La historia es el presente: Gallardo, el líder que no se durmió en los laureles y mantuvo la mentalidad ganadora

Marcelo Gallardo festeja en el vestuario
Marcelo Gallardo festeja en el vestuario Crédito: Prensa River Plate
Juan Patricio Balbi Vignolo
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23 de octubre de 2019  • 13:49

"Un equipo campeón no se puede conformar con lo que ha logrado. Hay que fortalecer lo que se logró, redoblar la apuesta e intentar ir por más". La frase de Marcelo Gallardo está fechada el 6 de junio de 2014 cuando asumió como entrenador de River, pero ya se volvió atemporal: podría utilizarse para cada paso que dio en el cargo. El Muñeco es el líder supremo de un proyecto futbolístico que siempre va por más, al punto tal que sobran los motivos para seguir creyendo que este equipo de época tiene el camino allanado para pelear por el honor de ser el mejor de los 118 años de vida de la institución. Hoy la historia es el presente.

Derrotar a Boca en un mano a mano internacional definiendo la serie en la Bombonera era uno de los pocos pagarés que el Muñeco tenía pendiente en su larga lista de deudas saldadas. Y lo logró con sus armas más valiosas: buen fútbol, trabajo silencioso, seguridad, valentía, creencia, humildad y confianza plena. Porque una de los triunfos más importantes del técnico ha sido impregnar al equipo de un sentido de pertenencia especial con el club, que los vincula directamente con el hincha y los incita a seguir dando pelea constantemente. Así, aunque el 2018 parecía ser inigualable, desde enero el plantel se propuso renovar energías y buscar nuevos desafíos para reinventarse.

Ahora, River vuelve a tener otra cita con la historia: el sábado 23 de noviembre en Santiago de Chile jugará la tercera final de la Copa Libertadores de las últimas cinco ediciones que disputó y buscará conseguir una nueva corona que lo vuelva a depositar en lo más alto del fútbol sudamericano. Y hay números y marcas que le dan chapa y espalda a Gallardo para asumir la responsabilidad.

La explosión del final, tras asegurarse la clasificación
La explosión del final, tras asegurarse la clasificación Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

En cinco años, logró siete títulos internacionales (tres Recopas, dos Libertadores, una Sudamericana y una Suruga Bank) y tres locales (dos Copas Argentina y una Supercopa Argentina), ganando 10 de las 13 finales que disputó; se impuso en 23 de las 26 series mano a mano (ida y vuelta) que jugó por copas internacionales; superó 51 de las 62 definiciones directas en todas las competencias; y le ganó a Boca las cinco veces que lo enfrentó en los mata-mata (semifinales de Sudamericana 2014, octavos de Libertadores 2015, final de Supercopa Argentina 2017, final de Libertadores 2018 y semifinales de Libertadores 2019).

Con Gallardo, River se impuso en 23 de las 26 series ida y vuelta que disputó por copas internacionales; ganó 51 de las 62 definiciones mano a mano en todas las competencias; y le ganó a Boca cinco duelos mata-mata de forma consecutiva

Del "más no puedo generar" a una nueva ilusión

Hubo dos frases de Gallardo después de los últimos dos trofeos conquistados que hoy vuelven a salir a la luz. La primera fue después del triunfo frente a Boca en la final de la Copa Libertadores en Madrid: "No hay nada más que esto". Y la segunda fue tras el éxito en la final de la Recopa Sudamericana en mayo ante Athletico Paranaense: "Más no puedo pedir y más no puedo generar". Al parecer, el técnico quizás se equivocó: había mucha tinta en el tintero para seguir escribiendo páginas doradas.

Los cuatro festejos millonarios en las semifinales de la Copa Sudamericana 2014, los octavos de final de la Libertadores 2015, la final de la Supercopa Argentina 2017 y la final de la Libertadores 2018 ya estaban en lo más alto de la historia. Y cuando se conoció el nuevo cruce frente a Boca, una máxima fundamental se volvió a poner sobre la mesa: River es muy club tan grande como exigente como para quedarse con lo logrado. "Voy a exigir para que nos preparemos para competir y volver a ganar", dijo Gallardo tras el Mundial de Clubes en diciembre pasado. Con esa promesa cumplió.

La alegría de Gallardo tras vencer a Boca por quinta vez consecutiva en cruces eliminatorios

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Menos de 11 meses después de ganar la final más importante de la historia del club, volver a derrotar al máximo rival en una instancia decisiva como una semifinal no estaba ni en las mentes más soñadoras del mundo millonario. Pero la oportunidad se presentó y este River no le esquiva a los desafíos pesados. Todo lo contrario: los busca, los desea, huele tensión y afila sus dientes para atacar. Y ocurre que muchas veces la realidad supera a los sueños.

Nada es casualidad. El destino podrá jugar sus cartas, pero el presente del club de Núñez tiene causalidades. Las alegrías son fruto de un extenso, minucioso y constante trabajo de un cuerpo técnico que encabeza Gallardo pero que tiene otras 19 personas alrededor: dos ayudantes de la casa como Matías Biscay y Hernán Buján, cuatro preparadores físicos, cuatro kinesiólogos, tres médicos, un entrenador de arqueros, un masoterapeuta, un nutricionista, un psicólogo, un videoanalista y un jefe de prensa. Una estructura consolidada en la que el plantel profesional se apoya para el día a día y para la preparación de los partidos: los jugadores destacan siempre que el DT sabe anticipar como nadie virtudes y defectos de los rivales.

El alocado festejo de los jugadores de River en el vestuario visitante

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Con la humildad y el sacrificio como valores centrales, hay varias cabezas jerárquicas que comandan a un grupo de jugadores que también logró algo fundamental: un fuerte vínculo humano que se puede observar en cada entrenamiento, en cada partido, en cada pretemporada y hasta en cada viaje de vacaciones. Difícilmente haya una cara larga en una práctica. Todos disfrutan, valoran y respetan el lugar en el que están. Saben que es un privilegio. Y los más grandes le transmiten eso a los más jóvenes, que escuchan y aprenden de los grandes referentes del plantel, como Leonardo Ponzio, Javier Pinola, Ignacio Scocco, Germán Lux y Enzo Pérez.

Empatía, mentalidad ganadora, inteligencia, comunicación directa y constante, unión de grupo, sentido de pertenencia, hábitos diarios para fortalecer la dinámica del equipo, compromiso con los compañeros, intensidad en el entrenamiento para potenciarse los días de partido, exigencia continua para subir la vara, entendimiento de los ejercicios de las prácticas para crecer... las aristas de trabajo de Gallardo y su cuerpo técnico son largas y variadas. Y todas derivan en una metodología constante para renovar desafíos y objetivos en cada comienzo de año. Siempre hay algo más para dar aferrado a un mensaje que es leyenda: "Que la gente crea, porque tiene con qué creer".

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