La Argentina finalmente jugó el partido del golpe por golpe

Marcelo Gantman
Marcelo Gantman PARA LA NACION
Terminó caótica y sin consistencia. Pero el cierre no abarca la totalidad
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25 de junio de 2014  • 16:25

Las maravillas de Lionel Messi quedaron un poco lejos para cuando el árbitro Nicola Rizzoli marcó el final del partido. La Argentina terminó caótica y sin consistencia. Pero el cierre no abarca la totalidad. El seleccionado tuvo un rendimiento superior a los encuentros contra Bosnia e Irán.

Finalmente llegó el partido que más se pareció al Mundial imaginado: contundencia en ataque y fragilidad atrás. Si el rival hace dos goles, la Argentina convierte tres. Llegó en un choque contra Nigeria sin riesgos mayúsculos. Pero lo que se vio fue una actuación a la intención de su propuesta: resolver con jerarquía individual y padecer por funcionamiento colectivo.

Messi tranquilizó dos veces a un equipo que fue sacudido por la pronta respuesta de Nigeria en cada uno de los empates. A su genialidad le salió como contraste las dificultades defensivas. Nada que no se supiera por anticipado.

La salida de Messi cuando faltaba todavía media hora de juego dejó al equipo más desnudo, sin tono muscular, muy largo y pendiente de las corridas de un Di María agotado y sin frescura para estirar la diferencia. Lavezzi fue un valor destacado para desequilibrar por las dos bandas.

El equipo jugará en San Pablo. Sigue en la parre invernal del Mundial. Cuando Messi no estuvo fue una experiencia para tomar en cuenta. Su influencia es definitiva. Un crack al que siempre se le pide más porque está en condiciones de darlo.

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