Las contradicciones de Tyson

El camino para pelear contra Lewis parece allanado; sin embargo, él insinuó su retiro
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21 de octubre de 2000  

AUBURN HILLS.- Varios pares de manos se frotaban mientras anoche, al cierre de esta edición, el norteamericano Mike Tyson y el polaco Andrew Golota protagonizaban un combate de diez rounds en el Palace, de esta ciudad.

Otras tantas bocas se relamían, tanto desde el ring-side como a miles de kilómetros de distancia, pensando en el futuro del Hombre de Acero.

Es que el camino de Tyson hacia un combate con el campeón mundial de los pesados contra el inglés Lennox Lewis parece cada vez más allanado. Sería el choque ideal: de un lado, el hombre que genera el magnetismo popular de, incluso, los que se mantienen ajenos a esta actividad, y que quiere recuperar la gloria perdida; del otro, el monarca que, por estilo y personalidad -no por cualidades boxísticas, que quede claro-, no termina de ser indiscutido para lo que se conoce como "el gran público".

Sin embargo, la ciclotimia que salpica la personalidad de Tyson tiene como consecuencia la imprevisibilidad de sus actos, de sus palabras y, por lo tanto, de su futuro.

Si no, resultarían inexplicables sus declaraciones luego del pesaje previo al choque con Golota. "Esta será mi última pelea. Quiero ser feliz con mi familia y con mis hijos", aseveró ante la atónita mirada de periodistas y de allegados al Hombre de Acero.

Con todo, hace algunos meses, después de noquear fácilmente a su compatriota Lou Savarese, en Glasgow, Tyson tomó el micrófono y vociferó varios exabruptos contra Lennox Lewis, a modo de desafío. "Te destrozaré, Lennox; voy a comerme a tus hijos", había dicho, aunque hace unos días explicó que todo formaba parte de un show mediático. "Tú sabes, Lennox no tiene niños", sonrió Tyson.

Hasta se especula con una tercera versión de su rivalidad con Evander Holyfield, campeón de los pesados de la AMB, verdugo de Iron Mike en los dos compromisos que los tuvo frente a frente. La única traba para que se concrete este duelo es que estará de por medio el extravagante empresario Don King -promotor de Holyfield-, con quien Tyson rompió el vínculo de manera ruidosa, con demandas penales incluidas.

Estos problemas, sumados a otros extraboxísticos que lo mantuvieron visitando estrados judiciales y hasta cárceles, pusieron en emergencia económica a un Tyson que dejó varios de los millones de dólares acumulados en su carrera en los bolsillos de los abogados. Las suculentas bolsas que se le ponen delante como carnada -ante Golota tenía asegurado 10 millones- son un motivo suficiente para que el Hombre de Acero siga en el camino de los puños por un tiempo más, aún con los problemas matrimoniales que esto le está acarreando.

Tal vez, entre tanto ruido que lo rodea, el chico malo de Brooklyn necesita la paz que todos estos años le fue esquiva. Aunque los tantos compromisos e intereses que están involucrados con su carrera le presentarán dura batalla para impedir esa decisión. Será cuestión de esperar, pues los estados de ánimo suelen alternarse con la influencia sobre el inefable Mike Tyson.

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