Mentes en blanco y negro

Recientes estudios científicos demostraron que el ajedrecista profesional, en comparación con un aficionado común, utiliza mayores zonas del cerebro para descifrar una jugada
Recientes estudios científicos demostraron que el ajedrecista profesional, en comparación con un aficionado común, utiliza mayores zonas del cerebro para descifrar una jugada
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31 de agosto de 2001  

Ya no quedan sospechas. Un estudio llevado a cabo por el investigador Ongjen Amidzic y un grupo de científicos de la Universidad de Constanza, en Alemania, determinó que durante el desarrollo de una partida de ajedrez, el maestro y el alumno utilizan diferentes zonas del cerebro para seleccionar las mejores respuestas. La sentencia de los especialistas revela entonces que la fuerza de juego del ajedrecista avezado no es sinónimo de más inteligencia, pero sí que emplea mayor espacio del cerebro en el proceso de razonamiento.

Según el informe de la revista norteamericana Nature, la prueba reunió a diez grandes maestros y diez aficionados para que desafiaran el poder de cálculo de veinte programas de ajedrez. Con la ayuda tecnológica de avanzada en resonancia magnética, el grupo de científicos visualizó que tras la ejecución de cada movimiento por parte de los humanos, pequeñas dosis de energía llamadas "descargas gamas focalizadas" partían desde diferentes sitios de la masa cerebral. Mientras el aficionado utilizaba el lóbulo temporal medial -una zona crucial para la realización de tareas nuevas y la creación de memoria a corto plazo-, el gran maestro se servía de la corteza frontal y parietal -vinculada con la memoria de largo plazo y la destreza motriz-, para hallar la mejor respuesta.

Esta sería la causa principal por la que el jugador avezado insume menor cantidad de tiempo de reflexión para comprender una posición. Es que mientras el maestro sólo debe rescatar de su memoria esquemas conocidos, el novato, en cambio, deberá iniciar una serie de cálculos y evaluaciones para encontrar el plan más conveniente.

Consciente e inconsciente. "Uno no sueña con lo que tiene cotidianamente." Apoyados en esa teoría freudiana, muchos maestros de ajedrez sostienen que difícilmente en sus mentes existan partidas o posiciones imaginarias a la hora del descanso y el sueño. Aunque otros, por el contrario, se atreven a rescatar anécdotas sobre descubrimientos de variantes o de finas maniobras al momento de encontrarse abrazado a su fiel amiga, la almohada.

"Creo que uno disfruta mejor de la música con la luz apagada", explicó el gran maestro Oscar Panno, para seguir: "Durante la ópera, en el teatro, uno se distrae con el entorno, la iluminación, el vestuario de los actores, el público. En cambio, cuando se acuesta se relaja y logra una mejor concentración. Muchos de los que dicen que soñaron con la variante ganadora quizá no advirtieron que tal descubrimiento se produjo en esos instantes de descanso en estado consciente".

También Panno rescata alguna historia de vida compartida con su compinche Miguel Najdorf. "El era un especialista en estas historias. Era capaz de salir desnudo de la ducha, con medio cuerpo enjabonado y a los gritos decirme "ésta es la jugada con la que puedo ganar", refiriéndose a una partida suspendida de la noche anterior. En esos momentos yo no sabía si sorprenderme de su descubrimiento, que por cierto era fabuloso, o de lo que era capaz de hacer Miguel Najdorf. Tampoco sabré si aquello había sido obra de la conciencia o inconsciencia de Miguel", sentencia el gran maestro, de 66 años.

La conclusión del hallazgo científico, coincidente con los resultados de otros ensayos más sencillos, demuestra que durante una partida la memoria de los grandes maestros (la categoría más alta entre los ajedrecistas) no es fotográfica, sino lógica. De esta manera, el fuerte jugador sería capaz de reproducir cualquier posición de los diferentes trebejos, con sólo fijar su atención en ellos durante un par de segundos.

Este poder de mnemotécnica -método para fijar los conocimientos en la memoria- podría confundir al principiante o neófito de hallarse frente a una prueba de ilusionismo. Sin embargo, tal logro resultaría imposible para el experimentado ajedrecista si las piezas no respetasen las posiciones legales y se distribuyeran de manera aleatoria en el tablero.

Otra memoria . Innumerables hechos y anécdotas a lo largo de la historia del ajedrez resaltan hazañas de cálculo y de memoria (fotográfica) de superdotados maestros, capaces de desafiar a decenas de rivales en una sesión de partidas simultáneas a ciega.

