Los Kawasaki de Brasil

Ezequiel Fernández Moores
(0)
30 de junio de 2014  • 20:31

Los jugadores de la selección brasileña están más tensos que nunca. Saben que el país los mira. Van veinticuatro años sin títulos mundiales. Faltan minutos para salir al Rose Bowl, de Pasadena. A la final del Mundial 94 contra Italia, que también busca su tetra. Al DT Carlos Alberto Parreira no le gusta tanto silencio. Llama a Ricardo Rocha, capitán sin brazalete, el hombre cuyo contestador telefónico en Madrid decía "poca samba y más trabajo". Rocha se había lesionado en el debut. Romario, Dunga y Branco pidieron a Parreira que lo mantuviera dentro del grupo. Precisaban su voz, su alegría, su liderazgo. Y Rocha, que ya había llorado su lesión sentado bajo la ducha, cuando nadie lo veía, decidió quedarse. Porque Brasil no podía repetir la experiencia de Italia 90. La selección de egos y vestuario dividido que cayó eliminada en octavos de final ante Argentina.

"Ricardo -pidió Parreira a Rocha-, díle algo a los muchachos". Rocha ya había evitado que Branco dejara la concentración, furioso por su exclusión. Y que Romario saliera de la depresión, porque un diario italiano había afirmado que la FIFA, supuestamente, ya había decidido declarar a Roberto Baggio como mejor jugador de la Copa.

"Tenemos que pensar en el sufrimiento de nuestro pueblo. Llevamos veinticuatro años sin poder darle al menos una Copa", inició Rocha la arenga al plantel. Recordó luego el dolor popular por Ayrton Senna, "nuestro ídolo máximo", que había estado con el equipo en Francia apenas cinco días antes de su muerte y se quedó sin ganar el tetra. Lejos de calmarse, los jugadores sentían que la presión crecía. "Miren gente –retomó entonces Rocha su discurso- nosotros tenemos que hacer como ese grupo de chinos que iban a la muerte, ese grupo de chinos que era un fenómeno. Que daban la vida por su patria. Que eran diez contra mil y morían pero matando al enemigo. ‘Esses chineses’ que tenían un tanque de gasolina y con eso derribaban aviones. Y morían juntos. Porque ‘esses chineses’ amaban a su patria". Los jugadores comenzaron a darse fuerza. "¡Vamos! ¡Vamos!", se gritaban unos a otros.

"¿Cómo se llamaban esos chinos?", preguntó Romario a Rocha.

"Esses chineses eran…¡os Kawasaki!", gritó Rocha.

"¿Kawasaki? Noooo Ricardo, eran los kamikazes, ¡ka-mi-kazes!", lo frenó Romario.

Los jugadores estallaron de la risa. Algunos hasta cayeron al piso. Romario se paró del asiento y tiró un zapato a Ricardo diciéndole "¡ka-mi-kazes burro! ¡ka-mi-kazes!". Y los jugadores, que minutos antes eran puro silencio y tensión, comenzaron a gritar a pura risa y ánimo que ‘los kawasaki’ ganarían la Copa.

El actual plantel brasileño está precisando hoy un Rocha que lo alivie de tanto rezo, "llanto oceánico", himno y bandera. El liderazgo del capitán Thiago Silva quedó en el ojo de la tormenta por su actitud de rezo aislado, alejado del grupo, en los momentos previos a la ejecución de los penales, el sábado pasado en el Mineirao, en un partido ante Chile que fue puro nervio, cero placer. "El problema de la selección –escribió Tostao- no es emocional, sino técnico y táctico". Ante Chile, el porcentaje de pases acertados registró el peor índice de Brasil en los últimos cincuenta años. Juegan atados. "Tienen miedo –dijo otro exjugador, Marcio Santos- de ser el próximo Barbosa".

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.