La Irenita, en gran partido

Obtuvo la Copa Cámara de Diputados con un 15-13 a Coronel Suárez; Brané, la figura
Xavier Prieto Astigarraga
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15 de diciembre de 2001  

Cuando se consultó a Matías Mac Donough por la encuesta publicada ayer en LA NACION sobre los pronósticos y las preferencias de 40 polistas respecto a la definición de hoy del Argentino Abierto, él deseó: "Que ganen los dos, que sea un excelente partido, que le enseñen a la gente cómo se juega a este deporte. Quiero que la final sea pareja, que nunca haya dos goles de diferencia. Y, sobre todo, que gane el polo".

Ayer, Mac Donough volvió a jugar luego de sufrir el último sábado una fractura del pómulo izquierdo, y lo hizo en el desenlace del torneo por la Copa Cámara de Diputados . Y casi como respondiendo al anhelo del back, la mayor parte de la final fue una clase de polo para los numerosos espectadores que hubo en la cancha N° 2 de Palermo. No fue ilógico, entonces, que aplaudieran a borbotones tras el campanazo definitivo que sentenció el triunfo de La Irenita (Embriones) por 15-13 sobre Coronel Suárez (Valley) y que significó el merecido título para el conjunto capitaneado por Mac Donough.

Título merecido por lo hecho durante todo el torneo, con el que cerró una muy satisfactoria temporada -con finales de las ruedas de perdedores de Tortugas y Hurlingham, que no concluirán, e invicto contra formaciones de similar handicap-, aunque no tanto por la final de ayer. Es que Suárez, vendiendo carísima su caída, palabra extraña a su historia, fue un rivalazo.

Este empezó ganando gracias a un ímpetu notable, con ganas de luchar cada bocha y con un enorme -como en toda el certamen- Juan José Brané, no sólo eficaz para las ejecuciones (convirtió 7 de 9), sino también como motor, líder y más talentoso jugador de Suárez. "Uno hace lo que puede por el equipo. Es que el puesto de N° 2 es multifuncional", dijo, humilde, quien agradeció a su amigo Santos Anca la cesión de dos caballos para la final.

Caballos. Allí la clave del resultado. Como se esperaba, La Irenita fue superior en el rubro, lo cual se notó sólo desde el 5° chukker -ya en las repeticiones-, no casualmente cuando el equipo pasó al frente. "Suárez nos tuvo siempre de espaldas, con mucha presión. Pero sabíamos que siempre tras el 4° chukker marcamos diferencias con la caballada", explicó Mac Donough, el otro jugador saliente de una definición que halló en Brané a su máximo exponente, en Suárez a un dignísimo adversario y en La Irenita a un justo campeón.

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