La esperada comunicación con Joseph Blatter

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30 de marzo de 2000  

LA HABANA (De un enviado especial).- El sol pegaba tan fuerte como sólo puede hacerlo en esta parte del planeta a las tres y media de la tarde. Adentro, en la casa número 2 que habita la familia Maradona en el complejo de salud Las Praderas, el aire acondicionado hacía más llevadero el momento. Además, la atención de todos estaba puesta únicamente en el partido España-Italia, que se podía ver gracias a una de las antenas parabólicas que adornan el jardín del confortable pero sencillo lugar. En eso sonó, una vez más, el teléfono celular de Guillermo Cóppola. Diego, tan acostumbrado, ni se sobresaltó... Sí, un poco, cuando su manager le dijo de qué se trataba: "Es Eduardo de Luca, está con Joseph Blatter, que te quiere hablar...". Diego, que estaba recostado en un sillón de dos cuerpos, justo frente a la TV, hizo un rápido gesto de aprobación. Y atendió...

Después del saludo inicial, del deseo sincero de mejoría -a lo que Diego respondía "mmm... mmm" sacudiendo la cabeza afirmativamente-, el presidente de la FIFA lo sorprendió con un recuerdo, el hecho de haber iniciado, de alguna manera, la carrera internacional juntos, en Japón 79. Después, escuchó atentamente las propuestas de quien fue su archienemigo durante mucho tiempo y, con humildad y agradecimiento por el llamado, le aceptó: "Yo también... también quisiera hablar con usted y hacer una reunión en Zurich para limar algunas cosas que tenemos pendientes, señor Blatter...". Enseguida, acotó: "Sí, sí, del futuro, claro...". Y siguió: "Ojalá se pueda dar lo antes posible, porque yo lo estoy necesitando y creo que sería muy bueno para todos que nos sentemos y hablemos, para el bien de los futbolistas". Por fin, se despidió: "Y muchas gracias, muchas gracias por el llamado".

Luego tuvo oportunidad de agradecerle el contacto a De Luca y, también, de hablar con Grondona. "Empezamos una buena batalla, Julio", le dijo, y podía estar refiriéndose con eso tanto al nuevo desafío de sentarse a conversar y negociar con los dueños del fútbol como al partido que se venía en el Monumental. En el saludo final dejó la puerta abierta: "Sí, me parece bien, para limar asperezas y darle para adelante... Un beso grandote y salúdeme a la selección, ¿eh?".

Cuando cortó, la cara le irradiaba felicidad. La FIFA, al fin, se había acordado de él. El les respondía con grandeza, en medio de su lucha que va más allá de las canchas de fútbol. Ya era tiempo...

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