Los pequeñitos dirigentes del paraavalancha

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
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17 de mayo de 2019  • 11:00

Infeliz coincidencia la del presidente en ejercicio de Boca y el candidato oficialista. "El único grande" fue lo más gracioso que se les ocurrió tuitear a Daniel Angelici y a Christian Gribaudo al término del partido. Casi que se atropellaron sus dedos, sin medir, sin pensar, sin asumir el impacto. Probablemente, tampoco les importó. Regaron con nafta la hoguera, alejados de la sensatez y la mesura que supondrían su misión en el club. Actuaron desde el paraavalancha. Ejemplos que llegan puntuales para recordar el desenfoque de dirigentes que se extralimitan y pisotean sus funciones. Dirigentes que eligen mofarse de la desgracia deportiva ajena para asegurarse adhesiones tribuneras. Ese es un hábito que los califica. Una de las derivaciones del alterado y ventajero fútbol argentino es que pone a prueba el sentido de responsabilidad de sus protagonistas. Otra manera de entender la decadencia.

Esta vez se trató de Angelici/Gribaudo, apenas los últimos eslabones de una interminable cadena. Pero la práctica es frecuente. El deterioro cultural que martilla al país arrió a muchos dirigentes del fútbol hasta la ciénaga de la mala educación. Hay ejemplos de todos los colores y escudos. Demagogos con desbordes que no pueden ampararse en el folklore. Bravucones, oportunistas, rapaces, los más nocivos. Chistosos, simpáticos o infantiles, los que se disfrazan de inofensivos. Todos, innecesarios.

"Para ser dirigentes no alcanza con ser hincha: hay que ser capaz y ético", repetía José Pekerman hace algunos años, cuando advirtió que el nivel de descomposición avanzaba inexorablemente. La grandeza, la auténtica, se construye con actitudes superadoras, con caballerosidad y aplomo, con madurez para escapar de la trampa que propone un ambiente histérico y agresivo. En este contexto asfixiante, nada puede ser peor que dirigentes atentos a lo accesorio para descuidar lo esencial. Buscando retweets o likes para regocijarse en su baño de popularidad.

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