Las Leonas juegan con fuego

Gastón Saiz
Gastón Saiz LA NACION
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30 de julio de 2018  • 20:05

"¿Cómo se dice en inglés cuando querés hacer algo y lo hacés?". Rocío Sánchez Moccia buscaba ayuda durante la entrevista oficial de la FIH para la TV. "¡Eso, determinación!", le agradeció la volante cuando la periodista le dijo en su idioma la palabra que ella no podía encontrar. Justamente eso: determinación fue lo que exhibieron las Leonas para superar a Nueva Zelanda y dar un salto importante rumbo a los cuartos de final del Mundial de hockey sobre césped.

Después del paso de varias generaciones gloriosas y la llegada de un verdadero recambio, el seleccionado vive hoy una suerte de nueva adolescencia, donde los altibajos emocionales son típicos, más allá de los talentos individuales y las capacidades colectivas. Por eso, no extraña que hayan pasado de una goleada a España al cimbronazo sufrido ante Alemania, para terminar la etapa de grupos con un desconcertante empate 1 a 1 contra la débil Sudáfrica.

En el momento clave, cuando supieron que ante las oceánicas era a todo o nada, reaccionaron y se dieron ahora la chance de enfrentar a Australia en los cuartos de final. Por fin dejaron atrás esa imagen insulsa y carente de confianza, una pintura poco habitual. En este tránsito, donde las exigencias son máximas, no es fácil ser Leona. Siempre hay un tácito legado por continuar, muchos lauros del pasado por revalidar, por más que la maduración no haya llegado. Es un juramento que estas chicas con un promedio de 25 años se autoimponen, aunque sepan que no están a la altura de Holanda, el equipo que tritura a quien se le plante enfrente con su voracidad goleadora.

Sánchez Moccia hablaba de determinación, y en otro punto de la cancha Belén Succi se refería a ese plus interno, a esa Leona indomable que anida en sus corazones y que hasta el encuentro ante Nueva Zelanda no había podido salir al exterior. "En este día y medio que tenemos antes de jugar con Australia tenemos que mantener esa llama encendida, esa pasión que nos caracteriza como equipo", juraba la arquera, que sabe lo que significa ser campeona mundial por aquella gesta de Rosario 2010.

No se trató de una actuación brillante, pero además de la mejora en el juego resurgió en el equipo ese espíritu que mueve a imposibles, aunque la chance de conseguir un tercer título mundial en Londres parezca hoy bastante lejana. Si está vivo ese fuego, nunca convendrá descartar a las Leonas.

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