Las variables de una cancha

Roberto De Vicenzo
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31 de octubre de 2000  

Hacer y poner en funcionamiento una campo de golf no resulta una tarea simple, sino que obliga a tener en cuenta un sinfín de consideraciones. Por eso, hay arquitectos especializados en el tema, que estudian todas estas cuestiones para no cometer errores en el dibujo y armado de la cancha. Por ejemplo, al confeccionar el recorrido de un hoyo debe saberse de dónde vienen los vientos con el fin de estipular distancias precisas. También, es fundamental conocer la salida del sol; la idea es evitar que el golfista salga por la mañana desde el tee del hoyo 1 con la luz en contra. Precisamente, los tee de salida constituyen un punto delicado en la construcción de un campo, porque tienen que poseer el suficiente espacio para que el capitán de la cancha pueda hacer diversas modificaciones según el factor climático. Es decir: fijará la salida más atrás en aquellos hoyos que son beneficiados con el viento a favor y viceversa. La posibilidad de pegada de los jugadores es otro de los aspectos por evaluar: de acuerdo con esta consideración varía la ubicación de los búnkers. El arquitecto debe saber que los bunkers que van a la derecha del fairway serán un poco más cortos que los que van a la izquierda, ya que los que pegan hacia la izquierda son los que tienen más potencia. Las formas de los greens tampoco se construyen de manera azarosa: hay que protegerlos con trampas para ocultar un poco más el tiro y para que el jugador arriesgue más a la búsqueda de un birdie. Otro tema es la colocación de las lagunas, que bordean estratégicamente a los greens: tienen que darle dificultades al profesional y abrir un camino más accesible al jugador de handicap. Junto con el plan de la cancha hay que contemplar la construcción de un proshop, en donde debe haber elementos (pelotas, guantes, hierros, marcadores) que complementen el juego del golfista.

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Las canchas deben estar preparadas a recorridos más difíciles en los momentos en que el capitán lo decida, y también deben ser flexibles a un trayecto más fácil en los torneos cuyos participantes no tengan la categoría para atacar a la cancha, sino que deben defenderse de sus dificultades. Las variaciones son las que apuntábamos antes: cambios en el tee de salida, distintas colocaciones de bandera, etcétera. Además, una cancha debe lograr adaptarse a una longitud total de 7200 yardas o bien de 6700 yardas, siempre dependiendo de las modificaciones que se lleven a cabo. Siempre, la preocupación básica es la puesta a punto y el mantenimiento de la cancha.

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En la Argentina, las canchas no tienen tantas dificultades como las de los Estados Unidos o en Europa, que muestran recorridos mucho más intrincados. Es que la mayoría ha mantenido un estilo viejo y no se ha renovado. Creo que con el tiempo tendrán que ponerle los obstáculos que el propio juego actual empieza a exigir. Si no, los pares de la cancha serán destruidos y bajados con mucha facilidad. Además, hay muchos links argentinos que no tienen los espacios para poder extenderlos. Sin dudas, éste es otro tema por atender.

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