Mariano Mastromarino, el hombre de la película

El maplatense y un momento de gloria
El maplatense y un momento de gloria Crédito: Andrea Mac Micking
La historia del marplatense que estuvo al borde de dejar el atletismo y se coronó en la Maratón de Buenos Aires; Antonio Silio, Toribio Gutiérrez y Oscar Cortínez, símbolos del deporte, festejan y hablan del triunfo del argentino que quebró 10 años de hegemonía extranjera
Juan Pablo Calviño
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13 de mayo de 2015  • 18:47

Mariano Mastromarino, en 2010, tras una vida ligada al atletismo de pista, tuvo que empezar a trabajar como vendedor porque ya no contaba con la beca nacional. Sus últimas dos temporadas no habían sido buenas. "Lo veía desmotivado. En un viaje con Daniel Díaz, su formador, le propuse entrenarlo. Creía que podía ser un gran maratonista", comenta Leonardo Malgor. "Era una pena que con 28 años se alejase del atletismo. Aplicamos motivación y planificamos algunas carreras de calle para que él pudiera solventarse y tener un ingreso. De a poco dejó su trabajo y se abocó a entrenarse, cuidarse y entrar en el sistema que aplico con mis atletas más importantes. Lo bueno es que Mariano agacha la cabeza y le da", agrega el entrenador.

"No estaba pasando un buen momento, no se daban los resultados. Daniel me dijo que lo mejor era que empezara a entrenarme con Malgor, que podría prestarme más atención y estar más encima. Leo veía que la distancia a enfocarme era la maratón.

Negociamos porque quería correr 3000 con obstáculos durante un tiempo más y aceptó. Un año después estaba compitiendo en los Panamericanos de Guadalajara", cuenta Mastromarino. En ese momento se plantearon ir por la marca mínima para los Juegos de Londres y el objetivo se escapó por tres segundos. Ese día colgó los clavos. Sintió que era el momento para empezar en los 42K. "Hice el último intento un viernes y a los dos días me reuní con Malgor y le dije que no quería esperar al año siguiente para debutar y a los tres meses corrí la Maratón de Buenos Aires 2012", explica el Colo, que en su primera participación cometió los errores de cualquier novato.

"No tenía experiencia en la distancia. Venía de correr la media en 64 minutos y esa referencia me había dado confianza para salir a correr. Creía que si pasaba la primera mitad en 67 minutos me iba a sentir cómodo. No le hice caso a Leo, que me pidió que no vaya por debajo de 1h09m. Pasé la media un minuto y medio antes y sufrí los últimos 5K. No podía correr. En el K37 venía para 2h17m, pero acabé en 2h20m. Cuando terminé (Malgor) no me habló por dos horas. No me dirigía la palabra", desliza ya con una sonrisa nerviosa.

En abril de 2013 corrió su segunda maratón en París. Eligieron esa cuidad porque pensaron en un circuito rápido, con la posibilidad de competir rodeado de otros atletas para intentar clasificarse al Mundial. Fue la primera preparación planificada. Pasaron todo el verano en Mar del Plata y la etapa final la hicieron en la ciudad salteña de Cachi. "Fue un gran sacrificio. El día de la carrera me encontré corriendo en solitario. Esta vez sí respeté todos los parciales. Quedé a 20 segundos de la marca y fue otra frustración", resume el atleta de 32 años."Cuando algo no se da, vamos por más" sintetiza Malgor. Y agrega: "Planteamos pocos objetivos importantes en la temporada. A lo sumo dos. Este año empezamos a entrenar para los Odesur. Mariano me había comunicado que después de intentar la marca para los JJ.OO. ya no quería preparar más los 3000 con obstáculos, pero al no haber 42K por esa única vez volvimos a la pista", explica el también entrenador de Marita Peralta, representante olímpica en maratón en Londres 2012. "Necesitaba mantener las becas y me fue bien. Me traje una medalla de bronce. Si no tendría que haber competido más durante el año para mantenerme económicamente", dice Mariano, que aquel día cronometró 8m48s11/100.

Este año, la Maratón de Buenos Aires volvía a ponerse en su horizonte. La Confederación Argentina de Atletismo (CADA) designó esta prueba como selectivo para Toronto 2015. "Nuestro objetivo concreto son los Juegos de Río 2016 y como paso intermedio los Panamericanos del próximo año en Toronto", revela Malgor.

Con más tiempo, la preparación fue aún más prolongada y estable. "En este proceso pudimos competir cuando correspondía y no salir a buscar carreras para llegar a fin de mes. Entre el aporte de Nike, con la indumentaria, y la beca del Enard y la Secretaría de Deportes se me ordena un poco la economía. Si bien son montos chicos, en la suma me arreglo", dice el argentino que tras 10 años de triunfos extranjeros ganó la maratón más importante de América del Sur, con un récord de 10.335 inscriptos.

