Maradona ya no juega y Gimnasia vuelve a la realidad

Francisco Schiavo
Francisco Schiavo LA NACION
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15 de septiembre de 2019  • 14:50

Otra vez esa sensación después de un partido. Vacío. Como un salón de fiestas en el que la música terminó hace rato y despunta el sol. Los papelitos por el piso hacen más triste la imagen. El debut de Diego Maradona como entrenador de Gimnasia terminó con una derrota -2-1 ante Racing- que hundió más al Lobo en los promedios de la Superliga. La desesperada lucha para evitar el descenso cerró su primer capítulo con el excapitán del seleccionado argentino al frente de una aventura con aires utópicos. Y tal vez allí esté el problema: Maradona ya no juega y Gimnasia empieza a caer en esa realidad.

La revolución en La Plata por la llegada de Maradona todavía dura, por supuesto. Se unieron porque ambos se necesitaban. Un club caído en desgracia y que precisaba un golpe de efecto, aunque no fuese estrictamente deportivo, y un DT que no tenía oportunidades en su país desde 2010. Casi que imploraban encontrarse. Lo hicieron y levantaron polvareda. Marketing, sponsors, filas para hacerse socios, incansable espacio en los medios. Todo junto. Algo que Gimnasia ni recordaba. Se la jugaron a todo o nada. Racionalmente, mucho más cerca de la nada. Con la clarísima salvedad de que Maradona es mucho más corazón que razón.

Maradona empezó el día como un jugador más. Entre gestos, arengas y otra ovación que jamás olvidará. El DT cerró la fecha con preocupación, íntima preocupación. El resto, claro, será lo más importante de acá en más. Porque el panorama se complicó un poquito más después de la caída. Entonces, ¿qué podrá hacer un cuerpo técnico ensamblado? Maradona y Sebastián Méndez apenas se conocen.

No será fácil administrar los recursos ni desarrollar la propuesta en medio de un sartén al rojo vivo. El pasto quema. Gimnasia tendrá que adaptarse con un equipo humilde y con la impostergable misión de sacar puntos. Salvo por un remolino de furia con el tiro libre de Ayala y el cabezazo de Morales, en los que se lució Gabriel Arias, de fútbol hubo poco y nada. Lentamente, Gimnasia advierte que el coraje, el empuje y los kilómetros recorridos dentro de la cancha son el complemento para el resto: la planificación y el talento. "El que no corre, conmigo no juega", dijo Maradona. Justo él, que pensaba antes de dar un paso. Curioso. Pero a veces el que corre demasiado tampoco juega. Al menos, no como lo necesita el Lobo, en medio de la ebullición. "No soy mago", también reconoció. Y en eso sí que tuvo razón.

La ilusión dura hasta que la burbuja explota. Y, como en el cuento, los carruajes se transforman en calabazas. Del mito a la realidad. Y Maradona está en el medio. El problema es que ya no juega.

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