Los primeros 90 minutos en busca de la gloria

River se juega en México, ante Tigres, la primera parte de su gran objetivo en muchos años: ganar el trofeo más importante del continente después de 19 años; Gallardo tiene una duda: poner a Gonzalo Martínez o a Viudez
River se juega en México, ante Tigres, la primera parte de su gran objetivo en muchos años: ganar el trofeo más importante del continente después de 19 años; Gallardo tiene una duda: poner a Gonzalo Martínez o a Viudez
Alberto Cantore
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29 de julio de 2015  

MONTERREY.- El destino los vuelve a cruzar, pero en una circunstancia diferente, decisiva, que no ofrecerá segundas vueltas. Tigres y River ya se midieron y quedaron a mano hace unos meses atrás. Ahora, en la nueva saga que protagonizarán, no hay espacio para las tablas. La Copa Libertadores busca a su campeón. El primer episodio del recorrido final empezará hoy, desde las 20 (22 de nuestro país), en "El Volcán", y terminará, dentro de siete días, en el Monumental. El sueño de un equipo mexicano de levantar por primera vez el trofeo más emblemático de clubes del continente y el deseo ferviente de los millonarios por romper con los 19 años de espera, esa que empezó a correr desde la noche en que el uruguayo Enzo Francescoli exhibió con orgullo y emoción la copa frente a los hinchas, en Núñez, en 1996. Cara a cara, de ida y de vuelta, todos detrás de la gloria.

En este mismo escenario River tuvo una reacción, vio una señal, revirtió lo que era sentencia definitiva en el prestigioso certamen. Fue la noche en que Teo Gutiérrez y Mora aparecieron cuando el equipo más necesitaba de sus delanteros, quienes en los cuatro partidos anteriores del Grupo 6 no habían marcado. Fue este rival el que le tendió, una semana más tarde, una mano y quitó del camino al modesto Juan Aurich, de Perú, para darle vida al gigante argentino, el mismo que ahora puede arrebatarle la ilusión y convertirse en su peor pesadilla.

Cada uno se lanzó por su camino sin pensar que las vías opuestas tendrían un punto de contacto en el futuro. Era muy temprano entonces para hablar de una hipotética final, más cuando River, clasificado como el peor de los segundos en la etapa de grupos, tenía enfrente a Boca, el rival de siempre, el que arrasaba a sus rivales. "Nos van a tener que aguantar", pronosticaba por entonces el director técnico Marcelo Gallardo. Para los millonarios, el superclásico resultó la mejor prueba de temple y estrategia, más allá del escándalo de la Bombonera. La hoja de ruta siguió con Cruzeiro -el único equipo que derrotó en un mata-mata a una formación en el ciclo internacional del Muñeco en River- y Guaraní; Tigres, a la vez, desandaba su periplo y eliminó a Universitario de Sucre, Emelec e Internacional, de Porto Alegre.

La Copa América provocó un corte en el trayecto de la Libertadores, y ahí se observó que Tigres y River iban por todo. Con estrategias diferentes, porque mientras en Núñez se apeló al sentimiento para repatriar a Saviola y a Lucho González y los dirigentes aplicaron con Tabaré Viudez, Alario y Bertolo el ojo seleccionador del entrenador, los mexicanos abrieron la abultada billetera y desembolsaron 30 millones de dólares para reforzar su plantel: el francés Gignac, el nigeriano Uche, Jürgen Damm y Aquino, los nombres con los que Tigres hizo la revolución y enseñó su poderío económico.

Con estilos de juego definidos, donde ser protagonistas a partir del control de la pelota y el dominio del territorio es la premisa, los entrenadores Gallardo y Ferretti no tienen demasiado para esconder, respecto a lo que dispondrán en la cancha, en la que apenas un puñado de hinchas de River dirá presente. Sin venta de entradas para los simpatizantes visitantes en ninguna de las dos finales, el reparto de tickets de protocolo es la única vía para ser testigo de la definición en casa ajena.

Con 10 de los 11 titulares llegó River, porque el regreso de Ponzio, después de cumplir con la fecha de suspensión era previsible. El volante es el termómetro del carácter del equipo. La incógnita es descifrar quién ocupará el sector izquierdo de la zona de los volantes, ya que el uruguayo Viudez enseñó con escaso rodaje el potencial que hizo que el entrenador insistiera para su contratación. El competidor en la banda es Pity Martínez, de desempeño irregular en Asunción, con Guaraní, pero que desplegó su mejor repertorio el sábado, frente a Colón. Sin embargo, disputar los 90 minutos frente a los santafecinos le quita frescura. El resto son los nombres conocidos en los que Gallardo confía desde siempre, con la salvedad de Alario, el del gol que trajo alivio frente a los paraguayos. También una duda presenta Tigres, donde Aquino, que arrastra una lesión, podría abrirle la puerta a Damián Álvarez, el argentino que tuvo sus inicios en River. La potencia de Sobis y Gignac y el sostén anímico del uruguayo Arévalo Ríos, piezas de jerarquía en los mexicanos.

Como hace 14 años, un equipo argentino y un mexicano disputarán la final de la Libertadores. La final empezará a jugarse hoy, la gloria espera a uno solo dentro de siete días.

31

participaciones tiene River en la Copa Libertadores; su primera vez, en 1966; ahora llevaba seis años sin jugarla.

4

participaciones tiene Tigres en la Copa Libertadores: 2005, 2006, 2012 y 2015.

14

partidos disputó River frente a mexicanos por la Copa, con cuatro victorias, seis empates y cuatro derrotas. De visitante ganó una vez: 1-0, sobre Santos Laguna, en 2004. Tigres, por la Copa, jugó cuatro veces con argentinos, con un éxito y tres empates.

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