La caída de Kahn

Fue la gran figura de Alemania en todo el torneo y el principal sostén de su equipo hasta la final, pero un grosero error suyo le permitió anotar el primer gol a Ronaldo y que Brasil se llevara el título
Fue la gran figura de Alemania en todo el torneo y el principal sostén de su equipo hasta la final, pero un grosero error suyo le permitió anotar el primer gol a Ronaldo y que Brasil se llevara el título
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30 de junio de 2002  • 11:19

YOKOHAMA.- Hundió la cara contra el césped. Oliver Kahn sintió que el mundo se le venía encima. El, el alma del equipo alemán, acababa de darle un gol servido a Ronaldo y el pentacampeonato a Brasil. El, que sostuvo más que nadie el andar de Alemania para llegar a la final, tuvo una equivocación que, seguramente, será más recordada que todo lo bueno hecho hasta aquí. Oliver Kahn, el héroe teutón, es ahora el culpable de su caída.

Iban 21 minutos de la segunda etapa. Ronaldo robó una pelota en la salida de Alemania, tocó con Rivaldo y éste disparó; Kahn, que pareció que iba a embolsar el balón, terminó por perderlo y se lo dejó a Ronaldo, que entró a la corrida para marcar el camino al pentacampeonato. El arquero quedó tendido en el piso.

Fue su único error del partido. Quizás haya sido el único de todo el torneo. Y en ese duelo que desde el arranque del partido sostuvo con Ronaldo, la gran figura de su rival, acabó derrotado por una falla propia.

En el primer tiempo le había ganado el choque al delantero brasileño. Tres veces se pusieron frente a frente, y en las tres salió victorioso Kahn. Parecía que era más fuerte que el atacante del Inter. Si hasta la torcida lo abucheaba cada vez que tenía la pelota en sus pies o en sus manos, como queriendo rechazar aquello que temían.

En el primer encuentro, Ronaldo definió apresurado, con la cara exterior del pie izquierdo, y la pelota se fue desviada; en la segunda, entrando por el centro del área, no alcanzó a controlar el balón, y el arquero lo tapó abajo, y en la última de esa etapa desvió al córner un remate fortísimo del delantero.

Pero luego llegó aquel error y la caída. Ya poco importa que él haya sido el sostén de Alemania en todo el Mundial. Y, para colmo, Ronaldo lo volvió a fustigar con otro gol. Por eso la decepción de Oliver Kahn en el final. Se quedó en su arco, buscando respuestas que no tenía. Recibió, primero, el saludo de Linke; sus compañeros fueron pasando uno a uno para consolarlo, pero nada lo sacaba de su sensación de frustración. Si hasta el árbitro Collina y el brasileño Cafú fueron a saludarlo. Pero no hubo caso. Oliver Kahn, el otrora héroe alemán, se convirtió en la causa de su derrota. Y ese estigma no se le borrará con facilidad.

Para la FIFA fue el mejor arquero

YOKOHAMA (De nuestros enviados especiales).- A pesar del error en la final, el alemán Oliver Kahn fue elegido como el mejor arquero del Mundial y fue distinguido con el premio Yashin 2002. El trofeo honra la memoria del guardameta ruso Lev Yashin -conocido como La Araña Negra-, una figura destacada en las Copas del Mundo entre 1958 y 1966.

La distinción nació en 1994; en aquella ocasión la recibió el belga Michel Preud’Homme. En el Mundial de Francia 98, el mejor arquero fue el francés Fabien Barthez.

El tetra debe esperar

YOKOHAMA, Japón (De nuestros enviados especiales).- El sueño estuvo muy cerca. Doce años sin títulos parecían suficiente para Alemania, que no festeja un campeonato del mundo desde aquella recordada final de Italia 90, frente a la Argentina. Y ésta parecía la gran oportunidad para recuperar viejos laureles. Pero la ilusión por conseguir el tetracampeonato deberá esperar cuatro años más; en 2006, tendrá otra gran posibilidad de local. Ahora, todo es decepción.

Nunca satisfizo los paladares futbolísticos más exigentes este equipo germano. Sin una figura brillante, apenas solventado por la hasta hoy extrema seguridad del arquero Oliver Kahn, no estaba entre los candidatos a la hora de los pronósticos. Ni siquiera la histórica goleada del debut, por 8 a 0, frente a Arabia Saudita generó mayores expectativas en el conjunto de Rudi Völler.

Los detractores del juego de Alemania tienen buenos argumentos para sostener su posición. En la primera rueda apenas empató con Irlanda y venció -no muy claramente, por cierto- a Camerún.

Luego, en las etapas siguientes, eliminó sucesivamente a Paraguay, Estados Unidos y Corea del Sur sólo por 1 a 0 en los tres partidos. Y en muchas ocasiones fue superado por el rival.

Pero Alemania ganaba y se forjaba su camino hasta la final. Y si se le había dado hasta aquí, todo hacía pensar que podría dar el paso final. Pero allí apareció Brasil, para ahogarle el cuarto grito mundial. Ese que ya había dado en Suiza 54, Alemania 74 e Italia 90. Para Alemania, el tetra deberá esperar cuatro años más.

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