La Dolfina siempre va a tener un desafío a mano

Claudio Cerviño
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26 de diciembre de 2009  

Allá por abril de 2005, en el Club Centauros, recién llegados de Palm Beach, Mariano Aguerre y Lucas Monteverde empezaban a contar sus ilusiones como partes del nuevo proyecto de La Dolfina. Aguerre volvía a reunirse con Adolfito Cambiaso y con Lolo Castagnola, con quienes había ganado un par de Abiertos de Palermo con Ellerstina. Para Monteverde, todo era nuevo: el salto de calidad con el que todo polista sueña, ir a un equipo de punta. Y una incógnita en cuanto al rendimiento. Decía Aguerre: "Este equipo va a tener buena onda y eso es importante. Pero también yo advierto una motivación en Cambiaso y Castagnola que hacía años que no la veía; ese entusiasmo y deseos de ganar y organizarse que son contagiosos".

Cinco años después, la resultante fue elocuente: cuatro conquistas sobre cinco finales, con una sola derrota en La Catedral. Se suele hablar bastante de Cambiaso, pero La Dolfina demostró que es bastante más que su líder, que su crack. Le costó algunas temporadas consolidarse (2000 a 2004), encontrar el punto justo de organización, hasta que llegó el tiempo de cosechar.

Hoy, la vida le impone a La Dolfina nuevas metas. Aguerre decidió dar un paso al costado. Una decisión difícil para un jugador híper competitivo. Tomando unos días descanso junto al mar, repasará los inolvidables momentos que su carrera le dio: ganó Palermo ocho veces y con tres camisetas; obtuvo el reconocimiento de la gente, que lo sabe un profesional con todas las letras. Elegir el próximo destino no será tarea sencilla para un campeón que quiere jugar siempre por algo.

Eso por un lado. Porque hablábamos de las nuevas metas de La Dolfina. Cambiaso suele tener ideas revoloteando por su cabeza. Una de ellas, que lo ataca de tanto en tanto, es la de parar una temporada. Lo ha hecho con sus compromisos en el exterior: a veces no va a Estados Unidos y ello le permite recargar baterías. Pero faltar en la Triple Corona... No para desde el ?92. Le gusta competir, le gusta ganar. Se siente bien acompañado. Confía ciegamente en Castagnola; se sorprende cada día más con Monteverde: sabe que encontraron un tipo que tiene una pasta especial para las finales, que no le pesan el marco ni las responsabilidades.

De todas maneras, arranca otra etapa. Los caminos conducen a Pelón Stirling, hombre que esta temporada confirmó todo lo bueno que hizo en el exterior en los últimos tres años. Reemplazar a un jugador de la talla de Aguerre tiene sus dificultades, pero la renovación, con la frescura que aportan los cambios después de etapas prolongadas, y las aptitudes del uruguayo pueden allanar el camino. Y habrá un desafío adicional, de esos que le gustan al equipo: está otra vez en 39 goles...

ccervino@lanacion.com.ar

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