Monasterio y un festejo con sabor a desquite

En el Gran Premio Repsol YPF
En el Gran Premio Repsol YPF
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28 de enero de 2002  

MAR DEL PLATA.- Salió el sol para César Monasterio después de un día cargado de agua y nubarrones. En el momento justo en que aseguraba su triunfo en el Gran Premio Repsol YPF , por fin se hizo la luz sobre Los Acantilados y le dio color a la serena satisfacción del tucumano. Tenía la íntima convicción de que éste era su título y lo confirmó cuando selló su vuelta de 68 golpes para un total de 202 (-14) . A dos golpes quedaron sus escoltas, Jorge Berendt, José Cantero y Eduardo Argiró.

Desde que perdió por casi nada la definición del año último a manos de Miguel Guzmán, Monasterio se puso entre ceja y ceja este objetivo: "Tenía mucha confianza y por eso dije que era difícil que se me escapara. Vine a Mar del Plata para mejorar una posición. Esa era mi meta y pasé de ser segundo a ganar".

En cada análisis de su juego durante el torneo Monasterio mostró su seguridad. Parecía intuir este final. Por eso, ignoró la lluvia torrencial que bautizó su salida y salió a atacar: "No ganaba desde el Abierto del Litoral de 1999, pero aunque a todos nos gustan los títulos, al menos una vez al año, no me desesperé nunca", explicó.

Monasterio (38 años, del Jockey Club de Tucumán) se abrió paso entre Cantero y Berendt, punteros al comenzar la jornada, y se puso al frente desde el primer hoyo para mandar hasta el final. En el 1 dejó su approach a medio metro y se llevó el primer birdie, y acertó dos veces más, en el 3 y el 8, para terminar la ida con dos golpes de ventaja sobre Cantero.

"Le pegué muy bien a la pelota como en todo el torneo, pero en el 16 erré por donde no debía y me compliqué un poco", dijo Monasterio. Ese bogey abrió una definición que hasta allí parecía resuelta, porque Cantero, el perseguidor más cercano, perdió posibilidades después de un doble bogey en el 13. El tucumano tenía tres golpes de ventaja en el green del 15, pero aparecieron la constancia y la tenacidad de Berendt para ponerlo en apuros. El formoseño dejó su drive casi injugable en el 1 (tuvo que pegar dos veces como zurdo pegado a un árbol) y firmó un triple bogey que le quitó muchas posibilidades, aunque no se rindió y jugó hoyo por hoyo hasta tener una segunda oportunidad. Y la tuvo a partir del 15: hizo birdie en ese par tres después de un exquisito tiro con hierro 3, y bajó otro golpe en el 16 aprovechando su habilidad en el green.

Un solo golpe de diferencia con dos hoyos por jugar. Incertidumbre para todos menos para Monasterio, que no dudó nunca: "Me propuse no prestarles atención a los carteles. Solamente lo miré antes del último putt, y vi que Coqui (por Berendt) estaba a dos golpes", señaló. Esa tranquilidad se la dio la convicción para asegurarse el par en los dos hoyos finales y el inesperado bogey de Berendt en el 17 (par 3), después de alcanzar el green con la salida: "El segundo putt era corto, pero tenía una ondulación en la línea y no tenía forma de meterlo", explicó Berendt.

Allí se terminó el misterio del desenlace y comenzó la alegría tucumana, que se completó con la buena labor del otro profesional del Jockey Club, Eduardo Argiró, que estuvo a punto de concretar el 1-2 de Tucumán cuando su segundo tiro en el 18 se negó a convertirse en un águila después de rebotar en la bandera.

Los premios

La bolsa total de premios del Gran Premio Repsol YPF fue de 50.000 pesos, de los cuales 8.645 pesos quedaron para el ganador del torneo, el tucumano César Monasterio.

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