En ocasiones, alejado del salón de juego, incluso hasta con los ojos vendados, el maestro es capaz de desafiar a cada rival anunciando a viva voz cada jugada de los distintos tableros. Su memoria fotográfica es la aliada principal para alcanzar tamaña hazaña.

En 1947, en San Pablo, Brasil, Miguel Najdorf se enfrentó en partidas simultáneas y sin ver el tablero con 45 rivales. El resultado fue sorprendente: ganó 39, empató cuatro y perdió dos, hecho que figura en el Libro Guinness de los Récords. Teniendo en cuenta las 32 piezas de cada tablero, Najdorf logró recordar las 1440 posiciones diferentes de los trebejos entre los 2880 cuadrados disponibles. En aquella ocasión, el recordado Miguel jugó de memoria 1680 jugadas.

Lo que se dice, increíble. Por ello, no hay duda de lo que muchos sostienen: se mira con los ojos, pero se lee con la mente.

Curiosidades

  • Para completar la primera jugada de la apertura del juego, los ajedrecistas tienen 400 maneras diferente de hacerla (el blanco cuenta con 20 movimientos iniciales distintos -16 de peones y 4 de caballo- idénti-cos al bando negro; 20x20 = 400). Alcanzar la segunda jugada demandaría 72.084 maneras diferentes de esparcir las piezas sobre el tablero y el número de variantes llegaría a los 9.000.000 si pretendiéramos completar tres movimientos con las piezas blancas y tres respuestas posibles de las negras.
  • Con ayuda del conductor de las piezas blancas la partida más breve podría extenderse 2 jugadas (1.f4 e6 2.g4 Dh4 ++). En 1950, en el abierto de la ciudad de Mar del Plata, el maestro argentino Pilnik y el israelí Czerniak disputaron la partida más larga de la historia, con 190 movimientos y algo más de 20 horas de juego.
  • Respetando las leyes del juego ex profeso, una partida podría extenderse hasta un máximo de 5899 jugadas.
  • Existen 3612 maneras distintas de colocar los reyes sobre los 64 escaques; 7.400.000 formas de ubicar de manera correcta los reyes y dos peones. El número se incrementaría hasta 13 millones de posiciones disímiles si se tratara de los reyes y dos piezas menores (caballos y/o alfiles).
  • Un número de 117 cifras se alcanzaría si se pretendiera combinar las distintas maneras de desarrollarse las 32 piezas sobre el tablero.
  • El proceso de razonamiento del ajedrecista (esquema básico)

    Hazañas de cálculos

  • En 820, el árabe Said Inbain jugaba de espalda al tablero con ayuda de un esclavo que ejecutaba los movimientos.
  • En 1560, Felipe II, rey de España, disfrutaba de las exhibiciones de ajedrez a ciegas que el fray Ruy López de Segura brindaba en el palacio.
  • En 1760, en el café de la Régence, en París, el francés Francois André Philidor se enfrentó con sus ojos vendados ante dos rivales de manera simultánea.
  • En 1850, el norteamericano Paul Morphy dio una sesión de partida simultáneas a ciegas ante 8 rivales (ganó 6 y perdió 2).
  • En 1902, el norteamericano Harry Pillsbury jugó ante 21 rivales experimentados, sin observar los tableros (3 victorias, 11 empates y 7 derrotas).
  • En 1925, el checo Richard Reti se enfrentó a ciegas ante 29 adversarios.
  • El 25/1/1947, en San Pablo, el gran maestro argentino Miguel Najdorf se enfrentó a ciegas ante 45 rivales (39 victorias, 4 empates y 2 derrotas). La sesión de juego se extendió durante 23 horas y 25 minutos.
  • En 1970 el húngaro Janos Flesch jugó a ciegas simultáneamente con 62 rivales de escasa fuerza. Tras la prueba fue internado y varios meses demando su recuperación.
  • El gran maestro

    1.- Al lóbulo occipital llegan las imágenes de las piezas y el tablero.

    2.-El lóbulo parietal será el encargado, entre otras funciones, de entregar una noción espacial (la distribución de las piezas en el tablero) y el responsable de asociación con los conocimientos ya adquiridos (la memoria).

    3.-En el lóbulo frontal se producirá la integración lógica y valorativa. La corteza premotora dará origen a que el jugador realice el movimiento físico de la jugada.

    El aficionado

    1.-Idem.

    2.-Sólo utiliza la noción espacial y escaso uso de la memoria (conocimientos adquiridos).

    3.-El lóbulo temporal será el encargado del cálculo, el ensayo y el error. La experiencia allí acumulada dará lugar a que en el futuro trabaje en mayor medida con el lóbulo frontal.

    4.-La corteza premotora dará lugar al movimiento físico de la jugada.

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