La FIFA defiende a los árbitros

Los dirigentes se sienten perseguidos por la trascendencia que tomaron los malos arbitrajes y deslindan responsabilidades
Daniel Arcucci
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25 de junio de 2002  • 11:57

SAITAMA, Japón.– “1. La final de la Copa del Mundo Corea-Japón 2002 se jugará en Yokohama, tal como estaba agendado el partido”. Tan perseguida está la FIFA –con la cola entre las patas, se diría en el pueblo– que se siente obligada hasta a salir a confirmar lo obvio. El comunicado llegó a todos, tal cual, con la firma del propio presidente Joseph Blatter, y tenía un encabezado – “Insistentes rumores requieren que reitere lo siguiente”– y también un segundo punto, francamente más candente: “2. Cualquier acusación de conspiración en favor de Corea del Sur es desmentida absolutamente”.

Lo cierto es que, por estas tierras, no se habla de otra cosa que no sean los malos arbitrajes que han empañado a la Copa del Mundo. Las palabras van y vienen, como los rumores y las versiones, las declaraciones y las desmentidas, pero la marea ya es imposible de detener.

El presidente de la Comisión de Arbitros, el turco Senes Erzik, también se sintió con la necesidad de decir algo. Y lanzó un comunicado. En el arranque, una suave introducción al tema: “Todo comenzó con el primer partido, con el orgullo de los campeones del mundo lastimado –algo comprensible– y los medios comenzaron a percibir que ésta podría ser una Copa del Mundo con resultados totalmente inesperados”.

Para seguir, una embestida contra la prensa: “Repentinamente, sin embargo, un segmento de los medios ha cambiado, dejando de celebrar estos resultados inesperados y desafiando su corrección, al intentar explicarlos con acusaciones falsas sobre algún tipo de conspiración. Y los árbitros, que durante los primeros partidos no habían estado bajo discusión debido a su excelencia, se encontraron repentinamente con que su imparcialidad estaba sujeta al más brutal e injusto escrutinio”. Enseguida, una mano para los suyos: “Deseo expresar mi apoyo constante a todos los árbitros y los auxiliares –incluyendo los que ya han vuelto a casa– y mi total creencia en su integridad”.

Después, un alegato: “No podemos no hacer caso del hecho de que algunos otros deportes han sufrido la ignominia de la corrupción en años recientes. Pero el fútbol es un deporte que no se presta a tal falta de honradez. Cualquiera que realmente sabe del juego, la gente implicada en él, sabe en sus corazones que esto es verdad. Y que los mecanismos de control están en su lugar. Para los árbitros no hay equipos pequeños y equipos grandes. No hay favoritos ni extranjeros. Los equipos comienzan cada partido como iguales. Ningún árbitro alcanzaría nunca el pináculo de su carrera, la Copa del Mundo de la FIFA, sin integridad completa. Y esa es una de las características fundamentales del árbitro”.

Para el cierre, un tenue mea culpa y una encendida defensa: “Reconozco que pudo haber habido errores en algunos partidos. Están en cada acto de la vida. También reconozco que estas decisiones pudieron haber causado una decepción enorme a los equipos implicados. Con todo, todavía mantengo que el nivel de los arbitrajes en sesenta partidos ha sido hasta ahora alto y cuenta con la satisfacción de la Comisión de Arbitros de la FIFA”.

Todo está muy bien, parece, pero son ellos mismos quienes están hablando de cambios, ahora. Lo reconoció el propio Blatter: “Estamos trabajando sobre una idea de Michel Platini, que vamos a experimentar el próximo año, en uno de los cuatro torneos mayores organizados por la FIFA: la presencia de un cuarto árbitro. Este estará situado tras los arcos y podrá desplazarse por la línea de fondo, para descubrir las irregularidades en el terreno de juego. Así, los árbitros asistentes deberán concentrarse sólo en los off-sides”. Todo está muy bien entonces, pero algo va a cambiar.

A Blatter, Corea le sienta bien

Saitama, Japón (De nuestros enviados especiales).– Mientras en la capital japonesa no se hablaba más que del terremoto que sacudía la lucha interna de la FIFA, el presidente Joseph Blatter viajaba hacia Seúl para presenciar la primera de las dos semifinales, entre los locales y Alemania. El suizo no ahorró elogios para los anfitriones. “Son la mayor sorpresa”, dijo, y elogió su fuerza y su madurez táctica: “Mientras más avanza el torneo, mejor juegan”.

También se mostró impresionado por el buen estado físico de los coreanos y por la forma en que encaran los partidos más trascendentales. “Juegan con más de 11 jugadores, porque el público está siempre detrás de ellos. Pero igual fue una sorpresa que eliminaran a potencias como España e Italia”, declaró. Y dejó su deseo: “Espero que este Mundial deje en Corea el legado que establezca al fútbol como el deporte número 1 del país”. Sobre el nivel de los arbitrajes que rodearon al equipo anfitrión, ni una palabra. Más allá de aquellas del comunicado, claro.

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