Nunca es tarde

A los 57 años, Eduardo Farré tendrá un doble honor:afrontará su primera experiencia olímpica y se convertirá en el argentino de mayor edad que participa en esta competencia; en 1991 sobrevivió a una gravísima afección del corazón.
(0)
28 de agosto de 2000  

De vez en cuando la vida nos besa en la boca..." Esa canción del catalán Joan Manuel Serrat bien podría ser la música de fondo para la historia de Eduardo Farré, para quien habrá un antes y un después del Mundial de la Clase Star de Annapolis, Maryland (Estados Unidos), donde se clasificó para Sydney, junto con Mariano Lucca. ¿Pero qué es lo llamativo de este logro, más allá de la satisfacción que naturalmente genera alcanzar una plaza olímpica? Que Farré, a los 57 años, será el argentino con mayor edad en haber participado en Juegos Olímpicos (ver aparte).

Casi por casualidad navegará Farré en Australia. "Fuimos con mucho humor al Mundial, porque no íbamos a participar. En el momento del torneo selectivo para ese certamen, Mariano no podía navegar, por lo que preferí no correr. Faltando un mes y medio surgió la posibilidad de ir, porque una de las tripulaciones argentinas se retiró. Entonces, un amigo me dijo: ¡Che, muchas más olimpíadas no vas a poder correr si no te clasificás! Y yo le contesté: E vero, é certo (es verdad, es cierto). Hablé con Mariano y fuimos." Lógicamente, fue una sorpresa la noticia de haber conseguido un lugar para correr en la Clase Star, cuyo peso máximo es de 212 kilos por tripulación (Farré mide 1,87 m y pesa 106 kg; Lucca, 1,90 y 105). "Recién cuando llegamos al muelle nos avisaron que nos habíamos clasificado, pero no nos emocionamos, porque sabíamos que se venía lo más pesado, por distintas razones: económicas, organizativas, laborales, familiares, los controles antidoping..."

¿Pero por qué los controles antidoping son una preocupación para este hombre, nacido en San Pedro el 16 de octubre de 1942? En 1991, mientras caminaba por la calle, comenzó a sufrir mareos, supuso que se había intoxicado con un helado ingerido un rato antes y cayó desmayado al suelo. "Se me rompió la aorta superior. Estoy acá porque... si existe (señala el cielo), se lo agradezco." El padre de Gastón (19), Carla (19) e Ignacio (17) fue operado de urgencia en la clínica San Camilo y salvó su vida de milagro. "De cada 100 personas, mueren 98. Fue repentino, totalmente imprevisto. ¡Una falla de la cañería! Los médicos me pusieron plástico y me dijeron: por ahí no te vas a morir." Dejó de navegar durante cinco años. Dice que no sabe qué cosas hizo en esa época, porque niega aquella difícil etapa. "La recuperación fue lenta. En dos días y medio, estando acostado, bajé 7,500 kilos. Fue un shock que me costó mucho superar, tanto física como mentalmente. Pero acá estoy, vivito y coleando."

Bromea después del susto quien ahora debe tomar muchos medicamentos, con el riesgo que ello supone en los controles antidoping que efectuará el Comité Olímpico Internacional (COI). "Luego de seis exámenes, los médicos del Cenard firmaron la autorización para que pudiera competir, porque el Comité Olímpico Argentino no quiere tener ningún problema, y yo lo entiendo."

A pesar de tantos inconvenientes, El Barón (así lo apodan) aceptó esta carta del destino, que lo ha deslumbrado. "Todo esto hace que la mente genere ideas de todo tipo. Navego desde hace 50 años, pero esto te permite evolucionar constantemente. Nunca fui a los Juegos, pero creo que siempre cada vez es única. No hay nada que pueda darle sombra a este desafío. Es una carga de adrenalina extrema." Esa energía impulsa al intrépido Farré, que desciende feliz por la rampa del Club Náutico Olivos rumbo a otra práctica, luego de haber recibido un beso de su esposa, Graciela, que lo observa con orgullo y comenta: "No me importa si sale primero, segundo o décimo, porque el solo hecho de haberse esforzado como lo hizo para llegar a la meta, aunque más no sea, será como haber ganado una medalla dorada. Los números no me importan; valen mucho más la voluntad y el tesón".

Y tiene razón.

El más longevo tuvo 72 años

De acuerdo con una consulta hecha por La Nación con el Comité Olímpico Internacional, Arthur von Pongraz, nacido el 25 de junio de 1864, es el deportista con más edad en haber competido en los Juegos Olímpicos. Tenía 72 años cuando disputó las pruebas de equitación en los XI Juegos de Berlín, en 1936.

Hasta la aparición de Eduardo Farré, el representante argentino con mayor edad había sido Carlos Balestrini (8 de marzo de 1880): con 56 años, compitió en tiro, en Berlín ´36.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?