"Me saqué la espina de Sydney"

Aquella vez, resignó una medalla en los 150 metros finales
Aquella vez, resignó una medalla en los 150 metros finales
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26 de agosto de 2001  

Habla pausado, sereno. Con un tono monocorde. Acaba de ser subcampeón mundial de canotaje en 1000 metros en Poznan, Polonia. ¿Está Javier Correa realmente feliz? "Sí, claro. Pero yo soy así. Tengo conciencia de lo que hice y también de que pude ser campeón mundial; esto es lo mejor que logré en mi carrera. Sin embargo, nadie me verá desbordado de euforia. Además, todavía tengo la final de los 500 metros."

El barilochense afincado en Viedma, de 25 años, está por irse a descansar luego del mejor día de su trayectoria a bordo de un kayac. En la conversación telefónica con LA NACION revive lentamente una jornada en la que le pasaron muchas cosas, canalizadas a su manera. Si hasta terminó siendo el elegido de la gente, muy aplaudido cuando depositó su diminuto 1m70 en el podio.

"Soy chiquito. Acá, en este nivel, todos me sacan como mínimo entre 15 y 20 cm. En cierta manera, es una desventaja en potencia y en el largo de las paladas. Pero yo lo equiparo con técnica, velocidad y un muy buen estado físico. Hay cosas que a los grandotes les cuesta más, como moverse dentro del kayac", aclara el hombre que siempre tuvo devoción por las mascotas, en especial las tortugas. En Viedma tiene más de una docena y siempre lleva consigo la cadenita con una tortuguita de plata.

Ahí el interrogante: "¿Por qué, si soy rápido sobre el kayac, me gustan las tortugas? Sí, suena raro, pero mi visión apunta a otro factor: la perseverancia. Y, en eso, son admirables y trato de imitarlas en mi trabajo".

Correa vuelve sobre la competencia. " Me saqué la espina de Sydney 2000. Aquella vez tuve un lugar en el podio hasta entrar en los 150 metros finales y terminé quinto. En realidad, cumplimos con el objetivo del equipo: llegar a la final y quedar entre los seis mejores. Digamos que lo de la espina era una cuestión personal.

"Aquí, como lo hablaba con mi entrenador (el cubano Miguel Sánchez), pude ser campeón mundial, pero me mató el sorteo de los carriles. Fui a parar al N° 9, en uno de los extremos, y mis principales rivales estaban a casi 50 metros. Entonces, cuando no podés mirar de reojito para graduar tu plan de carrera, para ver cómo están los demás, se complica un poco. Tuve que girar dos veces la cabeza y eso te cambia la sensación. En los últimos 500 metros ni miré y terminé sin saber si había salido primero, segundo o cuarto. ¿Si hubiera ganado estando en carril 5, como el francés (Babak Amir-Tahmasseb)? No sé. El ganó bien. Fue más rápido y punto."

Hoy Correa tendrá la revancha en los 500 metros. "Es más dura porque no permite errores. Debe ser una tarea perfecta. Los rivales más bravos son el húngaro y el uzbeko. Por primera vez en mi vida estoy en dos finales. Por suerte, físicamente me siento bien. ¿Qué cambió desde mis triunfos en Winnipeg ´99? Estoy más maduro y seguro. Me faltaba competir con las grandes figuras para progresar. Este año fue vital.

Correa, símbolo de seriedad, profesionalismo y buena gente. Es subcampeón mundial. Cada vez más arriba. Siente que alguna gran alegría va a tener. La está buscando.

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