Los argentinos no encuentran precios cuidados

Cercano como nunca en más de 30 años, el Mundial está lejos de los bolsillos de los visitantes albicelestes; valores y diferencias
Alfredo Sainz
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24 de junio de 2014  

RÍO DE JANEIRO.– Como nunca en más de treinta años, el Mundial se juega tan cerca de la Argentina pero a la vez sigue estando muy lejos de los devaluados bolsillos argentinos. La tentación de otorgarle a Brasil el título de país más caro del mundo es muy grande cuando se recorren los supermercados y restaurantes de Río de Janeiro y Belo Horizonte o se consultan los precios de los hoteles o los pasajes de avión. Sin embargo, el impacto de los precios brasileños no se explica únicamente por el "súper real" que disparó los valores en dólares de los bienes y servicios en Brasil sino también por la debilidad del peso argentino cuyo poder de compra se derrumbó a partir de la devaluación de enero.

Como era de esperarse, salir de compras o a comer cerca de los estadios en tiempos del Mundial se convirtió en una propuesta casi de lujo y las canchas en los días de partido se transforman en verdaderos shoppings al aire libre dominados por los sponsors oficiales de la FIFA y con precios para nada populares.

La moneda brasileña cotiza en torno a los dos reales por dólar, lo que significa que a los precios locales hay que multiplicarlos en pesos argentinos por un poco más de cinco, tomando en cuenta al dólar blue y al dólar tarjeta (hoy la diferencia entre ambos se redujo a 12%).

En los supermercados, los precios son un poco más amables para los bolsillos argentinos y se puede hablar que en promedio los alimentos y las bebidas cuestan entre 20 y 30% más que en Buenos Aires. El sáchet de leche se consigue a 12 pesos, un paquete de 10 salchichas se vende a 7 reales y la Coca-Cola de dos litros se consigue a 4 reales (contra los 13,25 que cotiza la botella de litro y medio en los Precios Cuidados argentinos), mientras que la lata de cerveza oscila, según la marca, entre los 1,5 y los 2 reales. Las diferencias más grandes llegan de la mano del vino y la carne. En promedio los vinos argentinos que se venden en los supermercados cariocas cuestan el doble que en Buenos Aires y un kilo de lomo ronda los 45 reales (aproximadamente 250 pesos).

El panorama es mucho más complicado a la hora de comer afuera. El combo de McDonalds no baja de los 20 reales (un poco más de 100 pesos), mientras que por una pizza grande muzzarella hay que pagar 35 reales. Los platos típicos de la cocina brasileña cotizan un poco más arriba y por un plato de camarones o un filet de pescado hay que desembolsar más de veinte reales, con lo cual es prácticamente imposible almorzar en un restaurante por menos de 200 pesos por persona.

Otro artículo de lujo para los presupuestos argentinos es el transporte. La nafta súper cuesta tres reales, lo mismo que el boleto de colectivo, mientras que el pasaje en subte sube a 3,50 reales y la bajada de bandera del taxi en Río llega a los 5 reales.

Si se trata de ir de shopping, el panorama tampoco se presenta para nada amigable. La indumentaria que en los últimos años se convirtió en la propuesta más accesible para los argentinos que salen de compras en Estados Unidos o Europa, en Brasil se ofrece a precios similares o incluso más altos que los de los comercios porteños. Y la industria local de electrónica también goza de fuertes protecciones de manera de asegurar la supervivencia de las fábricas instaladas en Manaos.

La consecuencia es que el consumidor brasileño terminan compitiendo con el argentino por ver cuál paga los precios más caros del mundo por los televisores (un Smart LED de 42 pulgadas de primera marca no baja de 2500 reales, US$ 1126) de o los teléfonos celulares y los cariocas que quieren tener un iPhone 5 terminan desembolsando en el flamante Apple Store de Río más del doble que en Nueva York o Miami.

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