Los dueños de la pelota

Ezequiel Fernández Moores
Crédito: Domenech
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9 de julio de 2019  • 23:59

Lionel Messi, vivo, saca rápido el tiro libre para que el Kun Agüero abra la cuenta ante Chile. "Igual que Diego Maradona a Claudio Caniggia contra Nigeria en el 94", recuerda el relator. Aquel partido en el Mundial de Estados Unidos fue el último de Maradona con Argentina. Horas después estalló el doping de efedrina. Julio Grondona tuvo que elegir entre defender a Maradona o ser fiel al brasileño Joao Havelange. Se debatió entre nuestro ídolo popular o nuestro villano ideal. México 86 ya estaba lejos. ¿Inmolarse él y la selección argentina por Maradona? Grondona eligió la FIFA. Veinticinco años después, su sucesor en la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia, afronta ahora una situación parecida. La Conmebol, agraviada, amenaza duras sanciones contra Messi. Tapia, por supuesto, defenderá a Leo. El partido, inesperado, recién comienza.

Brasil fue merecido campeón de la Copa América. No fue protegido en la primera etapa (le anularon tres goles contra Venezuela). Y tampoco contra Paraguay en cuartos. Es cierto, en la final le dieron un penal insólito. Pero le cobraron otro debatible y sufrió una expulsión polémica. Sí fue beneficiado en cambio en la semifinal contra la Argentina. Todavía resulta difícil entender por qué ese partido, el más importante del campeonato, fue asignado al ecuatoriano Roddy Zambrano. Por qué no intervino el VAR a cargo del uruguayo Leodán González. Por qué la tele oficial retaceó imágenes. Y por qué el partido siguiente por el tercer puesto fue para otro juez inexperto. Mario Díaz de Vivar es cuarto o quinto árbitro en Paraguay. La Conmebol lo consideró número uno. Es el árbitro de la roja a Messi. Y, como había sucedido ante Brasil, con el VAR otra vez extrañamente callado.

Los técnicos de Brasil (Tite) y de Uruguay (Oscar Tabárez) asumieron sin quejas fallos arbitrales que perjudicaron a sus equipos. Messi no. Denunció "corrupción" y dijo que "Brasil maneja la Conmebol". ¿Somos malos perdedores? ¿O somos poco sometidos? La historia del deporte tiene rebeldes famosos. De Muhammad Alí a Colin Kaepernick en Estados Unidos. Diego Maradona. Megan Rapinoe, capitán y figura de la selección de Estados Unidos que acaba de ganar por cuarta vez el Mundial femenino, tachó a Donald Trump de "sexista", "misógino", "racista" y "mala persona". Y le dijo que no pisará "esa puta Casa Blanca para llevarle el título". La rebeldía repentina de Messi está mucho más focalizada. Ejemplo histórico de corrección, artista único y acaso último de la pelota, Messi, que crece y se renueva año a año, eligió dejar de ser un capitán silencioso. Agrada su generosa predisposición para esta nueva etapa. Incomoda su discurso acaso franco, pero apresurado.

La Conmebol, sabemos, fue largo feudo de Grondona, compartido con Brasil. Pero hubo rebelión en el Pacífico y, además, estalló el FIFAgate. Al uruguayo Wilmar Valdez, presidente fugaz, le hicieron una cama que catapultó al paraguayo Alejandro Domínguez. Brasil, socio principal, impuso la designación de Wilson Seneme al frente de la Comisión de Arbitros que también integra el argentino Héctor Baldassi ("¿Cómo hace Baldassi para ser Diputado Nacional, Director del Enard y además estar en la Conmebol?", se pregunta Víctor Lupo, ex subsecretario de Deportes nacional).

Observador de VAR en la semifinal polémica fue el colombiano Oscar Ruiz, amigo histórico de Brasil, y aún en la Conmebol y la FIFA pese a nuevas y graves denuncias de acoso sexual formuladas por árbitros de su país. En su apoyo a Messi, la AFA de Chiqui Tapia, llamativamente exagerada, exigió las renuncias de Seneme y Baldassi y citó también a Jair Bolsonaro, la sorprendente minivuelta olímpica que el presidente de Brasil dio en el entretiempo. El domingo, Bolsonaro levantó la Copa en medio del equipo brasileño. Ni siquiera el DT Tite osó ocupar ese espacio. El oficial Conmebol se molestó en la conferencia cuando un periodista inglés le preguntó a Tite por el tema. La Conmebol, claro, dice que no hace política. Lo mismo dice la nueva FIFA de Gianni Infantino, que semanas atrás inventó un premio (se entregó por primera vez) a Mauricio Macri, de campaña electoral.

"Terminó la peor Copa América de la historia", tuiteó Marcos Velázquez. Es el periodista paraguayo al que Domínguez demandó judicialmente porque lo trató de "corrupto". Velázquez le respondió con un video de 2015, en el que Domínguez destaca la honestidad del entonces presidente de la Conmebol, su compatriota Juan Angel Napout, hoy encarcelado en Estados Unidos. "La FIFA apesta. La UEFA apesta. La Conmebol apesta y la AFA apesta. Soretes. Algún día -escribió Kurt Lutman- vamos a entrar donde tienen secuestradas todas las pelotas y no le va a quedar ni una".

¿Suspenderían por dos años a Messi? Lo mejor del domingo fue acaso el recuerdo al baiano Joao Gilberto, nacido en 1931 en Juazeiro, la misma ciudad del gran campeón Dani Alves, y fallecido horas antes de la final. "Joao -escribió Ruy Castro- vivió para perfeccionar la perfección". El padre de la bossa nova bien podría haber cantado "La felicidad" en el Maracaná. "La gente trabaja todo el año por un momento de sueño.la tristeza no tiene fin, la felicidad sí".

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