Jorge Valdano: "Todavía nos queda por ver lo mejor de Messi"

Claudio Mauri
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26 de noviembre de 2013  

Jorge Valdano dice que "uno cambia con el tiempo", aunque de aspecto, su delgadez, a los 58 años, es similar a la de su época de jugador. Durante estos días está sometido a una rutina de aviones, hoteles y cambios de ciudades que conoció en sus días de futbolista, entrenador y dirigente. Su escala en Buenos Aires es la del profeta de la palabra y el pensamiento. "Escribir siempre es un desafío", expresa Valdano, de visita para la presentación de su último libro (ver aparte). De aquí hasta el Mundial, entre conferencias , la atención de su consultora y los compromisos con medios de España, México y Colombia, Valdano asegura tener "la agenda completa". Siempre movilizado por el fútbol.

-Da la impresión de que toda tu evolución como intelectual del fútbol le fue quitando figuración al campeón del mundo de 1986. El futbolista quedó muy atrás, archivado.

-Bueno, eso se parece a mí. Yo soy muy poco nostálgico. De hecho, en mi casa no hay fotos de futbolista ni guardo camisetas de aquellos tiempos. Siempre entendí que la vida queda ahí adelante y que la nostalgia es un mal negocio.

-¿Nadie te armó un museo con tus recuerdos?

-No, me lo reprochan mis hijos. Siempre entendí que era lo más saludable. El fútbol tiene el peligro de que provoca emociones muy fuertes, y si uno se queda empantanado en esos días de gloria, luego la vida se hace muy larga. Soy de la idea de que el tiempo hay que ocuparlo de una manera creativa y que la vida siempre queda adelante.

-Cuando llegás a la Argentina y te enterás de que un equipo, Colón, no se presentó porque le debe siete meses de sueldo a su plantel, ¿te sorprende? ¿Cómo lo tomás?

-Es un signo de decadencia dentro de un fútbol que ha perdido vigor. Vigor organizativo, vigor futbolístico por la ausencia de los mejores jugadores, que están fuera del país. Hasta vigor formativo, diría. Cada día salen menos jugadores distintos. Creo que hemos retrocedido. La gente del fútbol argentino con la que mantengo contacto es muy crítica con respecto al entorno en el que se mueve. Deben administrar carencias de todo tipo, se hace muy difícil trabajar en esas condiciones, más allá de la impaciencia y de la imposibilidad de alentar proyectos que tengan una mínima continuidad, aunque esto último ya es un signo internacional.

-Hablás de que ahora los jugadores se van cada vez más jóvenes, pero vos emigraste a España con 19 años y no habías completado ningún proceso formativo.

-Eso es verdad, pero en mis tiempos yo fui una excepción. Hoy es la norma que a los chicos los eduquen para salir al exterior lo antes posible. Todo los empuja a otros mercados. Lo mío tuvo algo de aventura porque Europa, futbolísticamente, todavía formaba parte de lo desconocido. Hoy ya no es así. Yo llegué a Vitoria, en el norte de España, y me sorprendió que nadie se vistiera como Lola Flores. Era una ciudad donde llovía más de 300 días al año y hacía un frío de morirse. Fui a lo desconocido. Yo estaba dispuesto a aceptar la primera oportunidad que se presentara porque estaba un poco peleado con el nivel de desorganización que había acá. Ya había debutado en la selección mayor, había sido campeón del mundo en Toulon. Recuerdo una charla con Menotti en la que le pregunté cómo percibía él mi futuro. Me dijo que si me quedaba en la Argentina me iba a tener en cuenta para el plantel para el Mundial, pero que no me podía asegurar que al día siguiente siguiera siendo el entrenador. De hecho, cuando me llegó la oferta de Alavés, estaba concentrado con la selección, pero el fútbol argentino estaba en huelga. Nos entrenábamos sin la presencia del técnico. Todo eso me alejaba del fútbol argentino.

-En 1986 fuiste campeón del mundo y después te reinventaste en muchas otras funciones. Lo que no cambió es que Julio Grondona sigue siendo el presidente de la AFA.

