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Noche de ausencias

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30 de marzo de 2000  

En las especulaciones previas, se estimaba que Chile respondería sobre la fuerza de sus grandes individualidades: Marcelo Salas e Iván Zamorano. Dentro de ese contexto, las grandes figuras no tuveron jerarquía en su paso por el Monumental. La sensación que dejaron es que si quieren ir al Mundial, deberán aferrarse a las victorias como local, porque tienen el mismo defecto que en la anterior eliminatoria: les pesa jugar como visitantes.

En primera medida, el balance apunta a Salas (4): no desequilibró nunca. No inquietó dentro del área y, encima, no dispuso de ninguna situación. Como consuelo, en su paso por la cancha que lo catapultó a Lazio le queda el hecho de haber sido el hombre que sufrió el foul que derivó en el gol de tiro libre de Tello.

Zamorano (5) estuvo un poquito más arriba de Salas. Porque al menos puso más amor propio y dispuso de dos situaciones de gol, en el segundo tiempo, las únicas al margen del tiro libre. Una se la tapó Bonano y la otra la tiró afuera El guardavallas Ramírez (3) siempre transmitió inseguridad y fue flojo en el juego aéreo. Nunca achicó y soportó lo peor que le puede suceder a un arquero: no dominar, al menos, el área chica. Otro defecto: en cada saque de arco le entregó la pelota a un adversario. Fue el centro de las bromas de todo el estadio. El peor hombre de la cancha.

Contreras (3) no supo cómo controlar el sector izquierdo de la defensa: por allí, toda la noche, anduvo de paseo el tándem Javier Zanetti-Ariel Ortega.

Pizarro (3): el juvenil que deslumbró en el torneo Preolímpico de Brasil tuvo a su cargo la conducción, pero nunca fue salida. Tampoco se encargó de abastecer a sus delanteros. A Tello (4), el gol que convirtió no lo ayudó. Debía colaborar con Contreras en la recuperación del sector derecho y no lo hizo.

El único que se pudo ir tranquilo fue Clarence Acuña (5).El volante central hizo lo que pudo: al menos intentó pelear el medio campo y demostró el atisbo de garra que sus compañeros no tuvieron.

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