Por qué Irlanda eclipsó a los All Blacks en 2018

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
El centro Bundee Aki se apresta a apoyar en el in-goal argentino pese al esfuerzo de Pablo Matera. Fue durante el match contra los Pumas el 10 de noviembre pasado, en Dublin
El centro Bundee Aki se apresta a apoyar en el in-goal argentino pese al esfuerzo de Pablo Matera. Fue durante el match contra los Pumas el 10 de noviembre pasado, en Dublin Fuente: AFP
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26 de diciembre de 2018  • 23:59

Los All Blacks siguen en lo más alto del rugby mundial y residen en otra galaxia del juego, pero este año que se está yendo tuvo a Irlanda como el seleccionado que eclipsó a la cátedra, al obtener el 6 Naciones de manera invicta y ganándole a todos, incluidos precisamente los neozelandeses. Todos los premios fueron esta vez para el lado del Trébol, que treparon el zigurat con un rugby que completó todos los estándares de calidad de la mano de un plan de la Unión ejecutado con paciencia y más allá de los resultados, de un excelente plantel y de un entrenador kiwi como Joe Schmidt, quien arrancó en 2013 un proceso que fue creciendo temporada tras temporada.

No es la primera vez que Irlanda culminará en un punto alto el año previo al de una Copa del Mundo. Pasó también en 2006, 2010 y 2014. Sin embargo, sigue siendo el único de los top 9 –los 4 de la Sanzaar, más Inglaterra, Francia, Escocia y Gales– que jamás logró atravesar los cuartos de final del campeonato más importante que tiene el rugby. Los Pumas lo frenaron en 2007 –en la primera rueda– y en 2015 –en los cuartos–, aunque en esta última ocasión sufrieron lesiones jugadores de peso, como su capitán Paul O’Connell y su goleador y estratega, Johnny Sexton. ¿Será Japón 2019, al fin, la oportunidad para que Irlanda llegue al menos a las semifinales? ¿O habrá explotado otra vez antes de tiempo?

Europa irá por su revancha en Asia tras el fracaso en propia tierra en la última Copa del Mundo, cuando los cuatro del Rugby Championship coparon las semifinales. Si nos guiamos por lo que ocurrió en este 2018, puede esperarse un torneo muy parejo. Además de Irlanda, Inglaterra también tiene sus cartas para pelear el cetro de los All Blacks, mientras que Gales ha mostrado en su noviembre invicto que otro kiwi, Warren Gatland, lo sigue construyendo granítico como pocos. Y, claro, está siempre Francia, aunque no venga bien –jugará una final en el primer partido del grupo con los Pumas– y habrá que ver hasta dónde le da a Escocia, que también creció de 2015 para acá.

En el sur, ha sido un buen año en general para los Springboks y no así para los Wallabies, que tuvieron el peor porcentaje de victorias en la última década. ¿Y los Pumas? Ya se sabe que fue un 2018 de cambios, con resultados que siguen estando en baja: fueron 2 triunfos y 11 derrotas. Pero 2019 puede tener otro pronóstico siempre y cuando se agrande la base –de todos modos el hecho de un segundo equipo jugando la Currie Cup debe proyectárselo más hacia 2023– y, especialmente, se convoque a los mejores, abriendo la puerta generosamente a los que están en Europa.

El año que empezará en 5 días será una bisagra para el rugby internacional. Los cambios abundarán a partir de 2020. En 2019 se avanzará con la idea de terminar con las tradicionales ventanas de junio y noviembre, para armar un campeonato anual, una especie de Mundialito en cuatro sedes, en el norte y en el sur; se seguirá debatiendo en cuanto a los extensos calendarios; habrá más competencias; crecerá el rugby femenino; se expandirá aún más el seven y, también en Asia, con sede en Tokio, se hará la segunda excursión a los Juegos Olímpicos.

En cuanto al juego, se terminará la era de Steve Hansen al frente de los All Blacks, la de Schmidt con Irlanda, la de Gatland en Gales, la de Eddie Jones en Inglaterra y, seguramente, la de Michael Cheika en Australia. Se reacomodarán también los seleccionados. El rugby, un deporte que hace apenas dos décadas y monedas no salía de su propio mundo, sigue buscando destinos.

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