Las razones de la confusión

El presente de River responde a los continuos cambios tácticos, los cortocircuitos DT-plantel y los bajones futbolísticos
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23 de octubre de 2000  

La caída del imperio se produjo en los últimos 35 días. Como en efecto dominó, varios factores negativos se fueron encadenando y armaron un cóctel explosivo, que hoy dejó a River con un rumbo indefinido y sin demasiado margen para la recuperación en el torneo Apertura.

Hace un mes y unos días, luego de la disputa de la séptima fecha, River era el único puntero, con dos puntos de ventaja sobre los xeneizes. Ahora, tras el empate 2 a 2 con Argentinos, el conjunto de Núñez está a ocho puntos de la vanguardia y bajó al cuarto puesto en las posiciones, detrás de Boca -tiene un partido más-, Gimnasia y Esgrima La Plata y Talleres.

La muestra fría de la crisis que atraviesa River indica que el equipo lleva seis partidos sin ganar, con cinco empates y una derrota.

La serie adversa comenzó con la igualdad por 1 a 1 con Vélez, por la Copa Mercosur; abarcó los empates con San Lorenzo (2-2), Flamengo (0-0), Boca (1-1) y Argentinos (2-2) y también incluyó la caída frente a Chacarita (0-1).

Pero, ¿qué ocurrió para que River pasara del fútbol-fiesta con los Cuatro Fantásticos a la alarmante irregularidad de los últimos encuentros? Las razones se pueden encontrar en estos puntos: Los cambios de planteo. A partir de la incorporación de Ariel Ortega, a comienzos de este torneo, Gallego decidió formar una estructura que estuviese supeditada a los Fantásticos. Así, el director técnico abandonó la fórmula 4-3-1-2 que le había dado el título en el certamen Clausura y dejó el equipo en manos de la creatividad de Aimar, Angel, Saviola y Ortega.

Juntos, los cuatro rindieron, pero las complicaciones empezaron a aparecer cada vez que alguno de ellos se lesionó y no pudo formar parte de la alineación titular en el siguiente partido.

En las oportunidades en que faltó al menos uno de ellos, Gallego se vio obligado a volver al viejo planteo, y esos radicales cambios tácticos terminaron por confundir a los jugadores. De esta forma, River asimiló dos estilos de juego distintos, pero no ganó continuidad ni solidez con ninguno de ellos.

El estigma Chacarita. La caída ante el conjunto de San Martín por 1 a 0, que se dio el 1º del actual, marcó un punto de inflexión en la campaña de River. Ese día no estuvieron Aimar, Ortega ni Saviola y el equipo intentó jugar a la vieja usanza.

Víctima de las ausencias, el conjunto fracasó en todas sus líneas y, encima, el entrenador echó nafta al incendio:"No tuvimos actitud", aseguró. El comentario, lógicamente, no cayó nada bien entre los jugadores.

Una charla que no ayudó. En la primera práctica tras el partido con Chacarita, Gallego le habló al plantel con serias recriminaciones. A varios de los futbolistas no les gustó la forma en que se expresó el director técnico y hubo una intención de plantear el tema ante el consejo de fútbol, pero todo quedó en la nada. De todas maneras, quedaron secuelas de ese cortocircuito y los ecos resuenan hasta hoy.

El partido adelantado. Con la caída en San Martín, a River comenzó a hacérsele muy complicada la persecución a Boca. Pero todo empeoró luego de que los xeneizes superaron a Los Andes en el partido que adelantaron por la 16» fecha, debido al compromiso ante Real Madrid en Tokio, por la Copa Europeo-Sudamericana. Fueron tres puntos más de distancia que aumentaron la presión y que River no logró descontar en el superclásico.

Los bajones de algunos. En los últimos partidos, el colombiano Juan Pablo Angel perdió capacidad goleadora, Aimar bajó su rendimiento, Mario Yepes sumó un par de distracciones que costaron goles y el resto de los defensores perdió confianza. Todos, síntomas de la crisis.

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