La “Velascomanía” en su pico máximo

Marcelo Gantman
Marcelo Gantman PARA LA NACION
Julio Velasco
Julio Velasco Crédito: Sebastián Domenech
(0)
1 de agosto de 2015  • 10:09

La medalla dorada ganada por el seleccionado masculino de vóley, la última de las setenta y cuatro conseguidas por la delegación argentina en Toronto 2015, tuvo un rasgo distintivo con respecto a todas las demás: colocó a su entrenador por delante del equipo. El vóley argentino, finalmente, pudo aprovechar para sí la innegable influencia de Julio Velasco en aquellos grupos deportivos que le tocó conducir. Con relación a ese dominio de la escena, Facundo Conte fue muy directo en una conversación que tuvimos al día siguiente de terminados los Panamericanos: "Lo tenemos claro y no molesta. Para nosotros, esta medalla dorada fue ganada por todos aquellos que formamos parte de este equipo y en este proceso de trabajo..", comentaba Conte, vía teléfonica, mientras buscaba la puerta de embarque del aeropuerto de Toronto para ya volar rumbo a Polonia.

Julio Velasco es el entrenador que todos quisieran tener. Y no solamente por quienes juegan el deporte que él dirige, sino que hay atletas de otras disciplinas que quisieran tener un entrenador así. El fenómeno se ensancha. Los conceptos de Velasco aplicados al deporte son universales y se propagan sin parar desde el domingo pasado. Sus ideas son citadas por columnistas de Cancha Llena y La Nación para argumentar con solidez en deportes que no son el vóley. Velasco trasciende su especialización y por eso se lee y escucha que sería interesante que el ex entrenador del seleccionado de Italia, el hombre que hizo jugar al vóley a los iraníes cuando los iraníes no jugaban al vóley, ocupara un cargo como Secretario de Deportes. Aspiración que por ahora no se sabe que tenga el principal involucrado.

Comprender a Velasco detrás de la evidente "velascomanía" que se desató implica, en origen, aproximarse correctamente sus ideas. Que son las de un hombre que, luego de ser director deportivo de Lazio y manager en Inter, se negó a dirigir al Milan porque no se sentía capaz. Le dijo a Silvio Berlusconi que una vez que se le acabara el carisma frente a los futbolistas, ellos se darían cuenta de todo. El concepto es fuerte dentro de un deporte argentino que considera el carisma, la arenga y el Himno vociferado como herramientas suficientes para competir y ganar.

Velasco cree que en el deporte profesional se juega para ganar. Que las discusiones ideológicas en el deporte profesional son para la mesa del café de los que hablan y no compiten. Ahí está el valor de la medalla dorada del vóley: Velasco le dio a una generación talentosa el orden y el método para encontrar el camino al triunfo. Ese equipo de jugadores jóvenes ya tiene una plataforma sobre la cual pisar con confianza cuando navegaban entre insinuaciones y ensoñaciones. Ganaron la medalla panamericana luego de 20 años. Ya comprobaron que pueden.

Velasco volvió a la Argentina luego de 33 años para, según sus palabras, devolver lo que el país había hecho por él. ¿Qué fue eso? Brindarle educación pública y gratuita para que pudiera desarrollarse como persona. El desafío del deporte argentino no pasa por ver como Julio Velasco cubre todas las bases, sino sobre cómo encontrar el Velasco de cada deporte. En todo caso, que debería suceder para que cada deporte tuviera su Julio Velasco.

El recorrido está a la vista. Es el que combina educación, capacidad para entender los complejos procesos deportivos y no gastar energías en charlas de café. El próximo jueves 6 de agosto hay una oportunidad inmejorable para comenzar: Julio Velasco y otros cinco entrenadores animarán un simposio de voley en Club Italiano. Ir detrás del conocimiento siempre es un buen comienzo.

tb

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?