La delgada línea entre el bien y el mal

Por Juan M. Trenado
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31 de diciembre de 2001  

Las excusas de los deportistas que incurrieron en doping en 2001 se escucharon como en otros tiempos. Pero la diferencia es que los más diversos argumentos para demostrar la inocencia encontraron este año valiosos sustentos científicos y hasta obligaron en algunos casos a reducir sanciones y en otros a levantarlas, directamente.

El caso más resonante fue el de la atleta Olga Yegorova, que dio positivo de EPO (eritropoyetina). La complejidad para detectar si esta sustancia fue ingerida para obtener ventajas o generada naturalmente favoreció a la rusa. A esto se le sumó el desliz que cometió la Federación Internacional de Atletismo al sancionarla sólo con la prueba de orina y sin tener la confirmación con una muestra de sangre.

Acorralada por los argumentos legales, la IAAF debió dar marcha atrás, pero ¿Yegorova era inocente? La rusa participó finalmente en el Mundial de Edmonton y se impuso en los 5000 metros. El público canadiense fue el encargado de dar su veredicto en este juicio y despidió con abucheos a la ganadora.

La Argentina también se vio involucrada de cerca con el tema, con Juan Ignacio Chela (metiltestosterona), Solange Witteveen (pemolina) y Guillermo Coria (nandrolona), sustancia esta última que sacudió al fútbol europeo y dejó expuestos a los holandeses Davids, Stam y Frank de Boer, al portugués Couto y al español Guardiola. Como ejemplo, la producción endógena de nandrolona no supera el 0,5 nanogramo por mililitro de orina. A De Boer le encontraron 8,6 nanogramos.

Es un secreto a voces que la política del doping de la alta competencia tiene sus propios laboratorios trabajando para suministrar, controlar, eliminar las dosis y mantenerlas siempre dentro de los límites permitidos. Pero se dijo que consumir carne de cerdo podría elevar los índices de nandrolona, algunos acusaron a las empresas encargadas de fabricar los medicamentos y denunciaron que incorporan nandrolona a los suplementos vitamínicos para aumentar la sensación de bienestar y activar la venta de los productos.

Hay deportistas que eligen el camino de la droga; algunos habrán sido engañados por sus médicos o preparadores físicos, otros compraron medicamentos con irresponsabilidad. Podrán decir lo que quieran, pero el solo hecho de permitirse jugar con la barrera que separa lo legal de lo ilegal ya los convirtió en culpables.

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