La Dolfina: el festejo más especial de un campeón que siempre aparece

El equipo celebró en Cañuelas su cuarto Palermo en cinco años, el que más le costó
Xavier Prieto Astigarraga
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14 de diciembre de 2009  

Fue un festejo como nunca para celebrar lo de siempre. La Dolfina se coronó en Palermo por cuarta vez (2005, 2006, 2007 y 2009) en cinco años, pero las sensaciones, lejos de aplacarse por acostumbramiento, se potenciaron. Luego del sufrido y vibrante 17-16 sobre Ellerstina, definido por un gol de oro de Mariano Aguerre en la primera final de 80 goles de la historia del Campeonato Argentino Abierto, el nuevo-viejo monarca viajó hacia Cañuelas para cumplir el rito de comer en La Parrilla, contigua a la ruta 205. Pero se marchó temprano: esta vez seguiría en un boliche. La ocasión lo merecía.

A las 2.20 partieron hacia Urban Disco, un local de baile del centro de esa Tierra de oportunidades, como reza el eslogan de Cañuelas. No se cerró el boliche para ellos, en absoluto: los jóvenes que acudieron a pasar su madrugada de domingo, arengados por el disc-jockey, se prendieron en saltos y cantos para celebrar el éxito de sus coterráneos.

Estaba Aguerre, feliz como pocas veces y de los más fervorosos para el baile. El único de los cuatro que vive en General Rodríguez estaba acompañado por Tatiana Pieres, su señora y hermana de Gonzalo y Facundo, los delanteros de Ellerstina, por quienes sufrió cada vez que alguien, en la tribuna Dorrego lateral, los increpaba. Estaba Monteverde con su fiel Loli López, que en los palenques casi no había mirado la final por estar rezando y rezando. Estaba Adolfito con María Vázquez, que se fueron algo más temprano por un fuerte dolor de cabeza de Dolfi. Estaba Lolo Castagnola, cuya esposa, Camila Cambiaso (hermana de Adolfo), llevó desde el baúl del auto la imponente The Championship Cup, que al aparecer en el boliche redobló los saltos, gritos y fotos.

Junto a ellos, Naco, Jota Chavanne, Janiro y un montón de otros y colaboradores que, a su modo, también eran campeones de Palermo, en el año que venía más oscuro. Era, entonces, algo como para festejar. Hasta que las velas no ardieran.

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