ese momento. Cuando sucede, la cámara cierra el plano sobre algún futbolista o directamente se corre de la escena. En el partido Alemania-Ghana se llegó a ver unos segundos al intruso con el torso descubierto y una inscripción en su pecho que, según se interpretó, contenía un mensaje de ideología nazi. La FIFA estudia el tema y pronto dará su veredicto. El otro episodio fue en el segundo tiempo entre Alemania y Estados Unidos pero directamente no se filtró ninguna imagen en la transmisión oficial.

Las televisoras europeas debaten qué hacer con estos asuntos. A veces los ocultan y otras enmarcan el ingreso de "espontáneos" en los permisos que deben darse para respetar la libertad de expresión.

En Sudamérica lo tenemos más claro. Esos episodios suelen mostrarse y hasta hay cierto regodeo con lo exhibido. Pero la FIFA no tolera a los intrusos de su espectáculo. A los que muerden, no los dejan jugar durante un buen tiempo. Y a los que invaden el campo, ni quince segundos de fama.

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