La propuesta contagiosa

Cristian Grosso
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31 de marzo de 2000  

Desembarcaba Marcelo Bielsa en el seleccionado allá por septiembre de 1998 y la prensa le pedía definiciones para conocerlo. "Me gusta un equipo que ataque siempre. Que juegue en campo rival y que sea prolijo en los recorridos de la pelota. El juego del fútbol se sintetiza en: impongo las condiciones yo o me someto a las condiciones que me impone el rival", comentaba el entrenador rosarino. El ambicioso protagonismo que está dispuesto a imponerle Bielsa al seleccionado invita al reconocimiento. Además, porque la osadía del juego de la Argentina parece orientada a desestimar la añeja antinomia de ganar o jugar bien. El equipo lo acaba de demostrar.

Eligió un sistema y está convencido de él. Su insistencia con el esquema no es por tozudez, sino por fervorosa creencia. "La convicción es un elemento básico del entrenador; si uno no está convencido de lo que hace, no convence. Y si uno no difunde su discurso con efervescencia no convoca. Y si no convoca, al proyecto le falta sangre", contó Bielsa alguna vez. Hoy todos sus dirigidos aseguran que el discurso de Bielsa es absolutamente confiable y aplicable. Claro, no habrá que dejar todo librado al lirismo y desatender que los triunfos acortan las distancias hacia la credibilidad.

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El entrenador jamás va a desconocer la cualidades del futbolista. Por el contrario, se apoya en ellas. "El jugador está por encima del sistema, pero el técnico debe lograr la convivencia entre ambos factores", dice Bielsa y desnuda el mix que persigue entre talento y pizarrón. Bielsa parece en camino de lograrlo. Muy lejanos quedan hoy aquellos días de Ciudad del Este, cuando la Argentina le jugaba de igual a igual a Brasil, pero perdía 2 a 1 y quedaba eliminada de la Copa América paraguaya. Después de esos 90 minutos tanto se escribiría sobre las corridas de Ortega persiguiendo cada proyección de Roberto Carlos. En la noche del Monumental, la Argentina se convirtió en un equipo solidario sin resignar ni una gambeta. Sobraron ejemplos del compromiso de Ortega, Verón, Batistuta y Claudio López para colaborar en la recuperación de la pelota. Y no por eso resignaron poder de fuego.

Se dilapidaron varios goles en algunos pasajes ante Chile? Es cierto. ¿Zamorano estuvo dos veces en posición de gol pese a las mezquindades visitantes? También es verdad. Hubo errores entonces. "Creo en el equilibrio: si el fútbol es absolutamente previsible, mal; si es exclusivamente inspiración, no alcanza. Son dos estados de difícil convivencia", analizó Bielsa en cierta oportunidad. Este rosarino de 44 años quiere que la Argentina se clasifique para el Mundial del 2002, pero además pretende que finalice por encima de todos en las eliminatorias sudamericas. ¿Más? Sí, sueña con conseguirlo a través de un juego atractivo. La ambición del desafío lo compromete como nunca. Pero contagia. Impulsa a creer. En el medio, el técnico reconoce el poder de la victoria. "El jugador exitoso queda arraigado a los acontecimientos que lo acercaron al éxito". Ojalá el pensamiento de Bielsa encierre un buen augurio, porque entonces sus dirigidos buscarán los tres puntos atentos al coraje y la creatividad.

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Hace un tiempo Bielsa comentó que le agradan los halagos -como a todo el mundo-, pero aclaró que desconfía de ellos si sólo están apoyados en la productividad. Que quede claro que la goleada ante Chile seduce, pero tanto como la arriesgada propuesta de su seleccionado. Y, se sabe, la apuesta no tiene el resultado comprado.

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