-No hay sistema saludable si no es capaz de renovarse cada cierto tiempo. Eso lo sabemos desde las épocas de las grandes dictaduras, pero lo comprobamos también en la democracia. En el fútbol no tiene por qué ser distinto. Seguramente no es el único problema que tiene el fútbol argentino, pero es una prueba más de lo poco que se ha refrescado este juego en los últimos 30 años.

-Hace más de dos años que dejaste el puesto ejecutivo en Real Madrid. ¿Se extraña la gestión en un club, la adrenalina del día a día?

-No, sé vivir sin fútbol. Soy una persona muy apasionada por el fútbol, de hecho, miro muchos partidos. Pero no soy un obsesivo. Más bien soy una persona dispersa, por eso soy capaz de explorar tantas actividades. Además ya entendí que trabajar en Real Madrid, donde ya estuve como jugador, director técnico, director deportivo y director general, tiene algo de culminación profesional, pero no tiene que ver con la felicidad. Para mí, la felicidad pasa por otros parámetros, lo que no significa que no pueda volver algún día a Real Madrid ni que no haya disfrutado de todas las experiencias. Pero me parece hasta higiénico entrar y salir. Cuando uno entra, redescubre el fútbol y todo lo que el tiempo ha hecho con el juego. Y cuando uno sale recupera la perspectiva, es como que abre el gran angular. Viendo la montaña desde lejos recupera la capacidad de observación general.

-En Real Madrid fuiste contemporáneo de los tres primeros años (2008 a 2011) del Barcelona de Guardiola. Calculo que lo sufriste desde la competitividad, pero a la vez fuiste un admirador de un ciclo que marca una época.

-Sí, por un lado Guardiola fue una pesadilla porque lo sufrí desde la trinchera contraria, pero por otro lado fue una bendición para el fútbol porque supo innovar y apostó por la grandeza. Llevó el fútbol a otra dimensión, y como además lo hizo ganando, generó una tremenda influencia, que alcanzó a la selección de España y hasta se extendió al fútbol italiano, que tenía una gran obsesión táctica, y al alemán, que tenía una gran obsesión física. Me da la sensación de que a partir de Guardiola todo se abrió hacia un tipo de juego que le da más valor a la técnica colectiva. Uno puede ver el fútbol desde el escudo que defiende o desde el fenómeno que ama. Yo, desde el escudo que defendía me incomodaba tener a Guardiola enfrente, pero desde el fútbol que amo, me parecía que era algo sano. Uno desde el enemigo puede aprender. Eso de negar los valores del otro porque tiene una camiseta de otro color siempre me pareció un signo de mediocridad. Es una visión ajustada a la pasión del hincha, pero no la búsqueda a la que está obligado el profesional.

-Si esto lo hablaste en algún momento con Mourinho, seguro que no lo compartía.

-Claramente que no. Son dos tipos de pasiones. La de Guardiola es una pasión por el fútbol. La de Mourinho es una pasión por el resultado.

-Martino dijo que fue una falta de respeto pagar 100 millones de euros por Bale...

-No comparto la opinión de Martino. Real Madrid es una sociedad sin ánimo de lucro, tiene la capacidad de generar mucho dinero. Uno de los puntos que le dan atracción a Real Madrid son los héroes. Y una de las obligaciones estratégicas que tiene es la de la renovación de los héroes. Bale se adapta a esa política. Además, la palabra negocio asociada al fútbol nunca me dio miedo. El fútbol como juego tiene la pureza del deporte, pero como industria es necesario que respete la ley más elemental, que es la de ingresar más dinero del que se gasta. El Madrid eso lo sabe hacer, incluso comprando a Bale.

-Hay mucho revuelo sobre las últimas lesiones que sufrió Lionel Messi. ¿Vos qué lectura hacés?

-Hago la lectura más simple de todas, porque creo que eso nos ayuda a no volvernos locos. Alrededor de las lesiones de Messi surgieron decenas de teorías. La mía es que está cansado y que eso se cura descansando. Si no desafía los plazos de recuperación establecidos, seguramente llegará al Mundial en las mejores condiciones.

-Fuiste compañero de la consagración de Maradona con 25 años en México 1986. Messi va a cumplir 27 en Brasil 2014. ¿Este debería ser su Mundial?

