Jaguares les hace frente a los equipos neozelandeses: ganó 6 de los últimos 8 cruces

En el aire: la pelota quedó sin dueño y la buscan Agustín Creevy, Emiliano Boffelli y Joaquín Díaz Bonilla.
En el aire: la pelota quedó sin dueño y la buscan Agustín Creevy, Emiliano Boffelli y Joaquín Díaz Bonilla. Fuente: AFP - Crédito: Mark Tantrum
Alejo Miranda
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18 de mayo de 2019  • 00:33

Catalogar a cada victoria grande de Jaguares como "la más importante de la historia" se hizo costumbre en los últimos dos años. Parece la persecución de un título rimbombante y efectista, un mero artilugio para atrapar al lector. En rigor de verdad, no se trata más que del reflejo de una realidad: desde hace 17 meses Jaguares no ha parado de crecer y, partido tras partido, no solamente eleva su piso de rendimiento, sino que también ve alejarse su techo.

El 28-20 sobre Hurricanes en Wellington es, sí, el triunfo más importante en la historia de Jaguares. No se trata, sin embargo, de una victoria aislada; es el resultado de un proceso que inició Mario Ledesma el año pasado, que profundizó Gonzalo Quesada y que sitúa a Jaguares, por juego y resultados, entre los principales animadores del Súper Rugby, con buenas perspectivas de meterse en las instancias finales y hasta de superar la campaña de 2018. Jaguares es gran candidato a llegar lejos.

En la temporada pasada, las cuatro victorias seguidas en Oceanía, la goleada a Bulls (54-24), quebrar la paternidad de Sharks y Stormers y la clasificación para los cuartos de final fueron los hitos que rompieron el molde, luego de una compleja transición en los primeros dos años de vida. En esta campaña, las novedades fueron los primeros triunfos en Sudáfrica ante los equipos actuales y la capacidad de cerrar partidos parejos que antes se escurrían. El éxito en la madrugada argentina del viernes simboliza otro ladrillo en esa pared cada vez más robusta.

Festejo moderado tras el 28-20 a Hurricanes en Wellington: Jaguares empieza a acostumbrarse a los grandes triunfos.
Festejo moderado tras el 28-20 a Hurricanes en Wellington: Jaguares empieza a acostumbrarse a los grandes triunfos. Fuente: AFP

Lo que hizo el equipo argentino en el Regional de Wellington es, definitivamente, histórico. Enfrente estaba uno de los dos mejores equipos de los 23 años de Súper Rugby -el otro es Crusaders-, plagado de estrellas de los All Blacks y que no perdía en su casa frente a conjuntos extranjeros desde 2015 (29-24 vs. Waratahs). Ni siquiera British & Lions logró vencer en ese reducto (31-31 en la gira de 2017). Mas no es un batacazo. No es un golpe de suerte, ni siquiera un éxito épico basado en la garra. Es el resultado de estos dos años de trabajo, la exteriorización del estado de gracia de un equipo que se halla en un nivel de confianza y de convencimiento que excede incluso su rendimiento, y es la puesta en funcionamiento de un plan de juego muy bien pensado y mejor ejecutado.

¿Cuántas veces se vio a un equipo argentino, de cualquier nivel, utilizar mejor el pie que su adversario? Muchísimo mejor esta vez. El apertura James Marshall no hizo más que resaltar la ausencia de Beauden Barrett, y Jordie Barrett no pareció hermano de este. Joaquín Díaz Bonilla, en cambio, pasó otra prueba como para adueñarse de la camiseta 10. Jaguares no tuvo su mejor labor en gestación de juego y continuidad, pero supo incomodar a Hurricanes, neutralizar sus puntos fuertes y explotar sus escasas debilidades.

Una de esas falencias, fácilmente identificable, era el line-out (con 80% de obtención, es el peor de la competencia). A los 9 minutos Guido Petti Pagadizábal robó uno que sirvió para meter al equipo en partido luego de un inicio desconcertante. A tiempo. Tomás Cubelli robó otro (sí, el medio-scrum) en la cola de un envío en cinco yardas, jugada que derivó en el segundo try argentino. Fueron cuatro en total las recuperaciones por esa vía. Otro ítem que explica el desenlace del partido es el de la lucha en los rucks. Los argentinos pescaron cinco pelotas y enlentecieron permanentemente el accionar del medio-scrum TJ Perenara. Agustín Creevy, Matías Moroni y Julián Montoya se afirman como especialistas en esa área.

Agustín Creevy resiste una doble marca neozelandesa.
Agustín Creevy resiste una doble marca neozelandesa. Fuente: AFP - Crédito: Mark Tantrum

No fue un desempeño perfecto, sin embargo. Hubo momentos de desconcierto (esos primeros 10 minutos), hubo jugadas mal resueltas. Hubo pocos quiebres, aunque uno fue clave: el de Ramiro Moyano en una jugada directa de un scrum que fue hacia adelante, germen del decisivo cuarto try. Tampoco es una temporada idílica. Hubo más tackles errados que lo habitual, pero cuando la cosa se puso caliente reflotó la defensa, la bandera de Jaguares en esta temporada. Para destacar, los 13 tackles sin yerros de Sebastián Cancelliere, que sumó su cuarto partido seguido en gran nivel. ¿Va a quedarse fuera del Mundial?

Hay varios aspectos por corregir, como el scrum, la disciplina, los lapsus mentales (ayer no costaron; ante Highlanders, sí). Pero la sensación es de que en todos los ítem hay mejoría. No hace falta el rendimiento perfecto: el equipo tiene recursos como para enderezar sobre la marcha y, sobre todo, empieza a jugar con cada vez mayor templanza los momentos clave (otra vez aguantó un embate al final del primer tiempo).

El carácter de histórico no se limita a los cuatro años de existencia en el Súper Rugby, ni a los siete de los Pumas en el Rugby Championship. Es elocuente del estado actual del rugby argentino. En 1989, el seleccionado realizó una gira de nueve partidos por Nueva Zelanda. Ganó cuatro, contra seleccionados regionales menores (North Auckland, King Country, Wairarapa-Bush y Hanan Shield XV), y perdió cinco: los dos test-matches y los tres encuentros con seleccionados provinciales (Auckland, Canterbury y Waikato).

Hoy Jaguares lleva ganados seis de los últimos ocho frente a neozelandeses, incluidos tres de los cuatro como visitante. Antes que un dato estadístico, es la resultante de competir sábado tras sábado contra los mejores. La Argentina tiene jugadores de sobra, tiene talento de sobra. Ahora también tiene cómo encauzarlo y llevarlo al máximo nivel.

Cinco victorias en los últimos seis juegos ubican segundo a Jaguares en la Conferencia Sudafricana, detrás de Bulls por diferencia de puntos pero con un fixture más favorable. Vienen dos compromisos en Australia, donde el equipo está invicto en cuatro actuaciones. El sábado, Waratahs, que perdió definitivamente a su talismán Israel Folau, y que hasta hoy llevaba tres derrotas seguidas; esta mañana jugaba con Reds, el siguiente rival de Jaguares, que finalizará con dos partidos en casa, ante el duro Sharks y el débil Sunwolves. Hoy Jaguares es más que ellos cuatro, aunque puede perder contra cualquiera: enfrente, salvo los japoneses, están los mejores equipos de las principales potencias.

Ganar la conferencia no suena utópico, entonces. Lograrlo implicaría ser local en el cuarto de final. En caso de sumar más puntos que el líder de la zona australiana, lo cual parece lógico, otorgaría la localía en una hipotética semifinal. Pero todavía hay mucho rugby por jugar. Y mucho por crecer, también.

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