Lavezzi trabaja y se divierte

Juan Pablo Varsky
Juan Pablo Varsky PARA LA NACION
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26 de junio de 2014  

PORTO ALEGRE.- Ezequiel Lavezzi no lo pensó. Esas cosas no se piensan. Se hacen y ya. Mientras tomaba agua, sintió que el monólogo con indicaciones de Alejandro Sabella debía tener una interrupción. No lo pensó. Movió la caramañola y le tiró un poco de agua a la cabeza de su preocupado entrenador. "Lo veía un poco nervioso y lo hice para descomprimir la situación", dijo el delantero. La imagen fue tomada por la transmisión oficial y nos sorprendió en pleno partido. Conociendo a los personajes, nadie debe tomar este gesto como un desafío a la autoridad del DT, que se bancó muy bien la situación.

Cuando se lastimó Agüero, Sabella tenía dos opciones para reemplazarlo: Palacio o Lavezzi. Eligió a Pocho, que se mueve más por los costados. Palacio es la variante de Higuaín. Ya lo habíamos visto ante Irán. El 9 rebotó muy bien de su pobre partido anterior. Se movió más y mejor. Tiró diagonales, buscó socios, retrocedió para ocupar espacios en defensa y se fabricó oportunidades. Enyeama le negó el gol un par de veces. Quizás todavía le falte explosión en los últimos 15 metros, la sintonía fina. Pero hizo un muy buen partido, con movilidad y sentido colectivo. Pasó la línea de la pelota muchas veces en el segundo tiempo. Lo reemplazó Biglia para armar el tercer y último dibujo del día: 4-1-4-1 con Mascherano libre entre los defensores y la otra línea de cuatro con Di María, Gago, Biglia y Ricky Álvarez.

Arriba solo quedó Lavezzi, quien había ingresado por Agüero a los 37 minutos del primer tiempo. Cuando se puso la camiseta antes del cambio, interpretó perfectamente lo que significaba este partido para él. La oportunidad que había esperado desde el comienzo de torneo. Tocó, se movió, hizo amonestar a dos defensores nigerianos, ventiló el juego por la derecha y, sobre todo, ocupó el espacio desierto. Ese que el equipo argentino necesita cubrir para no quedar asimétrico y desprotegido: la zona Z, delante de Zabaleta.

El fútbol no se fragmenta más. Los delanteros son defensores y los defensores son delanteros. "Todos tienen que hacer todo", me dijo ayer Pep Guardiola en una comida luego del partido. Lo que un jugador hace repercute en todos sus compañeros y éstos, a su vez, influyen en dicho futbolista. Condicionante y condicionado. La tarea de Lavezzi ayudó a Gago, que no necesitó tirarse tanto al costado y no tuvo el parche que le significa estar cerca de la línea lateral. Como Gago se quedó en el medio, Mascherano no se sintió tan solo y salió a anticipar, provocando errores en el circuito nigeriano. Con Gago y Masche en el eje, Di María se ordenó en el retroceso ocupando el espacio delante de Rojo. La última línea y el arquero también se beneficiaron con estos movimientos ya que el rival tuvo menos espacio para fabricar situaciones.

Higuaín también se sacrificó por la causa. La contribución de Lavezzi fue mucho más allá de él mismo. Le sirvió al equipo. El aleteo de la mariposa. Efecto dominó. Pocho hace este mismo recorrido en París Saint Germain. Retrocede por un costado y se para delante del lateral. Así se ganó un lugar en el trío atacante con Cavani e Ibrahomovic. Es mucho más que un integrante divertido del plantel. Vino a competir y lo demostró. Hizo el trabajo que el equipo necesitaba y también se divirtió con el DT. ¿Messi? No. Esta crónica sólo incluye a terrícolas.

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