-Está en la plenitud de su carrera, de eso no hay ninguna duda. Todavía nos queda por ver lo mejor de Messi. Y este Mundial es en el que más esperamos de él. También podría ocurrir que explote en el Mundial siguiente, como le ocurrió a Pelé en 1970, que lo jugó al borde de los 30 años.

-¿Notás que desde la capitanía y lo futbolístico Messi transmite un liderazgo como antes no ocurría?

-Los genios son líderes aunque no quieran. Messi ejerce una tremenda influencia en los compañeros, los llena de confianza sólo con su presencia. Y además intimida a los adversarios sólo estando. Eso lo convierte en un gran líder, porque además pide la pelota, es valiente, atrevido, generoso. Tiene todas las condiciones que uno puede pedirle a un líder.

-¿Le adjudicás algún mérito a Sabella en esta evolución de Messi en el seleccionado?

-Para mí es una evolución natural. Messi siempre fue el mejor de la selección. Hacer responsable de los defectos de un equipo echándole la culpa al mejor me parece una muy mala idea. Es verdad que en este último tiempo mejoró el equipo y con él también la prestación de Messi. Pero yo nunca percibí a Messi como un problema. Y me atrevo a decir que la opinión pública argentina tampoco. Fue más un debate de los medios de comunicación que de los hinchas.

-Hace poco dijiste que el mejor del mundo era Messi y que el segundo era Messi lesionado.

-(Interrumpe) No, yo tendría que escribir un libro sobre las frases que me asignan y no dije. Ésta es una de ellas. En esa frase inventada hay una falta de respeto implícita a Cristiano Ronaldo que yo jamás cometería, porque yo le tengo mucha admiración a Ronaldo.

-¿Con esto querés decir que el Balón de Oro de este año debería ser para Cristiano?

-Esto no atenúa la altísima consideración que tengo sobre Messi, pero si algo se demostró en estos últimos meses es que para competir contra Cristiano hay que estar en las mejores condiciones. Por su personalidad, ambición y deseo de perfección, Cristiano no te permite ninguna relajación.

-Entonces, este Messi con más lesiones que en temporadas anteriores abre un hueco para que Cristiano sea el mejor de 2013.

-Sí, es así, si uno no juega, ese lugar vacío lo ocupa el segundo en la escala. Y ese jugador es, sin dudas, Cristiano. Se habla de Ribery, que fue el mejor jugador del mejor equipo del mundo de la temporada pasada, pero esto no es una regla de tres simple. El mejor del mundo es Messi y, a poca distancia, Cristiano Ronaldo.

-Volviendo al seleccionado, hay un debate sobre los riesgos de desestabilización que corre cuando Di María, Messi, Higuaín y Agüero comparten la formación. ¿Vos desarmarías lo mejor que tiene el equipo para tratar de mejorar lo que le falta?

-Depende del funcionamiento. Si eso es proponer un 4-2-4, vamos a meter en un problema a los dos mediocampistas, el equipo se va a dispersar. De todas maneras, si Di María, que tiene todas las condiciones de un buen atacante, además cumple las obligaciones de un buen centrocampista, el problema se atenúa. Entiendo las dudas de Sabella. Entre otras cosas, porque atrás, el equipo todavía no ofrece las suficientes garantías.

-Seguimos en el dilema.

-Los cuatro jugadores que mencionaste tienen una categoría muy superior a sus compañeros de otros sectores. Sólo Mascherano es capaz de igualarlos en nivel. En la defensa no se ve un jugador con don de mando y capaz de imponer un cierto orden alrededor. Sabella, en el mes previo al Mundial, va a tener que trabajar mucho en el funcionamiento. No hay un Passarella, un Ruggeri, gente que a grito limpio sea capaz de despertar a los compañeros y de organizar los momentos comprometidos de un partido.

-Sabella y Messi coinciden en que Brasil, España y Alemania son los favoritos en el Mundial ¿Agregás o quitás alguno?

-Agrego a Italia y a la Argentina. El equipo en el que juega Messi no puede no ser favorito. Veo como revelaciones a Chile y Colombia. Les otorgo un protagonismo grande a los equipos sudamericanos al jugarse en Brasil. Al futbolista europeo le incomoda mucho el clima brasileño y hasta las condiciones del terreno de juego.

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