La pantalla del fútbol

Eduardo Ahmar Dakno
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26 de marzo de 2000  

Repentinamente, el fútbol se convirtió en un excelente canal abierto para que funcionarios y legisladores exteriorizaran su compromiso solidario con la gente de menores recursos. En una rápida reacción, que ojalá se hiciera extensiva a otras áreas, interpretaron las necesidades populares. Y alzaron su voz de protesta. Preocupados, exhortaron a que los partidos que juegue el seleccionado nacional durante las eliminatorias para el Campeonato Mundial de Corea y Japón, a partir del miércoles próximo, sean transmitidos en directo por televisión abierta. En el pedido coincidieron, grata y poco usualmente, oficialismo y oposición.

Advirtieron que la emisión de los encuentros por el sistema codificado de cable atentaba conta el igualdad de derechos. Para fundamentar su posición se recostaron sobre la característica popular del deporte y sobre las dificultades económicas por las que pasa buena parte de la población. La cuestión se convirtió, casi, en un asunto de Estado.

Se instó a quienes poseen los derechos de transmisión a rever su posición y desde el Gobierno dejaron sentado que "sería desgraciado", de no llegarse a una solución, tener que actuar "compulsivamente". Pese a no ser bien vista, no se descartó la posibilidad de recurrir a un decreto.

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Por lo menos, llama la atención que desde las mismas esferas del poder no se haya puesto el mismo énfasis para resolver otras cuestiones, decididamente más trascendentes. No se alzaron muchas voces, ni se conocieron cataratas de proyectos y de declaraciones para revertir la cruda realidad del informe del Banco Mundial que reveló que el 43 % de los chicos del país son pobres y que 10 millones de personas están en esa misma condición.

Que se sepa, quienes reclaman un trato igualitario para toda la ciudadanía a la hora de ver partidos por TV no generaron demasiadas ideas para eliminar, combatir, reducir o al menos frenar el desempleo que golpea a más de dos millones de argentinos. Ni que hablar de ofrecer públicamente sus renuncias a las jubilaciones de privilegio.

No. La preocupación de varios legisladores y funcionarios por estos días pasa por el hecho de que muchos compatriotas observarán en diferido -con 45 minutos de demora- los cotejos que como local jugará la Argentina. Qué incontrastable injusticia frente a chicos que confiesan que no pueden concentrarse para estudiar porque tienen hambre. Qué notable inequidad ante el desprecio por jubilidados a los que ya ni las prestaciones básicas les son garantizadas. Qué flagrante discriminación respecto de la imposibilidad de acceder a mínimas condiciones de salud, de vivienda y de seguridad. Frente a eso no se piensa actuar "compulsivamente", aunque los reclamos se oigan a diario. En vez de crear condiciones para que la gente tenga otras alternativas de esparcimiento y no sólo se refugie en el fútbol como escape, hay quienes creen que la prioridad es cuestionar el orden jurídico y revisar un contrato privado firmado a fines de 1998 entre la AFA y TyC. Que se suscribió bajo las reglas del mercantilismo globalizado que abrazaron el fútbol y toda la sociedad con la promesa del beneficio general. Que puede generar suspicacias o no. Que abre lugar a los interrogantes porque la AFA recibió 15.000.000 de dólares por los derechos de TV que luego fueron comercializados por 40.000.000 de dólares. Que debe ser investigado si se sospechan irregularidades, pero que en ningún caso es causante de las penurias que hoy padecen millones de argentinos. Penurias que no desaparecerán el jueves próximo por la mañana, aunque en todo el país la Argentina v. Chile se vea en directo.

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