Las flaquezas abordaron a River en el momento menos indicado

Sigue sin jugar bien y sólo rescató un empate con Olimpo; Funes Mori marcó el gol, pero cometió un error decisivo en el 1-1 de Borja; el equipo parece no tener la misma confianza y no pudo reaccionar tras perder el invicto con Estudiantes; sigue puntero, pero lo espera una semana decisiva con los duelos ante Boca y Racing
Andrés Vázquez
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17 de noviembre de 2014  

Volvió a ser un equipo terrenal River. Puede tener partidos brillantes que gana muy cómodo, otros en los que deba sudar más, menos, poquito o nada. Y, por lógica, algunos en los que puede perder o empatar cuando el rival de turno sabe lo que debe realizar -y lo concreta bien- para dejarlo con las manos vacías. Quizás a partir de esa premisa se pueda comenzar a interpretar la caída en el rendimiento futbolístico de un equipo que, hasta hace unas fechas, arrasaba con una convicción marcada a fuego. Sin embargo parece llegar sin la misma fuerza al final, al momento más importante. Las ausencias de algunas de sus figuras y la falta de experiencia de los recambios lo sumergieron en un intermitente presente. Ayer, frente a Olimpo, el empate 1 a 1 duele más que otros. Dejó en el camino dos puntos que se contaban entre los "muy posible" y, encima, alimentó así las ilusiones de Racing y Lanús.

En este momento de River, tras perder el invicto, un Olimpo herido y golpeado parecía ideal para recuperarse. Pero también tenía urgencias nuevas, como la de demostrarse y demostrarle a su gente (fiel, apasionada) que el palazo contra Estudiantes el pasado miércoles, había sido un episodio aislado. Pero contra todos los pronósticos, no pudo doblegar al batallador equipo bahiense. Ahora su relación con el liderazgo no parece resistir el pecado de la infidelidad. Claro que todavía tiene la patente de candidato, pero desde hace unas fechas dejó de ser indiscutido.

Olimpo salió a jugar el encuentro de igual a igual, poco le importó estar en el Monumental frente a River. Aún con desorden, el equipo bahiense logró generar confusión en el Millonario, que no logró acomodarse en el campo de juego y, al igual que ante Estudiantes, volvió a caer en las imprecisiones y en los pelotazos.

Aún así, el conjunto local se las arregló para generar dos situaciones de peligro en los primeros 20 minutos de juego. Primero, con un remate de media distancia de Pisculichi que Champagne tapó con el pecho, y luego, con un cabezazo de Guido Rodríguez que Gil salvó sobre la línea. Los de Perazzo lograron generar confusión en el fondo del rival.

A los 23 llegó el gol de Funes Mori de cabeza, tras un córner de Pisculichi. Parecía que la historia ganadora de este equipo se reencauzaba. Fueron diez minutos de buen fútbol. Pero después comenzó a mostrar las flaquezas que lo aquejan desde hace un par de semana. Perdió el control de la pelota y sufrió el partido.

En el segundo tiempo la tendencia se repitió. River, tal lo marcaba su obligación, intentó manejar la pelota, pero en muchas oportunidades cayó en pelotazos sin destino. Poco a poco fue alejándose de la posibilidad de ampliar la diferencia.

Entonces Olimpo pareció sentirse cómodo. Con esa pasividad de los locales y con la posibilidad de jugar de contraataque. Y comenzó a generar peligro. Esa actitud le terminó dando su recompensa en una jugada fortuita. A los 25 minutos, tras un error de Ramiro Funes Mori, que falló groseramente en un cierre, el colombiano Miguel Ángel Borja, recién ingresado, aprovechó la oferta y no dudó: derechazo bajo al palo izquierdo de Barovero y 1 a 1.

Los locales quedaron desconcertados. Los sonidos de la cancha fueron distintos. La gente sintió el golpe y el aliento se apagó. Primero fue silencio, luego un murmullo de desconfianza. Un atisbo de esperanza surgió cuando Olimpo se quedó con diez hombres por la expulsión de Parnisari, quien vio la segunda amarilla a los 31 minutos.

Pero las reservas de River ya no son las mismas del comienzo de la temporada. El ánimo de recuperación tantas veces demostrado desde la llegada de Gallardo esta vez no apareció. Lo buscó, claro. Pero terminó yendo como podía, sin mucha convicción. Tuvo una jugada clara para ganarlo en los pies de Simeone, pero tapó muy bien Champagne, quien se terminó convirtiendo en la figura del partido.

River sigue dependiendo de sí mismo y las chances son las de siempre. Pero de un día para otro se dio cuenta de que no es el mismo. Y sabe que ocurrió en el momento más delicado de la temporada.

Un barra que no pudo ingresar

Un barra brava de River, Héctor Caverna Godoy, que está incluido en el listado del derecho de admisión del club, intentó entrar en la cancha por el Museo de River, pero fue identificado por la Policía Federal, que no le permitió el ingreso.

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