Jordan Spieth, un líder preocupado pero con ganas de seguir a lo grande

Crédito: masters.com
El texano perdió tres golpes en el cierre y apenas lleva uno de ventaja a 18 hoyos del final; la sorpresa es Langer, a dos, que a los 58 años puede ser el campeón más veterano; Cabrera y Grillo están entre los primeros 16
Gastón Saiz
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10 de abril de 2016  • 09:07

AUGUSTA.- Las noticias de golf vienen repitiéndose. El diario local, el Augusta Chronicle, lleva editando el espacio para el Masters más o menos de la misma manera desde el año pasado: un Jordan Spieth rozagante, victorioso, ganador. Incluso contundente, como su triunfo en 2015, cuando se impuso con un récord de 270 (-18), tras imponerse de punta a punta. Pero ahora los editores se vieron obligados a modificar la pauta, porque Spieth sigue siendo el líder, aunque con una mueca preocupada. Tiene 213 golpes (-3) y lleva apenas uno de ventaja a 18 hoyos del final, un margen demasiado estrecho como para imaginarse hoy un paseo triunfal y su segundo título consecutivo en el Augusta National.

La foto del periódico cambió, evidentemente. Ahora lo enseña con un gesto atribulado, sobre todo por la forma en que concluyó su vuelta de 73 golpes (+1): bogey y doble bogey. Era indisimulable el tono de frustración de Spieth al caer la tarde; mientras respondía, su cabeza permanecía aún en esas pelotas que aterrizaron entre los árboles en los hoyos 17 y 18. En sus respectivos segundos tiros no pudo alcanzar el green, y alrededor de la bandera el negocio se le complicó aún más, sobre todo en el último capítulo. Es sabido que las caídas de esta cancha pueden sacar de quicio a quien no está acostumbrado a lidiar con ellas. En suma, fue un escenario inesperado para Spieth porque venía cómodo en la punta, hasta con una luz de cuatro golpes sobre sus perseguidores. Seguramente, el texano no se imaginaba que el torneo se comprimiría de tal manera y le daría posibilidades a muchos.

Si es por actualidad y jerarquía, Spieth continúa siendo el favorito para quedarse con el certamen: a los 22 años puede convertirse en el jugador más joven en obtener su tercer Major desde Gene Sarazen, que consiguió ese hito en 1923. Después de sus conquistas en el Masters y en el US Open 2015, este pupilo de Ben Crenshaw tiene un pie y medio en el Salón de la Fama del golf y juega para la historia. Así pergeñó él su carrera: con aires de grandeza. Pero habrá que ver su temperamento para afrontar un panorama que ya no es tan diáfano como en las dos primeras vueltas.

Como sucede casi siempre en el Masters, el tablero es de lo más heterogéneo tras 54 hoyos: presenta como inmediato perseguidor a Smylie Kaufman de 24 años y que en esta temporada ganó su primer certamen del PGA Tour, en Las Vegas. A dos golpes, el alemán Bernhard Langer, que lejos de desfilar como una gloria en Augusta (fue campeón en 1985 y 1993) mantiene su voracidad a los 58 años y puede transformarse en el campeón más veterano de la historia. Y en esa misma línea, a dos impactos de la vanguardia, el japonés Hideki Matsuyama, el golfista oriental más exitoso del momento y con dos consagraciones en la máxima gira. En realidad, el torneo sigue abierto para muchos, incluso para Ángel Cabrera y Emiliano Grillo, que se ubican en el lote de los primeros 16 y se atreven a soñar. Augusta no es tanto potencia; es saber dónde no se debe fallar, interpretar declives imposibles y tocar la pelota en el green como quien deja caer un pañuelo, porque las plataformas alrededor de la bandera son mármoles. La pelota, a veces, no deja de rodar y puede terminar en el agua.

Todo se complicó ayer con el viento, y una de las principales víctimas fue Rory McIlroy (77, +5), que salió en el último grupo con Spieth. Las banderas de los países del leadearboard principal flameaban furiosas; los números de los tableros gigantes esparcidos en la cancha se doblaban como una hoja; a más de una señora elegante se le volaba el sombrero y las copas de los árboles se bamboleaban rítmicamente. Fueron unas tres horas continuas en las que las ráfagas estropearon tiros y derrumbaron scores. Spieth no pagó tanto las consecuencias del viento en esos errores del cierre; fueron dos malas salidas desviadas a la derecha que lo obligaron a ingeniárselas entre los troncos, como si fuera un cazador furtivo que persigue su presa a escondidas. En aquel desempate del Masters 2009, Cabrera salió airoso del bosque del 18 donde se hundió Spieth; el Pato vio un hueco y encontró la mejor forma de enfocarse hacia el green. En cambio el texano, maniatado por la presión, quedó con el sinsabor de una obra inconclusa, pero por supuesto que no se rinde. "Estoy liderando el torneo después de 54 hoyos. Si me pronosticaban eso al principio de la semana, por supuesto que lo agarraba. Por eso es que tengo un mix de sensaciones", apuntaba este veinteañero que, jura, tiene más presión interna que externa. Su desafío por superarse a sí mismo no descansa. Y hoy sabrá hasta dónde llega su fuerza.

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