La arrogancia y lo popular, a la francesa

Hernán Campaniello
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27 de abril de 2015  

PARÍS.- Desde el primer cruce en 1971 entre el campeón de Francia, Olympique de Marsella, y el recién ascendido y novel Paris Saint Germain, cada duelo sobrepasó el marco deportivo para abarcar un aspecto cultural y casi sociológico. Un partido entre OM-PSG es un choque entre Norte y Sur, provincia contra capital, entre la arrogante París y la popular Marsella, una oposición de acentos, costumbres y climas.

Fue a inicios de los 90 cuando el "Derby de France" tomó otra dimensión con el desembarco casi simultáneo del empresario Bernard Tapie en la presidencia del Marsella y de la cadena Canal+ al frente del PSG, quienes impulsaron la rivalidad al bautizarlo Le Classique.

La adquisición del PSG en 2012 por Qatar Investment Authority convirtió de prepo a los parisienses en el equipo más poderoso de Francia y le permitió acortar distancias en el historial con su rival. Los marselleses se jactan en sus cánticos que, a pesar de una bancarrota y un descenso, son el equipo más grande del país ante un club nuevo que vendió su alma. Y muestran ser el único representante francés en haber ganado la Liga de Campeones (1993).

Marsella es la ciudad francesa que vive el fútbol con mayor pasión. El equipo que hoy, entre vaivenes, dirige Marcelo Bielsa, disfruta de su remodelado Stade Velodrome en un ambiente popular, donde el fervor se luce en la originalidad de los cantos. A orillas del Mediterráneo, la previa del clásico que, al ser siempre por la noche, coincide con el horario del aperitivo, se acompaña con pastis y la especiada merguez (choripán local).

En el Parque de los Príncipes, el ambiente es más VIP que popular, donde ex presidentes, estrellas del espectáculo y empresarios se dan cita en los palcos del estadio parisiense para cenar con champagne y en las tribunas las pintas de cervezas se suceden en el exigente y ciclotímico ambiente capitalino.

En la actualidad, el bombardeo mediático afianzó a Le Classique como el partido más importante del torneo, pero sólo atrae la atención de los futboleros, sin contagiar al resto de los franceses.

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