"Estaba sorprendido. Durante la hora previa a la carrera estaba muy tranquilo, concentrado en lo que tenía que hacer. Nunca sentí los clásicos nervios previos a una carrera. Raro, porque antes sí me pasó. Sabía que había hecho todas las cosas bien", rememora sobre el 12 de octubre de 2014, "una fecha que no olvidaré jamás". Dueño del récord argentino para la distancia, Antonio Silio opinó: "El primer puesto de Mastromarino es muy importante porque resalta más. Si no gana pero hace buen tiempo, el logro queda en segundo plano. Más de una vez uno se sorprende de ver que ni siquiera sube al podio y de repente se encuentra en lo más alto".

En los papeles, la estrategia le marcaba correr a 3m15s por km hasta el km 30 para intentar elevar el ritmo. "Se dio la carrera que planteamos. Es más, salí más lento. En la primera mitad me sentía incómodo, no podía agarrar el ritmo. Salía un kilómetro fuerte, otro más tranquilo. Tenía que pasar los 21K en 68 minutos y tardé un minuto más. Creo que ahí hice bien las cosas porque decidí seguir así hasta el km 30 por miedo a quedarme al final. Después me sorprendí de mí mismo", continúa. "En la zona de Puerto Madero, aproveché los retomes para ver que al brasileño Ribeiro lo tenía a tiro. Pensé que si lo pasaba me subía al podio y me llevaba un premio extra. Cambié el ritmo, lo fui a buscar y a esa velocidad me sentía más cómodo que yendo a 3m15s. Aceleraba y me sentía más fuerte y decidí seguir así para ver hasta dónde podía llegar. Venía cumpliendo con el plan. De repente, Malgor me grita que el parcial de esos tres mil los estaba haciendo a 3m04s el km", señala.

Un mojón, el del km 32, fue el quiebre que Malgor soñó: "Cuando pasa al brasileño Ribeiro me di cuenta de que ganaba. Levanté la vista y vi que los keniatas estaban a 600 metros; por primera vez estaban al alcance. El ritmo de punta estaba frenado".

Para Toribio Gutiérrez, doble ganador de la Maratón de Buenos Aires (1991 y 1993), el triunfo del marplatense no tiene nada de extraño. "No fue un batacazo lo que hizo Mariano. Es el fruto del trabajo de mucho tiempo con su entrenador. Tomarse la responsabilidad de hacer todo lo que corresponde. Estuve en varios puntos del circuito y a los 20 km los africanos iban adelante. Corrió muy inteligentemente", precisa Toribio. Palabras que comulgan con las de Oscar Cortínez, el último argentino que había subido a lo más alto del podio en Buenos Aires (2003 y 2004). "Tuvieron que pasar 10 años desde mi triunfo. Esperé mucho este día. Lo necesitábamos. Se lo merecía porque es el único atleta argentino que no se salteó etapas y eso se nota en el rendimiento", explica el Indio. Y añade: "Se entrenó en silencio y se enfocó en su objetivo, lejos de su gente y sacrificando mucho. Ahí está buena parte de su éxito. El atletismo implica eso. No hablar y entrenarse como loco. Es el premio a no haber bajado los brazos. Los africanos corren muy bien con calor y frío. Pero con humedad pierden rendimiento, un plus que tiene Mariano por Mar del Plata".

"Estaba convencido de que podía seguir subiendo el ritmo. Me sentía bien y con mucho aire. Correr a 3m05s los últimos 10 km de una maratón no es habitual. Me sorprendió ver a los keniatas. Cuando los pasé sentí un cosquilleo en el cuerpo. Hasta me pregunté qué pasaba", grafica Mastromarino. Un instante que pareció una eternidad y las cuentas que no daban. "Fueron unos segundos de zozobra. Me concentré porque si quería correr debajo de 2h16m debía seguir tirando y no salirme del plan", indica. Los últimos kilómetros se hicieron interminables. "Quería llegar, cruzar la meta, abrazar a mi mujer y a mi hija. Fueron los dos mil metros más largos de mi vida. Sentía que no avanzaba", remata. Un argentino volvió a ganar la Maratón luego de una década. La leyenda dirá que derrotó a los imbatibles keniatas. Los números documentarán que un crédito local volvió a correr en 2h15m en territorio nacional.

Intruso : la 30a Maratón de Buenos Aires tuvo el increíble pedido desde el pace car para que Mastromarino se saliera del circuito por considerarlo un intruso. "Ese hecho potenció todo", dice el ganador

"Estoy sorprendido por todo lo que se generó. Tengo que aprovechar este momento, dar a conocer el esfuerzo de los atletas, que la gente que no es del mundo del running sepa del sacrificio que hacemos, que contamos con poco apoyo. Es el momento para que se acerquen las empresas para apoyar", reflexiona el hombre de la película. En su defensa, Silio alza la voz: "Cuando corría, las marcas me daban un sueldo y medio al de cualquier obrero. Con eso, elegía las carreras que convenían, no tenía que andar desesperado".

Mastromarino embolsó apenas 6000 pesos para una preparación de más de cuatro meses. Por imponerse en la misma distancia, en su ciudad, el 30 de noviembre, recibiría $ 15.000. Mariano es un producto de la factoría Malgor. Pero hay algo que viene en su ADN, para cristalizar su sueño deportivo de estar en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Está cerca.

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