Messi: diez años en celeste y blanco

Hoy se cumple una década de su primera experiencia con la camiseta argentina, con la que deslumbró, fue campeón olímpico y hoy sostiene el sueño mundialista
Martín Castilla
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29 de junio de 2014  

BELO HORIZONTE.– Un 29 de junio de 2004 el destino lo puso ante un sueño que acunaba durante mucho tiempo. Con 17 años y 5 días tuvo su primera experiencia en celeste y blanco. De aquel debut juvenil en la cancha de Argentinos a esta misión mundial en tierra brasileña. De aquellas charlas en las que había que sacarles las palabras a estos tiempos de frases conceptuales y resonantes con repercusión en todo el planeta. De esa primera vez con la camiseta albiceleste, con las mangas largas y el número 17 a puntitos, a esta N° 10 con la cinta de capitán en el brazo derecho… Una década con el mismo sentimiento, la misma ilusión, envasada en ese desafío que siempre lo empujó y lo pone cara a cara ante uno de esos hechos que le erizan la piel: vestir la camiseta del seleccionado.

Él, un futbolista de 27 años que siempre en sus sueños albergó la oportunidad de vestir los colores del seleccionado, juega en esta Copa del Mundo por la gloria. Él, que acuñó la esperanza desde que se fue de su Rosario natal para jugar en las inferiores de Barcelona, que se fortaleció en la adversidad por algunos problemas de crecimiento, que superó etapas a un ritmo vertiginoso, que alcanzó las alturas de la elite mundial del fútbol, que escuchó halagos de todo tipo, siente el mismo cosquilleo del primer día a la hora de ponerse los colores de su país. Desde el lugar que siempre quiso tener habla con el corazón: "Cambiaría todos los récords por ganar un Mundial. Por hacer feliz a la gente de mi país".

El primer capítulo de esta historia que lleva diez años tiene una serie de hechos conocidos y otros que no lo son tanto. Hasta que Messi llegó a tener su bautismo de fuego en los juveniles argentinos, hubo una serie de capítulos que dan cuenta de un video entregado en forma anónima al cuerpo técnico de Marcelo Bielsa, por entonces entrenador de los mayores. Un recuerdo lejano de un apellido que daba que hablar en las categorías menores de Newell’s y el llamado de un empleado administrativo de la AFA por dar con ese talento que estaba en la cantera del Barça y que era pretendido por la federación española para hacerlo jugar para sus seleccionados. Por sugerencia de Hugo Tocalli, Julio Grondona ordenó la realización de unos amistosos. Así llegó la noche inolvidable en La Paternal, cuando en el segundo tiempo ingresó por Ezequiel Lavezzi y anotó el séptimo tanto de una goleada por 8-0 sobre Paraguay. Días después, el 3 de julio de 2004, jugó en Colonia otro amistoso, ante Uruguay, y reemplazó a Pablo Vitti para marcar dos goles en un 4-2 que lo catapultó –con años menos– al Sub 20. "Esperaba que me llamaran con ansiedad. Hubo contactos informales para saber si quería jugar para España, pero siempre dije que quería jugara para la Argentina y sólo siento estos colores… que tanto nos conmueven", rememoró la Pulga en uno de los capítulos del libro El Patriota y en el que con mucha emoción recuerda la experiencia en el Sudamericano de Colombia y el título obtenido en el Mundial Juvenil de Holanda 2005.

Desde las primeras experiencias en los juveniles que la comparación con Diego Maradona se le hacía inevitable a buena parte del ambiente mundial. Los puntos de contacto están en la historia de uno y otro. Después de ser campeón juvenil y de jugar en Barcelona, igual que a Maradona a Messi le tocaba debutar en la selección mayor ante Hungría… Pero nadie hubiese imaginado un debut tan fugaz como el que le tocó vivir el 16 de agosto de 2005, en Budapest. Con José Pekerman como entrenador, el equipo se impuso por 2-1 y Messi ingresó a los 19 minutos del segundo tiempo por Lisandro López. Duró 92 segundos en la cancha. ¿Cómo? En su primera intervención amagó y, en el forcejeo con su marcador, el brazo en alto para intentar desprenderse de la persecución lo condenó. Fue la primera vez que lloró por la Argentina. Pekerman mantendría la apuesta y, aunque siempre lo llevó en forma gradual, nunca dudó en darle rodaje oficial: el primer paso fue por las eliminatorias, en su presentación en Asunción, ante Paraguay, el 3 de septiembre. Hasta ser titular el 9 de octubre de 2005, en el Monumental, ante Perú.

Después de marcar su primer gol en la selección ante Croacia, en un 3-2 a favor del equipo, llegó la confirmación de que con 18 años iba a estar en Alemania 2006. Convirtió el primer tanto en los mundiales en el recordado 6-0 ante Serbia y Montenegro, en Gelsenkirchen, y al partido siguiente fue titular en el 0-0 con Holanda. La imagen final fue la de él en el banco y la Argentina eliminada por penales ante los germanos. Él, con 19 años recién cumplidos, sentía impotencia por no poder hacer nada para torcer una historia que él veía posible y que Pekerman no tanto. Mal que le pese, hizo todo para alimentar las esperanzas argentinos de acabar con los años de sequías en títulos… Ganó todo con uno de los mejores equipos de la historia como lo fue el Barcelona de Pep Guardiola, irrumpió en la cima del planeta fútbol entre las máximas figuras y, por primera vez desde el retiro de Maradona, la Argentina volvía a sentir que tiene un N° 1 entre sus filas. En su primera experiencia mundialista utilizó el N° 19, hasta que en Sudáfrica se calzó la mística camiseta N° 10.

Mucha agua corrió entre los puentes tendidos entre Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, con Diego Maradona como entrenador. Una gran frustración con Alfio Basile en la Copa América de Venezuela 2007 y la coronación en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 de la mano de Sergio Batista precedieron su segunda cita mundialista. Sólo él sabe lo que significó llegar a estar entre las 32 selecciones de esa Copa del Mundo en tierra africana. Hasta que el desembarco en Pretoria lo volvió a ilusionar. Tuvo buenas actuaciones individuales, con desequilibrio y talento, pero a pesar de infinidad de remates al arco, no logró marcar en toda la competencia. Y llegó el 0-4 ante Alemania que sepultó todos los sueños y lo hizo llorar como nunca. Resultó una de las peores eliminaciones del seleccionado en los mundiales, significó uno de los golpes deportivos más duros de su carrera.

Desde que vistió la camiseta de la selección se encargó de generar e impulsar más y, cada vez más, esperanzas. Sucedió en la Copa América disputada en nuestro país en 2011, pero el desenlace no correspondió el esfuerzo. "Te quedás sin respuestas cuando ponés lo mejor de vos y los triunfos siguen sin venir. Más allá de todo, soy un agradecido de todo que la selección me ha permitido vivir", reafirmó con su sello en El Patriota. La sed de superación con la camiseta argentina no se detiene para Messi. En cada segundo, en cada minuto en la concentración en Cidade do Galo piensa en lo que puede representar en la vida de la Argentina esta Copa del Mundo. Así lo habla con Alejandro Sabella. Es el técnico que lo hizo capitán y eso justifica que uno y otro se escuchen. Y más allá del duelo conceptual por estilos y esquemas, Messi desea construir una identidad sustentable y, por sobre todas las cosas, poder coronar su década en celeste y blanco con el sueño tan anhelado.

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