La Copa Davis es roja...y anaranjada

Marcelo Gantman
Marcelo Gantman PARA LA NACION
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6 de diciembre de 2009  • 17:14

Rafa Nadal llegó a Barcelona, luego de su olvidable Masters en Londres, con las mismas necesidades que el viajero que cruza el desierto y encuentra el oasis. Pero sin su cansancio. Nadal precisaba de la final de la Copa Davis en el Palau Saint Jordi porque ahí podía conectar nuevamente con su esencia como tenista. Nadal, el anterior Rafa, era un tenista que desde el polvo de ladrillo construyó un perfil de jugador guerrero y furioso que no paró hasta desplazar a Roger Federer del primer puesto del ranking y hasta arrebatarle una vez Wimbledon y no salir de ese césped hasta que fuera de noche si era necesario. Nadal ya no es eso y nadie se anima a decir que no lo será nunca más.

Por eso, para él, ganar la Copa Davis de local significa pisar sobre seguro. Nada como el polvo de ladrillo para sentirse otra vez en casa. Un pez en su pecera.

Pocas veces como en este caso el éxito de un equipo tenístico tiene tanto que ver con un tipo de cancha. Una superficie de placer para que España gane su cuarta Copa Davis en menos de diez años. La segunda consecutiva y con cuatro series como local: Serbia 4-1, Alemania 3-2, Israel 4-1 y República Checa 5-0. España hizo de sus partidos en Madrid, Barcelona, Málaga, Sevilla, Benidorm y otras sedes donde ser local significa ser regional, una identificación total con lo que implica ser tenista español. Podremos decir mucho sobre la cohesión de los conjuntos españoles con jugadores que provienen de las diferentes cocinas de la rica gastronomía ibérica. Podremos estar horas debatiendo sobre "porque ellos sí y nosotros no...", para comparar experiencias y sentirnos frustrados, el deporte que mejor nos sale. Pero los números de España en la Copa Davis tienen una contundencia lógica: llevan ahora 18 series consecutivas ganadas en polvo de ladrillo. La última vez que España perdió como local fue en 1999 cuando el brasileño Gustavo Kuerten era número uno del mundo y pudo despachar solito a Carlos Moyá y Alex Corretja .

La identificación de la selección roja con la cancha anaranjada es parte del secreto evidente para fortalecer el liderazgo en la Copa Davis en el período 2000-2009. Un viaje que arranca con Albert Costa como uno de los singlistas campeones en Barcelona

hace nueve año y ahora sentado, en el mismo lugar, pero sin saltar a la "pista" cuando el

árbitro lo ordena. Quizás lo que podamos destacar de España es que siempre privilegió

su virtud en lugar de intentar explotar el defecto ajeno. Justo cuando el tenis mundial discute que cabida tendrán los torneos de cancha lenta a partir de 2011, con la posibilidad concreta de enlazar un circuito sudamericano en cemento, España se golpea el pecho y de su corazón sale polvo de ladrillo. Hizo una cancha a un costo de 100 mil euros para que 5mm de 200 toneladas de polvo esparcidas por el court, le dieran sentido al tenis de Nadal y David Ferrer, quien volvió de la muerte en su partido con Radek Stepanek.

También eso: España ganó 5-0 pero con sus sustos. Nadal sacó 4-5 y 0-30 con Tomas Berdych en el primer punto. Y Ferrer reaccionó con dos sets en contra para luego ganarle 8-6 en el quinto a Stepanek, el último exponente del tenis artesanal. Esos datos sueltos, sellado un 5-0, parecen irrelevantes. En plena dinámica de una Copa Davis hacen la diferencia entre caer al abismo y sortearlo.

El candado al match lo pusieron Feliciano López y Fernando Verdasco, los héroes españoles de Mar del Plata 2008. Aquella vez emergieron como el reaseguro de un equipo que se desarticulaba. Ahora jugaban contra Stepanek-Berdych con un 2-0 en el resultado global que no los exponía demasiado y al resguardo de Rafa Nadal, que como un superhéroe deportivo, estaba listo para rescatarlos al día siguiente si hacía falta.

Las piruetas de Stepanek con su tenis de túnel del tiempo (bellísimo, eso sí) y algún palazo muy de cuando en cuando de Berdych, los complicaron dos sets para luego ya no distraerlos más.

¿España gana por qué son todos amigos? No lo sabemos, pero seguramente no. Ganan porque son compañeros y eso sí lo sabemos. Pero España gana, sin duda alguna, porque sabe que el polvo de ladrillo la hace casi invencible y no se mueve de ese "choice ground" salvo cuando la sacan de España. En todo caso, si algo hay que aprender de la experiencia española, debe ser como concordar en lo que más le sirve a un equipo en cada momento. Eso puede ser una superficie, una presencia o una ausencia. A veces es bueno que los mejores no sean sacrificados en series menores: Nadal, por caso, no juega todas. A veces hace falta que los mejores estén sin chistar. España enseña que la rigidez, la falta de negociación y las verdades inmodificables no llevan a buen destino. Y que siempre, pero siempre, el tenis se decide adentro de la cancha. Por eso la roja, en realidad, es anaranjada. Que los de enfrente se sacudan el polvo.

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