Llegar no es lo más importante

Miguel Romano
(0)
31 de agosto de 2000  

Imaginemos un laberinto, intrincado, lleno de recovecos, con una luz muy pequeña en la única y angosta salida.

Supongamos que acompañado por el sacrificio y la fortuna algún superhombre logra abrir la última puerta e ingresar en el paraíso. Allí comenzará otra historia, porque aunque las monedas de oro se recojan a montones, para permanecer y superarse en el privilegiado lugar será indispensable mantener un nivel de excelencia muy alto, capaz de soportar las más duras presiones y exigencias.

Traducido esto al deporte y a la posibilidad con que cuentan Rubén Wolkowyski y Pepe Sánchez de ingresar en el superprofesional mundo de la NBA, significa que llegar es importante, en principio porque sería un hecho histórico para el basquetbol argentino, pero de allí a ser un pequeño protagonista hay una enorme distancia.

Debe aclararse esto porque si alguien entiende como un fracaso la frustración de no llegar, mucho peor es la de no haber durado ni un año. La NBA está inundada de estas situaciones. Por ejemplo, el brasileño Pipoca no debe mostrar orgullo al decir que jugó en la NBA, pues sólo sumó un minuto en la cancha para Dallas Mavericks. Algo parecido sucedió con el italiano Stefano Rusconi, en Phoenix; el español Fernando Martín, en Portland, y el mexicano Horacio Llamas, también en Phoenix, entre otros conocidos.

Todo un país deportivo vivió segundo a segundo ese alunizaje de una de sus estrellas en la elite del basquetbol y después se sintió defraudada por ese ídolo que no consiguió destacarse o mantener el interés mediático. Por eso se debe ser muy cauto y paciente con esta oportunidad fantástica, sí, pero de una insoportable levedad en cuanto el futuro.

Ambos, Pepe y el Colorado, hicieron todos los deberes con calificaciones brillantes como para poder ser el primer argentino en la NBA después de varios frustrados intentos. Pero no será todo. Después vendrá lo peor. Las exigencias y los sacrificios crecerán y la suerte será decisiva también. Festejemos si llegan, pero seamos pacientes después.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?