La fidelidad con el éxito

Cristian Grosso
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29 de marzo de 2000  

Los hinchas permanecen expectantes, como siempre. Si se trata de fútbol, la paciencia de la gente camina por la cornisa y según el resultado de ocasión se deja seducir por el triunfalismo o por la intolerancia. Decir que el seleccionado está lejos de la gente es una apresurada afirmación que rápidamente también se desvanece ante un estadio Monumental lleno, como el de esta noche. Sí es verdad que el equipo de Marcelo Bielsa no despierta alocadas adhesiones. Este conjunto aún no se ganó un lugar en el corazón de los hinchas.

Pero que algo quede claro: la selección argentina, más allá de los nombres de su transitoria conducción, tiene entidad y convocatoria propias. Por eso la concurrencia de esta noche y las generales agotadas al segundo día de venta. Cuando la Argentina debutó en las últimas eliminatorias para Francia 1998, el 24 de abril de 1996, ante Bolivia (3-1), 49.750 personas vieron el partido en Núñez. Una cifra similar a la de hoy. La gente nunca llegó a respaldar fervorosamente a aquel conjunto de Daniel Passarella; sin embargo, el promedio de asistencia a través de los ocho partidos como local alcanzó los 50.434 espectadores.

Pero, ¿por qué no se identificó aún la gente con la formación de Bielsa? Se debe buscar en un abanico de factores. La base del equipo juega en el exterior, entonces ojos que no ven... El entrenador se muestra poco, no es carismático, nunca lo conoció el gran público porque no dirigió ningún club de los denominados grandes, y tampoco cuenta con el respaldo de una historia como ex futbolista. Y, además, este seleccionado sólo ha jugado tres veces en el país (0 a 0 con Lituania, en Vélez; 2 a 0 con Brasil, en el Monumental, y 2 a 1 con Colombia, en Córdoba) de los 16 encuentros que ya suma el ciclo. La posibilidad de acercamiento ha estado limitada.

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Vuelta al principio. Los resultados, que despiertan complicidad hasta por conveniencia por la sola razón de pertenecer al Club de los ganadores, tampoco acompañaron. La Copa América de Paraguay, con la temprana eliminación ante Brasil en los cuartos de final, generó desilusión. Tal vez en las eliminatorias sudamericanas aparezca el romance. Bielsa está convencido de que se puede ganar y jugar bien, un cóctel que sería atractivo para reclutar seguidores. Los simpatizantes siempre esperan eso, pese a que como el mismo técnico asume, "la gente tiene una vinculación con el triunfo muy marcada".

"El hincha reclama estilo, pero también que ese estilo le permita el triunfo. Antes el recorrido era más reconocido que la consecuencia final. Ahora si no hay éxito, aun si los caminos han sido agradables, el público no es tolerante", analizó Bielsa. El técnico reconoce las reglas del juego. Parece injusto, incluso quizá lo sea, pero es así. El DT ha reiterado el pedido de participación de la gente, pero sin desconocer que será la producción del equipo la que genere el grado de compromiso de los hinchas. Bielsa ha hecho su parte al disponer una alineación bien ofensiva para esta noche. Ahora falta la complicidad de los futbolistas.

El hincha es exitista por naturaleza. Si la gambeta de Ariel Ortega, los quites de Roberto Ayala, las atajadas de Roberto Bonano, el coraje de Diego Simeone, los desbordes de Claudio López y los pelotazos de Juan Sebastián Verón terminan en goles de Gabriel Batistuta, y los tantos del delantero de Fiorentina sirven para derrotar a Chile... el público se marchará satisfecho. Se hablará del feeling recuperado y de cosas por el estilo, pero en realidad se tratará de un ejemplo más de la exacerbada fidelidad con el éxito.

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