Muy cerca: la Argentina recibirá a lo mejores

Pese a los sobresaltos en la puesta a punto, desde el 28 de septiembre próximo se disputará, por segunda vez en nuestro país, la cita máxima
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28 de junio de 2002  

Un día como hoy, pero dentro de tres meses, el histórico Luna Park volverá a abrirle sus puertas al Mundial de voleibol; como hace 20 años. Fue en 1982 cuando por primera vez la Argentina organizó la cita máxima de esta disciplina, logrando, además, el tercer puesto del podio con un grupo de jóvenes valores, entre los que estaban Daniel Castellani, Hugo Conte y Waldo Kantor.

Y luego de dos décadas nuestro país albergará, desde el 28 de septiembre y hasta el 13 de octubre próximos, a los mejores 24 seleccionados en un torneo que atravesó y atraviesa por muchas etapas superadas a todo pulmón.

No puede ser para menos, en el país de la devaluación y con insfraestructuras limitadas para cualquier certamen de gran magnitud.

Desde que se notificó en el último Mundial de Japón, hace cuatro años, que la Argentina sería la próxima sede, debieron ratificar permanentemente que no existía ninguna posibilidad de que nuestro país perdiese la organización.

Es que, ante los ojos del mundo –sobre todo de los países que son potencias en este deporte, como Italia o Brasil– sonaba bastante descabellado que, un país como la Argentina, con todos los problemas socioeconómicos a cuestas, albergara un Mundial.

Se caían las sedes, se reformulaban los grupos y algunos de los lugares confirmados presentaban demasiadas demoras ante las mínimas exigencias de la Federación Internacional, que, pese a todo, se mantenía firme en su palabra.

Con este cuadro fueron pasando los días, hasta llegar este momento, a sólo tres meses de la cita máxima, con las cosas un poco más claras.

De las seis sedes que quedaron confirmadas (Buenos Aires, Santa Fe, Salta, Córdoba, Mar del Plata y San Juan), sólo dos son las que presentan los mayores atrasos con relación a la infraestructura: Córdoba y Salta.

La primera está construyendo el estadio Orfeo, con las trabas propias que la situación económica impone, y en la segunda –también limitada por el factor dinero–, hace apenas unos días se recibió la confirmación de que el gobierno provincial se comprometía a cumplir los plazos establecidos para finalizar las obras de remodelación en el estadio Delmi.

¿Qué sucedería si las construcciones no estuviesen listas? Podrían reorganizarse nuevamente las zonas y hasta quizá se utilizaría de urgencia algún estadio descartado en primera instancia. Sería entonces, un Mundial a la Argentina.

Las demás sedes se presentan con algunos atrasos lógicos en un país de permanente desconcierto político-económico, pero que, con relación a Córdoba y Salta, no son demoras de gran magnitud.

Es que tanto el estadio Luna Park como el gimnasio de Unión, en Santa Fe, el Malvinas Argentinas (donde se realizaron los Juegos Panamericanos en 1995), en Mar del Plata, y el Aldo Cantoni, en San Juan, cuentan con la estructura central terminada.

Lo que resta completar en dichas sedes son determinadas exigencias que la FIVB requiere para un Mundial, como las canchas de calentamiento, por ejemplo, cosas que no deberían ocasionar demasiadas complicaciones.

Parece que fue ayer, pero pasaron 20 años desde aquella consagración entre la elite mundial, que apasionó a los argentinos. Y ya se está a tan solo tres meses del segundo Mundial de voleibol en nuestro país.

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