Lo que rompió Beccacece en el Independiente que heredó

Román Iucht
Román Iucht PARA LA NACION
Pablo Pérez y Sebastián Beccacece, un abrazo después del conflicto
Pablo Pérez y Sebastián Beccacece, un abrazo después del conflicto Fuente: LA NACION
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20 de septiembre de 2019  • 12:22

Enfrentó a los periodistas con calma tratando de naturalizar el hecho. Respondió a cada pregunta con firmeza evitando segundas interpretaciones. Analizó cada palabra de forma pausada, desmintiendo a ese ser hiperquinético incapaz de estar quieto en el banco de suplentes más de un segundo. Creyó que todo eso sería suficiente para despejar las dudas, pero por si acaso, provocó el abrazo con Pablo Pérez cuando lo encontró a los pocos metros.

Sebastián Beccacece decidió blanquear el incidente ocurrido en el entretiempo del partido ante Lanús, cuando el experimentado mediocampista perdió un vez más los estribos y cometió un acto de indisciplina considerado intolerable para la autoridad del técnico y las pautas de convivencia del grupo. El líder hizo valer su jerarquía, pero desde ahora todo será diferente. Independiente no es Defensa y Justicia y aunque el técnico ya lo sabía, situaciones como ésta se encargaron de refrescárselas en un par de días.

Las razones por las que alguien filtra lo ocurrido entre cuatro paredes son múltiples, pero en este caso, lo único evidente es que han condicionado de forma prematura al ciclo del joven entrenador. No sería ni la primera ni la última vez que un equipo salga a flote luego de un hecho de estas características, pero lo primero que debe revisar ese grupo es la razón y la motivación que lleva a alguno de los que estuvo en ese entretiempo, a contar algo que bien podía haber quedado resguardado. Una vez que salió a la luz, revelar el episodio resultó inexorable.

Los dichos sonaron algo contradictorios. Desde la sanción, Beccacece quiso mostrarse fortalecido en su autoridad. Pero al ponerle plazo al correctivo aplicado a Pablo Pérez, también expuso su fragilidad. No parece casual que el indulto llegará 10 días después del incidente, justo cuando Independiente enfrente a Defensa y Justicia por la Copa Argentina, en un partido que puede determinar la suerte del incipiente ciclo.

Que el técnico no le encuentra la vuelta a los problemas que manifiesta el equipo es la razón más contundente que expone su prematura inestabilidad en el cargo. Una dirigencia que hizo caso a sus pedidos de refuerzos, pero no parece ver más allá de los magros resultados obtenidos y un público que tampoco termina de entender el plan de juego, alzan sus voces manifestando su descontento, o susurran por lo bajo su preocupación.

Tal como fue expresado hace algo más de un mes ( https://bit.ly/2kHXe77) la eliminación de la Copa Sudamericana fue un duro mazazo, sabiendo que el torneo continental representaba la chance más firme de llegar a la Libertadores del año próximo, pero la consecuencia es el efecto que causó en las decisiones del técnico. A partir de allí, Beccacece intentó seguir tocando teclas creyendo que encontraría las correctas y cometió otro error capital: no hace falta reparar lo que no está roto. El resultado quedó a la vista. Independiente es un equipo volátil que pierde tanto como gana.

Beccacece, cuestionado en el Rojo por los magros resultados
Beccacece, cuestionado en el Rojo por los magros resultados Fuente: FotoBAIRES

Veintitrés jugadores utilizados en apenas una decena de partidos, nombres que mutan su posición como si fueran piezas intercambiables y la ausencia de un esbozo de idea (pedir algo definido en tan poco tiempo sería injusto), son la marca más notoria de una búsqueda que desde la experimentación parece haber extraviado los mandamientos esenciales del plan original. Benítez de falso nueve, de media punta o por las bandas. Figal de central o de lateral derecho. Bustos en el fondo o en el medio, igual que Sánchez Miño. Blanco y Barboza sin continuidad y con flojos rendimientos. Los resultados no entregan respuestas para sostener a los nombres y los rendimientos de los jugadores tampoco ayudan. El círculo vicioso impone condiciones y los cambios compulsivos lo alimentan desde adentro.

La salida de Holan, desgastado en su relación con algunos referentes del plantel y sinuoso en la idea de juego del equipo, supuso ser la solución de raíz para el problema de fondo. La realidad actual pone ciertas dudas a esa afirmación que lejos de tener color sepia, aún se mantiene en buen estado. Pasó muy poco tiempo como para que los nombres del pasado reciente se hayan evaporado definitivamente.

La ilusión se esfumó demasiado rápido, aunque el crédito sigue abierto. Dependerá de la pericia del técnico para navegar en la tormenta y al menos definir el rumbo. Independiente vuelve a vivir horas decisivas. Y son éstas que corren.

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